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Greenpeace destapa en Japón una trama de contrabando de carne de ballena

Tripulantes del "Nisshin Maru" se llevaban las mejores piezas del programa de "caza científica" para comercializarlas ilegalmente

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 17 mayo de 2008
caza científica" financiado por el Gobierno de Japón, según ha informado Greenpeace. Ayer mismo, activistas de esta organización ecologista llevaron ante la oficina del Fiscal General en Tokio una caja de carne de ballena obtenida de forma ilícita por un tripulante del "Nisshin Maru", el buque factoría de la flota japonesa, tras su campaña de caza de ballenas en aguas del Santuario Antártico.

Greenpeace afirma que ha obtenido pruebas de un amplio fraude en el que están implicados tripulantes del citado buque, que sacaban del mismo las mejores piezas de carne camufladas entre su equipaje personal, para posteriormente comercializarlas ilegalmente.

Cuando el "Nisshin Maru" llegó a Japón el 15 de abril de 2008 procedente de aguas antárticas, y gracias a la información proporcionada por empleados de Kyodo Senpaku, la compañía que gestiona la flota ballenera japonesa, Greenpeace descubrió la descarga de contrabando de carne de ballena desde el barco a un camión especial. La organización interceptó una de las cajas enviadas a una dirección privada que indicaba que contenía "cartón". Sin embargo, en su interior había 23,5 kilos de carne de ballena salada de la mejor calidad, valorada en 2.000 euros.

Según Greenpeace, un informador declaró que decenas de tripulantes sacaron hasta 20 cajas como esa cada uno. Investigaciones posteriores en locales y restaurantes en diferentes lugares de Japón confirmaron que se encontraban a la espera de la llegada de carne de ballena procedente de la caza de este año, pese a que la Agencia Pesquera de Japón y el Instituto de Investigación de Cetáceos (ICR) no libera la carne para su venta hasta finales de junio de 2008.

Hacer la vista gorda

La tripulación más veterana del "Nisshin Maru" y los oficiales de Kyodo Senpaku "hacen la vista gorda ante este fraude y han permitido que continúe durante décadas", afirma la organización ecologista. Incluso oficiales del ICR que se encontraban a bordo del buque "conocían el escándalo y no hicieron nada para evitarlo".

"La información que hemos recopilado indica que la escala del escándalo es tan grande, que sería imposible que la compañía que gestiona esta flota, Kyodo Senpaku, y el ICR no supieran nada", señaló Junichi Sato, coordinador de la campaña de ballenas de Greenpeace Japón.

La organización demanda ahora una investigación en profundidad para evaluar el nivel de corrupción en el programa de caza de ballenas. Además, pide al Gobierno japonés que ponga fin a las ayudas públicas a este programa y que la licencia con la que cuenta la compañía que la lleva a cabo sea retirada. "Ya es hora de que este programa de caza de ballenas finalice y todo ese dinero público sea empleado en fines más beneficiosos para la conservación de los mares", subrayó Sato.

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