Ahorrar en el mantenimiento del coche

Adquirir el automóvil con criterio, mantenerlo a punto y conducir de manera eficiente evitará gastos superfluos
Por Marta Molina 20 de enero de 2010
Img taller
Imagen: killbox

Disponer de coche propio es un privilegio que en estos momentos no está al alcance de todos los bolsillos. De acuerdo con los datos de un estudio del Instituto para el Ahorro y la Diversificación Energética del Ministerio de Industria, los gastos de adquisición, mantenimiento, consumo, seguro e impuestos de un automóvil suponen una inversión que supera de media los 2.000 euros al año. Con este panorama, no son pocos los conductores que optan por prescindir de vehículo propio. Pero no siempre es necesario recurrir a una medida tan drástica. Cambiar ciertos hábitos y seguir una serie de consejos contribuyen a rebajar la factura mensual del mantenimiento del automóvil. La clave para convertirlo en una herramienta al alcance de casi cualquiera reside en tener el coche a punto y conocer los secretos de la denominada conducción eficiente.

Pensar antes de comprar

Antes de decidirse por un modelo de coche, conviene analizar las necesidades del conductor y valorar todas las ofertas. De poco sirve adquirir un todoterreno cuando sólo se rodará el vehículo por ciudad. Los plazos de las revisiones, el consumo medio, el coste del servicio postventa o el precio del seguro deben ligar con el estilo de vida del comprador. Hay que adquirir un modelo que se pueda mantener.

Las diferencias de precio entre concesionarios alcanzan hasta 3.600 euros en un mismo modelo, con márgenes cercanos al 19%. El renting (alquiler a largo plazo con todos los servicios) supone un ahorro del 20% sobre la financiación de un coche en propiedad. Para empresas, pymes y autónomos, es cien por cien deducible del Impuesto de Sociedades e IRPF. Eso sí, conviene tener cuidado con la letra pequeña.

Los gastos de adquisición, mantenimiento, consumo, seguro e impuestos de un coche suponen una inversión superior a 2.000 euros anuales

Si se desea comprar, presumir de talante ecológico sale barato. El coche que emite menos de 120 g de CO2 por kilómetro está exento del impuesto de matriculación. La reciente ampliación del Plan 2000E de ayudas a la compra de automóviles concede 2.000 euros por la adquisición de un vehículo bajo en emisiones nocivas para el medio. Por el contrario, en los automóviles que más contaminan (200 g por kilómetro) el coste sube un 14,75%. Muchas firmas han lanzado versiones “Eco” de sus modelos más vendidos.

Con un precio inferior a la media, los automóviles de kilómetro cero, los seminuevos y las últimas unidades de un modelo gozan de descuentos de hasta el 20%. En cuanto al equipamiento opcional, puede prescindirse de caprichos en tapicería, decoración o pintura, pero nunca en elementos de seguridad.

Puesta a punto

El mercado de mantenimiento de coches mueve más de 6.200 millones de euros al año. Una cifra que invita a pensar que la conservación del automóvil en estado óptimo evita imprevistos. Unas ruedas desinfladas y un filtro de aire sucio aumentan un 6% el gasto, mientras que unas bujías sucias lo incrementan hasta un 10%. Todo fabricante indica la presión a la que mejor funcionan sus neumáticos. Cuando es baja, aumenta el consumo. En cambio, si las llantas están demasiado hinchadas lo desestabilizan y ponen en peligro la distancia de frenada. Mantenerlas en el nivel justo y pasar las revisiones recomendadas rebaja el consumo y evita reparaciones costosas. Las ruedas verdes, los denominados neumáticos ecológicos de baja rodadura, exigen menos esfuerzo a la máquina.

Otros puntos de atención son los medidores de masa de aire o caudalímetros. Con el tiempo pierden eficacia y merman las prestaciones y la potencia de los motores diésel, por lo que conviene tenerlos siempre a punto.

Sin necesidad de acudir a un taller, el propietario puede controlar tanto la presión de los neumáticos como los niveles de líquidos refrigerantes y de frenos. Mantener piezas estropeadas puede ser admisible a corto plazo, pero pasa factura en el medio y en el largo.

El maletero, además, no debe servir de cajón de sastre. Llevarlo cargado en exceso lastra el movimiento, con el consecuente incremento del consumo. Está comprobado que por cada 100 kilogramos de peso adicional, el automóvil gasta un 5% más de carburante. Las bacas y portaequipajes suponen un 2%. Es cuestión de aerodinámica: si van vacíos, es mejor retirarlos.

Seguros

La crisis del sector de la automoción arrastra a las compañías aseguradoras. Se venden menos coches y, por tanto, menos seguros. El precio de una póliza a todo riesgo sin franquicia para un joven de 18 años puede superar los 6.000 euros. Por un mismo seguro, se puede pagar hasta el triple según la compañía que se elija y las aseguradoras más caras ofrecen las mejores coberturas, tal y como revela un reciente estudio publicado por la revista CONSUMER EROSKI. Además, hay que tener cuidado con las ofertas. Algunas aseguradoras lanzan campañas de promoción para captar nuevos clientes, pero con el paso del tiempo cambian las condiciones.

