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¿Darwin estaba equivocado?

La evolución es un hecho incuestionable a pesar de las críticas a su teoría, que se ha modificado con el avance científico

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Hoy se celebra un doble acontecimiento con un mismo protagonista: Charles Darwin. En 1859, hace 150 años, publicaba su famosa obra “El origen de las especies”, y hoy, 12 de febrero, hace dos siglos, el naturalista inglés venía al mundo. El Día y el Año de Darwin se celebra en todo el mundo para honrar al padre de una teoría que hoy día sigue siendo cuestionada y hasta atacada. Sin embargo, la evolución es un hecho, aunque la teoría se vaya modificando gracias a los últimos avances científicos. Desde un punto de vista medioambiental, la evolución nos debería hacer reflexionar sobre el actual deterioro del medio ambiente, ya que nos recuerda que todos los seres vivos, incluidos los humanos, estamos relacionados y dependemos de la naturaleza y sus mecanismos de funcionamiento.

¿Se equivocó Darwin?

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“Darwin estaba equivocado”. Así titulaban su portada los responsables de la revista New Scientist, a escasos días antes de la celebración del Día de Darwin. La frase resulta más llamativa si cabe por ser esta publicación una referencia mundial de la divulgación científica. En realidad, el artículo que da pie a este polémico titular no desautoriza la teoría, sino que explica que la historia de la evolución no sería similar a un árbol con múltiples ramas, como pensó Darwin, sino más bien como una red.

La evolución sigue siendo un hecho incuestionable, sólo que ahora los investigadores disponen de herramientas y métodos para matizar o corregir ciertos aspectos de la teoría de Darwin e incluso descubrir algunos nuevos. El artículo del New Scientist es una muestra, pero no la única, de los avances producidos en campos tan diversos como la genética, las matemáticas, la bioquímica o la paleontología.

La historia de la evolución no sería similar a un árbol con múltiples ramas, como pensó Darwin, sino más bien como una redDarwin estableció que la competencia entre seres vivos es el impulso principal de la evolución. Los predadores y las presas mantendrían una lucha similar a la de los policías y ladrones: si uno consigue mejorar alguna habilidad, el otro tendrá que variar su contraataque, de manera que el duelo continúe igual. Sin embargo, la evolución a gran escala no funciona así, por lo que Darwin no fue capaz de explicar cómo se crean nuevas especies ni cómo los seres vivos se vuelven cada vez más complejos. Y tampoco acertó el número de especies que habitan el planeta: estimó una cantidad de cientos de miles, mientras hoy día se estima en varios millones, aunque también es verdad que la biodiversidad es tan enorme que se sigue sin conocer el número exacto.

/imgs/2009/02/pinzon-darwin.jpgAsimismo, Darwin formuló su teoría de manera que los cambios fueran graduales a lo largo del tiempo. Pero no siempre es así. El naturalista inglés conocía la denominada “explosión cámbrica”, la creación, hace unos 540 millones de años de un enorme y repentino estallido de vida, pero no supo explicarla. Otro ejemplo típico de ello son los pinzones de Darwin, unas aves que este evolucionista estudió en las Galápagos. Sus poblaciones se adaptan a su cambiante entorno en menos de dos décadas, cambiando la forma de su pico. Hoy día se cree que la transformación radical del entorno es capaz de trastocar la velocidad de los mecanismos evolutivos. Asimismo, como sugieren los Grant, una pareja de investigadores de la Universidad estadounidense de Princeton que lleva décadas estudiando a estas aves, la evolución también parece acelerarse bruscamente cuando dos especies muy cercanas entran en competición.

La edad de la Tierra supuso también un quebradero de cabeza para Darwin. La mayor parte de los investigadores de su época creían que podría tener diez millones de años, mientras que Darwin la estimaba en cientos de millones de años, pero no tuvo pruebas para demostrarlo. Gracias a las actuales técnicas de datación de rocas, basadas en la descomposición de ciertos minerales radiactivos, se ha demostrado que nuestro planeta tiene más de 4.500 millones de años. Y algo similar sucede con el ancestro común a todos los seres vivos: Darwin fue el primero en señalarlo, pero tampoco pudo probarlo. Gracias a los avances en el estudio de fósiles desde hace varias décadas, los científicos conocen hoy día restos con 3.500 millones de años que confirman la teoría darwiniana.

La transformación radical del entorno es capaz de trastocar la velocidad de los mecanismos evolutivosLos geólogos también han echado una mano al poner en evidencia los cambios que el planeta ha experimentado a lo largo de su historia. Animales “raros” como los ornitorrincos australianos o los tapires sudamericanos son así porque las zonas que ahora habitan han sido islas durante millones de años. Y Darwin también habría agradecido los conocimientos actuales en geología para explicar las extinciones masivas, producidas por alteraciones extremas e inesperadas del planeta.

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