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Contaminación automovilística

Las normas anticontaminación son cada vez más exigentes

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 6 septiembre de 2005

Existe una gran preocupación social y política por la calidad del aire y su incidencia en el medio ambiente y la salud humana. Por ello, los coches nuevos están obligados a acatar una legislación cada vez más restrictiva en cuanto a emisiones de gases, sobre todo de aquellos causantes del efecto invernadero. Así, cuanto más moderno es un coche, por lo general, menos contamina, porque desde su diseño su carburador está pensado para emitir escapes de manera controlada en las cantidades permitidas. Aunque se ha comprobado científicamente que los motores diesel son más contaminantes, también está demostrado que son más eficientes energéticamente, es decir, que consumen menos combustible por kilómetro recorrido. Son los todavía incipientes y caros vehículos híbridos los que apuntan una esperanza de menor gasto y contaminación.

La calidad del aire

El investigador Xavier Querol explica que entre un 40% y un 60% de la contaminación provocada por el denominado ‘material particulado atmosférico’ se debe al tráfico, pero que dichas partículas «no sólo proceden de los tubos de escape, sino también de la erosión del firme y de la vuelta al aire de partículas del suelo por la acción de las rodaduras». La falta de lluvias priva a la mayoría de los núcleos urbanos de nuestro entorno del beneficioso efecto de arrastre de estas partículas hacia el alcantarillado, remarca.

El estudio del CSIC apunta que las partículas en suspensión son uno de los principales contaminantes atmosféricos de las ciudades y provocan un gran impacto sobre la salud de su población. Además, la ausencia de lluvias del clima mediterráneo empeora los niveles registrados en muchas capitales españolas respecto a otras de países europeos. Los datos también indican que, pese a ser más eficiente, el motor diesel de un vehículo mediano emite entre 20 y 30 microgramos de partículas por kilómetro recorrido, frente a los menos de 5 microgramos de un motor de gasolina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que el potencial impacto de las partículas sobre la salud humana está en relación tanto con su composición, como con su tamaño. En concreto, las partículas con un diámetro inferior a 10 micrómetros, ó PM10, (1 micrómetro son 0,001 milímetros) pueden alcanzar la parte superior del tracto respiratorio; mientras que las partículas de menos de 2,5 micrómetros, también llamadas partículas finas ó PM2,5, llegan hasta los pulmones, y que las aún más pequeñas, de menos de un nanómetro (1 nanómetro equivale a 0,000001 milímetros), pueden penetrar incluso en la circulación sanguínea.

Otra investigación reciente, el Estudio Multicéntrico de los Efectos a Corto Plazo de la Contaminación Atmosférica (EMECAS), coordinado por el doctor Ferran Ballester, de la Unidad de Epidemiología y Estadística de la Escola Valenciana d’Estudis per la Salut, asocia el aumento del nivel de contaminación ambiental con un incremento de la mortalidad. Los resultados, procedentes de un riguroso análisis en 16 ciudades españolas, señalan que un incremento en la concentración de monóxido de carbono durante dos días seguidos tiene como consecuencia un aumento superior al 1% en las defunciones totales.

Monóxido de carbono, azufre, nitrógeno… La composición y el origen de las partículas del aire urbano son diversos. Alrededor de un tercio son partículas carbonosas procedentes, sobre todo, de los motores, y otra gran parte de partículas de origen secundario (sulfato, nitrato y amonio) se forman a partir de la transformación de contaminantes gaseosos generadas por el tráfico, la industria y otras fuentes urbanas. Otro gran apartado corresponde al mineral que se desprende del pavimento de las vías públicas por el efecto de las rodaduras.

Se considera que las partículas provocan mayor coagulabilidad sanguínea, elevan la presión arterial y la frecuencia cardiaca. De ahí que la relación entre su proliferación y el agravamiento de enfermedades sea aún mayor en el caso de personas con dolencias respiratorias y cardiovasculares. Además, la investigación del CSIC ha demostrado que el polvo africano transportado hacia la península potencia la conversión de los contaminantes gaseosos, lo que obliga a los países mediterráneos a prestar una atención especial a la prevención frente a la contaminación.

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