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El ministro Matas resta importancia al incremento de emisiones españolas de gases de efecto invernadero

Las cifras bajarán cuando se computen los mecanismos de flexibilidad acordados en la cumbre de Marrakech, afirma

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 6 marzo de 2002
Ocupar la presidencia de la Unión Europea en el momento histórico en que los Quince dan el sí al Protocolo de Kioto casa mal con un incremento del 30% de las emisiones contaminantes españolas en la última década, el doble de lo permitido por el acuerdo internacional.

Aun así, el ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, restó ayer trascendencia a las últimas cifras sobre vertidos de gases de efecto invernadero, que se corregirán a la baja -dijo- cuando se computen los mecanismos de flexibilidad acordados en la cumbre de Marrakech sobre cambio climático.

"Las cifras no son buenas, pero no son las reales". Matas no perdió tiempo en desmentir los datos ofrecidos la víspera por Comisiones Obreras y la organización medioambiental Worldwatch, que avalan lo que ya se intuía: que España ha disparado el porcentaje de sus emisiones de CO2 y otros gases responsables del cambio climático, con un incremento del 28,9% registrado entre 1990 y 2000, muy por encima del 15% autorizado a nuestro país en el Protocolo hasta el 2012.

El ministro prefirió destacar que esas cifras, que no cuestiona, no tienen en cuenta los elementos correctores acordados por la comunidad internacional en Marrakech en octubre pasado. Tanto para España como para el resto de los firmantes de Kioto, una vez se descuenten las toneladas de CO2 que "limpian" de la atmósfera los bosques ("sumideros"), las labores agrícolas y otros mecanismos de flexibilidad, y el futuro comercio de emisiones, "las cifras reales serán inferiores", destacó.

Matas optó también por pasar de largo por la paradoja de tener que empujar, en calidad de presidente de turno del Consejo de Medio Ambiente de la UE, al resto de los socios al ajustarse a los mandatos de Kioto, siendo España uno de sus principales incumplidores. Destacó, sin embargo, el carácter "histórico" del acuerdo logrado el lunes en Bruselas, cuando los Quince se comprometieron a ratificar, individual y colectivamente, el tratado suscrito en 1997 por más de un centenar de países para luchar contra el calentamiento planetario y el cambio climático.

A pesar de que Kioto no entrará formalmente en vigor en tanto no lo ratifiquen al menos 55 países que sumen el 55% de las emisiones mundiales, la UE se adelanta a asumir su parte del esfuerzo. El Protocolo insta a la Europa unida a reducir un 8% sus emisiones para los años 2008-2012, con los registros de 1990 como referencia. Tras el acuerdo del lunes, el compromiso se convertirá "en norma legal de obligado cumplimiento" en el espacio comunitario una vez que todos los países lo ratifiquen ante sus respectivos parlamentos. Según Matas, el Protocolo estará operativo en la UE hacia el mes de agosto, superados los trámites legislativos, el ajuste técnico de los mecanismos de flexibilidad y el régimen de sanciones pactados en Marrakech, así como el futuro comercio internacional de emisiones, cuya directiva han empezado a elaborar los Quince.

Pesimismo

Si los plazos se cumplen, podría ser la presidencia española la que depositara ante Naciones Unidas el texto de Kioto ratificado por la UE, para acudir a finales de agosto con una única voz a la Cumbre mundial de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible. La cita sudafricana repasará, diez años después de la Cumbre de Río, el grado de cumplimiento de los compromisos adoptados entonces por la comunidad internacional y las políticas para un desarrollo económico compatible con los derechos sociales y medioambientales de los pueblos. Durante su intervención Matas admitió su pesimismo por la marcha de los trabajos preparatorios de la Cumbre de Johannesburgo.

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