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Fracaso escolar

Uno de cada cuatro alumnos no acaba la educación obligatoria mientras estudiantes, profesores y padres no se ponen de acuerdo en las causas ni en las soluciones a este problema

Uno de cada cuatro alumnos no logra terminar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en España, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Ante este alarmante dato, los alumnos, profesores, padres y psicólogos discrepan en el origen y los motivos de este problema y apuntan diferentes causas: retraso en la implantación de la educación obligatoria, falta de presupuesto en educación, acierto de la legislación educativa o la falta de renovación pedagógica de los profesores. Se trata de un problema complejo y de su resolución depende el futuro de los niños y niñas de hoy.

Responsabilidad compartida

¿Qué es lo que sucede para que 25 de cada 100 alumnos no terminen la ESO? La respuesta es compleja y varía en función de la persona que responda, aunque tanto padres como alumnos señalan la posible influencia de la extensión de la educación hasta los 16 años. Raúl Almarcha, vicepresidente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE), opina que influyen dos factores: la falta de motivación de los alumnos y la repercusión que la televisión concede a un ficticio éxito fácil con programas como Gran Hermano, en los que no se valora ni la formación ni la educación. “Un estudiante pasa seis horas sentado al día, cinco días a la semana y nueve meses al año en algo que le viene dado: llega un profesor, le suelta un discurso a la clase y se va. No se intenta motivar al alumnado en su aprendizaje y se deberían incorporar nuevas metodologías más atractivas, como, por ejemplo, potenciar los medios audiovisuales”,“No se intenta motivar al alumnado en su aprendizaje y se deberían incorporar nuevas metodologías más atractivas, como, por ejemplo, potenciar los medios audiovisuales” apunta Almarcha.

Sin embargo, los profesores rechazan que el problema sea una falta de renovación en sus estrategias pedagógicas. “La mejor formación, en cualquier ámbito, es la experiencia: dar clase, estar al pie del cañón, ver lo que pasa y aprender uno mismo, porque vemos a los nuevos profesores que llegan con bastantes horas de formación que no les sirven de nada”, enfatiza García Olmos. Los maestros creen que el origen del problema se encuentra en las leyes educativas que han permitido la promoción automática, que provoca que se reúnan en cada curso estudiantes con niveles académicos muy diferentes. Almarcha corrobora que muchos de los que abandonan la Secundaria entran desde la Primaria con “lagunas de aprendizaje”. “Es el sistema. En primero de Primaria no aprenden a leer y a escribir y pasan a segundo obligatoriamente, aunque tengan todo suspendido. ¿Qué culpa tiene el profesor cuando llega a segundo?”, denuncia García Olmos. Por su parte, Abelló denuncia la “fuerte ruptura” que se produce en el paso de la Primaria a la Secundaria, en que a los alumnos “se les trata casi como a universitarios, con muchísimas asignaturas, cada una de ellas con un profesor convencido de que la suya es la más importante, y esto muchas veces crea un desasosiego”.

Pero, además, los profesores sufren un gran estrés por intentar reconducir a los alumnos que van mal, los que no están motivados y que, en muchas ocasiones, pueden ser indisciplinados y conflictivos. “Tienen dificultades para controlar la conducta de sus alumnos en el aula, y se encuentran con que la sociedad no les proporciona las herramientas necesarias para enfrentarse a esta situación y que la familia apenas les apoya”, sostiene Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. En opinión de este experto, “la familia no está educando” cuando tendría que ser la primera institución implicada en la formación de los jóvenes. Por esta razón, como “no se ponen normas sociales en la familia”, cuando el alumno llega a una cierta edad y le va mal en la escuela, la familia ya no dispone de las herramientas necesarias para imponer reglas.

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