Guardar el coche en un garaje, disponer de mecanismos antirrobo y registrar un kilometraje bajo reduce la cuota del seguro

El tipo de seguro dependerá también de la antigüedad del automóvil. Debe contratarse una póliza a todo riesgo si el coche tiene cinco años o menos o si no se ha terminado de pagar; a terceros, cuando es más viejo. En función del perfil del automovilista y de su edad, las compañías diseñan ofertas individualizadas que rebajan el precio. La cuota también se reduce si se guarda el coche en un garaje, se dispone de mecanismos antirrobo y el kilometraje es bajo.

Al volante

Cada familia española tiene en propiedad una media de dos automóviles, según el Instituto Nacional de Estadística, y cada hogar podría ahorrar en su mantenimiento hasta 1.500 euros al año si siguiera recomendaciones tan sencillas como apagar el motor en paradas prolongadas, prestar atención al cuentarrevoluciones o respetar la distancia de seguridad.

El mero hecho de poner el coche en funcionamiento ya consume energía. Pero el motor requiere menos carburante cuando se arranca sin acelerar, una práctica que posterga las visitas a la gasolinera para llenar el depósito. Al girar la llave, no hace falta pisar el pedal de gas ni acelerar para calentar el motor. En los coches de gasolina, la marcha inicia de manera directa y en los diésel basta con esperar unos segundos. A los cinco o seis metros de rodaje, es necesaria la segunda marcha, un cambio mucho menos forzado.

La marcha debe ser fluida y uniforme, mientras que la velocidad ha de adaptarse a las circunstancias del tráfico mediante una buena gestión de las distancias. Hay que llevar el motor al ralentí el menor tiempo posible puesto que, en punto muerto, el consumo aproximado del vehículo es de medio litro de carburante por hora. En paradas superiores a un minuto, es preferible apagarlo. Esta práctica supone un ahorro medio de 150 euros anuales en carburante. Cuando el conductor necesite aminorar, conviene levantar el pie del acelerador. Así evitará frenazos y ganará en seguridad, pero también sufrirán menos los frenos, el embrague y el motor.

En punto muerto, el vehículo tiene un consumo aproximado de medio litro de carburante por hora

Mantener la velocidad de circulación disminuye el riesgo de accidentes y reduce el gasto en gasolina. Pasar de 100 a 120 kilómetros por hora aumenta un 44% el consumo de carburante. Para lograr la máxima eficiencia en conducción, se deben poner las marchas más largas posibles y mantener el motor a bajas revoluciones, lo que requiere menos energía. El movimiento de las ruedas mantendrá el motor en funcionamiento y, a más de 20 kilómetros por hora, el consumo de carburante será nulo.

Los coches de gasolina necesitan alcanzar 2.000 ó 2.500 revoluciones para acelerar y facilitar el cambio de marcha. Los diésel, entre 1.500 y 2.000 revoluciones. Las marchas largas también resultan menos ruidosas. Un automóvil que rueda a 4.000 revoluciones por minuto implica la misma contaminación acústica que 32 coches que circulen a 2.000 revoluciones. El RACC calcula que esta segunda práctica ahorra un 15% de combustible.

Al desacelerar, lo correcto es levantar el pie del acelerador y dejar la marcha engranada. En los coches de inyección electrónica, el consumo es nulo gracias al dispositivo de corte de marcha por inercia. Poner un coche en punto muerto durante la marcha es peligroso, ya que todo el esfuerzo para detenerlo se concentra en los frenos y mantiene el gasto.

A partir de 100 kilómetros por hora, el consumo no aumenta con la velocidad de forma proporcional, sino mucho más deprisa. Según cálculos de la Dirección General de Tráfico (DGT), en un viaje de 300 kilómetros por autopista, la diferencia entre viajar a 120 ó 140 kilómetros por hora es de 20 minutos, pero ese aumento del 16% de velocidad requiere un 40% más de energía. Estos pequeños trucos al volante reducen hasta un 20% el consumo de combustible.

Combustible

¿Gasoil o gasolina? Es recomendable renunciar al combustible Premium si no se disfruta de un coche de altas prestaciones. En un automóvil estándar, la diferencia entre uno y otro carburante es inapreciable.

Para controlar el carburante que se gasta si no se dispone de un ordenador de a bordo, puede llenarse el depósito al máximo y poner el cuentakilómetros parcial a cero. Cuando se vuelve a repostar, se llena al máximo y se anotan los litros. Esa cifra se multiplica por 100 y se divide por la cantidad que marca el cuentakilómetros parcial. El resultado arroja el consumo medio. Un incremento anómalo es uno de los primeros síntomas de avería grave, además de suponer un mayor gasto. El diésel es recomendable cuando se recorren más de 15.000 kilómetros al año. La diferencia de precio -2.000 ó 3.000 euros más- se compensa con menos repostajes.

Un uso irracional del aire acondicionado aumenta el consumo de combustible hasta un 20%

La temperatura del aire acondicionado también influye en el consumo de gasolina. Lo ideal son 22 ó 23 grados. Un uso irracional aumenta el consumo de combustible hasta un 20%. Llevar las ventanillas bajadas, si se circula a más de 100 kilómetros por hora, gasta un 5% más de carburante.

En cuanto al precio, el Ministerio de Industria facilita la búsqueda de la estación de servicio más económica. Llenar el depósito con 50 euros de carburante a 1,05 euros el litro en lugar de a 1,07 euros, supone un litro más. Para un consumo medio de siete litros, ese ahorro permite conducir 13 kilómetros más.

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin o Youtube