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Elección de un instrumento musical

Tener en cuenta las preferencias del futuro intérprete es la mejor manera de descubrir y estimular su afición

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 13 septiembre de 2006

Aunque no se llega a las cifras de otros países europeos, cada día hay más niños en España que aprenden a tocar un instrumento. Aproximadamente hacia los ocho años, una vez establecida una pequeña base musical, los alumnos ya están preparados para escoger el instrumento que más les seduzca y emplearse a fondo en su interpretación. No hace falta que estén dotados de ninguna cualidad especial. Padres, madres y educadores son los responsables de estar atentos para intentar orientarles en una afición que más adelante puede convertirse en vocación e incluso en un medio de vida. Los expertos aconsejan a los padres tener en cuenta las preferencias de los niños, “por encima de las suyas”. Tanto es así que coinciden al opinar que el precio del instrumento y de las clases no debe ser óbice en la elección cuando hay un verdadero interés.

La decisión, del intérprete

El principal objetivo que se marcan los profesores es hacer que los niños disfruten con la música. Creen que de esta forma es mucho más fácil que se interesen y que algunos quieran profundizar en ella, e incluso que deseen llegar a ser buenos intérpretes. Por ello, los educadores también están de acuerdo en que es muy importante escuchar a los niños y respetar sus gustos, por encima de los de los propios padres y madres. Isabel Suárez, profesora de Educación Musical del Colegio de Educación Infantil y Primaria Santiago Ramón y Cajal de Alcorcón, certifica que a partir de los seis años hay alumnos, muchas veces procedentes de familias con tradición musical, que ya empiezan a madurar y “suelen tener muy claro el instrumento que les gusta”.

Según Ramón Ángel Ruiz, director del Conservatorio Municipal de Música de Rentería (Guipúzcoa), los padres normalmente están al corriente de las inquietudes del niño y para cuando tiene que elegir instrumento saben, por su insistencia, si se trata de un capricho pasajero o si de verdad puede ser el principio de una vocación. Además, los profesores son conscientes de su capacidad y aptitudes y le pueden orientar. “La mayoría de las veces los pequeños se decantan por un instrumento u otro por imitación: porque alguien de la familia toca la guitarra, por ejemplo; porque lo hace su personaje preferido en una serie de dibujos animados, o, ya en la adolescencia, porque suena muy bien en manos de su ídolo de un grupo musical”, comenta Nacho Grosso, por su experiencia como profesor de Educación Musical en el colegio San Agustín de Chiclana de la Frontera (Cádiz).

No importa demasiado qué lleva a una persona a elegir un instrumento y no otro, sino que exista esa motivación. Nacho Grosso considera muy importante respetar la elección del instrumento y advierte del error que a su juicio supone primar la matrícula en un centro oficial en otro instrumento para conseguir luego plaza. “Si el deseo de alguien es aprender piano y no tiene plaza en el conservatorio es preferible que lo haga en una escuela privada o con un profesor particular que matricularlo allí en tuba para que pase a piano más adelante si puede”, señala. “El niño nunca debe estudiar piano, por poner un ejemplo, porque a su madre le hubiera gustado hacerlo”, remarca Suárez en la misma línea. “En principio, lo lógico y natural es intentar satisfacer las expectativas del pequeño; obligarle a cambiar de instrumento podría ser hasta contraproducente”, conviene Ruiz, si bien matiza que, a veces, los profesores pueden darse cuenta de que un niño no tiene mucha facilidad con un instrumento o que tiene un problema de oído e intentan, en este último caso concreto, reconducirle hacia instrumentos que necesitan “menos oído”-precisa-, como los de ritmo o percusión. Por otro lado puede que el pequeño quiera tocar el arpa y si no vive en una gran ciudad con un conservatorio superior tal vez no pueda encontrar dónde hacerlo.

También puede que en mitad del periodo de aprendizaje el instrumento “comience a coger polvo en su caja”. En ese caso, el estudiante, sus padres y profesores han de averiguar contemplando todas las variables posibles qué es lo que está pasando. Puede que el alumno haya perdido el interés, que ahora le guste más otro instrumento, etc. De ser así se puede valorar la necesidad de un cambio y no tiene por qué ser ni dentro de la misma familia musical. De hecho en el conservatorio se estudia un instrumento complementario de una rama siempre diferente.

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