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Olas de frío

Los meteorólogos aseguran que su formación puede obedecer al cambio climático

El Instituto Nacional de Meteorología advierte de la bajada de temperaturas en nuestro país en los próximos días. Una situación que no sorprende a nadie después de las duras temperaturas que se registraron en toda Europa y en España el pasado invierno con la ola de frío polar y siberiano. ¿Cómo se forma este fenómeno? ¿Qué medidas conviene tomar ante su llegada? Las olas de frío son masas de aire ártico o siberiano que afectan a amplias extensiones geográficas y se caracterizan por presentar unas temperaturas extremadamente bajas, hielo y precipitaciones de nieve. Los meteorólogos aseguran que su formación puede obedecer al cambio climático que parece afectar al planeta en los últimos años y que la ola de frío puede llegar a ser tan fuerte que es capaz de dejar un tiempo helador incluso en aquellas zonas acostumbradas a inviernos cálidos. En estas situaciones conviene tener muy presente una serie de advertencias para no quedar aislado en la carretera, ni helado en la propia vivienda ante la congelación de las tuberías.

Calentamiento global del planeta

Desde el Instituto Nacional de Meteorología se indica que el calentamiento del planeta ha llevado a una situación en la que el hielo del Ártico se funde poco a poco, formando agua dulce muy fría. La misma, en cantidades cada vez más importantes, se vierte en el océano. Esta situación afecta a los patrones del tiempo al trastocar la denominada circulación global oceánica, que no es otra cosa que las corrientes internas que afectan a los mares y, en consecuencia, también a las masas de aire de la zona.

Al parecer, las crecientes temperaturas que vive el hemisferio norte han fundido una enorme cantidad de hielo en el polo. Al respecto, los registros manejados por instituciones académicas como la citada Universidad de Alicante u otras de carácter internacional como la de Harvard, con científicos como Paul Epstein y James McCarthy a la cabeza, indican que desde la década de los años 70 del pasado siglo hasta la actualidad, la capa helada del Ártico se habría reducido casi a la mitad. Además de esto, el océano Atlántico se encontraría en un proceso de recepción de otras fuentes de agua dulce y muy frío procedentes de Groenlandia, donde el hielo continental se funde en altitudes más elevadas cada año, y de la lluvia en latitudes altas.

En este sentido, el calentamiento de los océanos acelera el ciclo del agua e incrementa la evaporación.El calentamiento de los océanos acelera el ciclo del agua e incrementa la evaporación La propia atmósfera recalentada puede transportar más vapor de agua desde las latitudes bajas a las altas. El agua que cae sobre la tierra aumenta la descarga de los cinco principales ríos Siberianos en el Ártico, y el agua que cae directamente sobre el océano añade incluso más agua dulce a la superficie del mismo. Las aguas cada vez más frías y dulces del norte del océano Atlántico provocan la aceleración de los vientos transatlánticos y, por ende, de los frentes fríos en los Estados Unidos, Europa y Asia.

Récord de temperaturas mínimas

El mundo científico coincide en afirmar que la temperatura media en la Tierra subirá, aunque aún se discute si el cambio climático se debe a factores humanos -efecto invernadero por las emisiones caseras e industriales de dióxido de carbono a la atmósfera- o naturales. Lo cierto es que la ola de frío que azotó el pasado año nuestro país fue la más extendida y virulenta de los últimos 20 años, incluso en el registro de temperaturas mínimas. Así lo explica Ángel Rivera, jefe del Servicio de Predicción del Instituto Nacional de Meteorología, quien recuerda que incluso llegó a nevar en ciudades como Melilla, mientras otras, como Barcelona, Castellón o Valencia, en pleno Mediterráneo, asistieron impávidas a termómetros por debajo de cero, algo inusual. Otras zonas de Aragón, Castilla y Granada vivieron temperaturas de hasta 18 grados negativos.

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