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Programación infantil

Los niños se han acostumbrado a ver la programación adulta como propia

Programas de adultos

La realidad constata que hay pocos programas infantiles en las televisiones. En la temporada 1999-2000, sólo el 10,3% de los programas estaba destinado a niños. Dos años después, el porcentaje cayó al 7,3%. María Isabel Martínez Eder, miembro del Consejo Audiovisual de Navarra, indica que “la programación infantil ha sido sistemáticamente eliminada de las parrillas”. En su opinión, “los contenidos violentos, de mal gusto y pornográficos influyen muy negativamente en la formación de los jóvenes. Cada vez tenemos más niños con depresiones, con actitudes violentas en los colegios… Negar la influencia de la televisión es ir contra el clamor social que lo avala. Las televisiones deben asumir su responsabilidad”. Por ello, no duda en subrayar que “España es el único país en el que se puede emitir pornografía en canales en abierto”.

Datos de TNSofres A.M., instituto que mide en España la audiencia de televisión, revelan que la franja de mayor consumo de televisión entre niños de 4 a 12 años es la denominada ‘prime time’, que transcurre entre las 21:00 y 24:00 horas. En el año 2002, un 37% del total de los potenciales espectadores niños se encontraba ante el televisor. En cambio, en la denominada franja ‘despertador’ (de 7:30 a 9:00 horas), en la que se programa específicamente para niños en muchas cadenas, sólo se alcanzó un 6% de la audiencia. En el periodo que transcurre entre las 18:00 y las 20:00 horas, también con emisiones infantiles, se llega sólo a un 17%.

De esta manera, los niños, además de no tener una programación adecuada, se han acostumbrado a ver la programación adulta como propia, no distinguen entre la televisión destinada específicamente a ellos y la dirigida a adultos. Por la tarde consumen reality-shows, programas de ‘cotilleo’ y teleseries, y de noche: ‘Operación Triunfo’, ‘Gran Hermano’ y ‘Ana y los siete’. Estos han sido los programas más apreciados por los niños. Según un informe realizado a mediados de los años 90 por la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, antes de finalizar la escuela primaria los niños españoles habían asistido a un promedio de 8.000 asesinatos.

Invasión del hogar

La televisión ha invadido los hogares, se ha ‘colado’ en cocinas y dormitorios; muchos adultos se duermen ante ella, comen con el aparato encendido… Los niños encuentran dificultades prácticas no sólo para leer algún libro, también un mal uso de la televisión les entorpece para realizar los deberes escolares obligatorios o acostarse a una hora temprana. En este sentido, es muy significativo cómo los estudiantes de ESO se quejan de la dificultad que les supone realizar las tareas escolares en casa. No pueden abstraerse del influjo de los rayos catódicos y no pueden modelar su intimidad de manera libre. Incluso, algunos psicólogos han llegado a apuntar que la televisión puede estar ocupando el papel de los antiguos juguetes fetiche, un oso de peluche o el muñeco más querido por los niños al que abrazan antes de dormirse solos.

Cada vez es más frecuente que las reuniones de niños y jóvenes se dediquen, en buena parte, a ver juntos un vídeo o un programa determinado de televisión. Y en la adolescencia, el riesgo de conflicto familiar aumenta cuando los padres intentan intervenir en el consumo televisivo de sus hijos, pues muchos padres no pueden resistir este conflicto. En primer lugar, porque la mayoría de los hijos vive su tiempo de televisión como algo propio que forma parte de su vida íntima y que debe regirse por sus preferencias personales. Al mismo tiempo, porque es visto como una compensación por el tiempo dedicado a la escuela. Además, los padres llegan cansados después de la jornada laboral y no se sienten especialmente motivados ni con las energías suficientes como para discutir sobre el consumo de televisión, que no consideran tan importante como otras cuestiones (especialmente el rendimiento escolar y las salidas nocturnas).

Muchos padres tienden a evitar actitudes que pueden ser consideradas como de sobreprotección para los menores, y llegan a considerar que dejarles ver la televisión sin restricciones forma parte de un programa de adiestramiento a las condiciones de la vida real que sus hijos afrontarán tarde o temprano. Los psicólogos infantiles advierten de que en los patios de los colegios y en las escuelas es obligatorio conversar sobre el programa que se ha visto la víspera. Para quien no pueda hacerlo, queda sólo el espacio del silencio y de una cierta marginación, algo que los padres tratan de evitar a toda costa.

La publicidad es otra de las preocupaciones que atenaza a los padres en relación a las conductas que la televisión propicia en sus hijos. De hecho, a todos les preocupa la relación que se establece entre los anuncios y el consumo, especialmente porque la publicidad presenta, en general, un nivel y estilo de vida que la gran mayoría de los padres no puede proporcionar a sus hijos.

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