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Ecodriving

Unas sencillas normas de conducción eficiente ayudan a ahorrar hasta un 10% de combustible y a mejorar la seguridad en la carretera

Plenamente aceptada en países como Alemania o Suiza, la ‘ecoconducción’ o ‘ecodriving’ es todavía una fórmula poco conocida en España. Se trata de una combinación de técnicas de conducción, unidas a un cambio de actitud de quien se sienta al volante y a los avances tecnológicos de los vehículos. Tres elementos imprescindibles que consiguen reducir el consumo de combustible hasta un 10% con respecto a la conducción tradicional, lo que se traduce en una mejora de la calidad del aire. Además, la conducción ecológica aumenta la seguridad en la carretera, puesto que el conductor aprende técnicas de anticipación ante cualquier imprevisto, y disminuye el gasto del mantenimiento del vehículo, que queda sometido a un esfuerzo inferior.

Reglas de conducción eficiente

Además de los consejos anteriores, en los cursos organizados para conductores se inculcan una serie de hábitos que ayudan a hacer factible la reducción del consumo de carburante. Se trata de una especie de decálogo centrado en el arranque del vehículo, el uso del acelerador y de las marchas, la desaceleración y la anticipación frente a situaciones imprevistas del tráfico. La primera premisa pasa por arrancar el motor sin pisar el acelerador. Los expertos aconsejan que en el caso de los coches de gasolina se inicie la marcha inmediatamente después del arranque, ya que esperar ralentiza el calentamiento del motor, mientras que en los coches diesel es conveniente esperar unos segundos antes de comenzar la marcha para asegurar que llegue el aceite a las zonas de lubricación. Las normas del IDAE recomiendan que, una vez encendido el motor, se cambie a la segunda marcha a los dos segundos o a los seis metros, aproximadamente, y que se cambie progresivamente las marchas:

  • Según las revoluciones:
    • En los motores de gasolina: entre 2.000 y 2.500 revoluciones por minuto.
    • En los motores diesel: entre 1.500 y 2.000 revoluciones por minuto.
  • Según la velocidad:
    • A 2ª marcha: a los 2 segundos o 6 metros.
    • A 3ª marcha: a partir de unos 30 kilómetros por hora.
    • A 4ª marcha: a partir de unos 40 kilómetros por hora.
    • A 5ª marcha: por encima de unos 50 kilómetros por hora.

Cada vez que se quiera cambiar de marcha, es importante tener en cuenta las revoluciones por minuto a las que circula el vehículo: los cambios deben hacerse, como se especifica más arriba, cuando el automóvil registra entre 2.000 y 2.500 revoluciones por minuto en los motores de gasolina y entre 1.500 y 2.000 revoluciones por minuto en los motores diesel. “Si cambiamos de marcha cuando circulamos a 2.000 revoluciones por minuto, no tendremos ningún problema. Ni siquiera por circular a 50 kilómetros por hora y en quinta marcha”, afirma Amparo López.

Tras cada cambio, es necesario acelerar y circular el mayor tiempo posible con marchas más largas y a bajas revoluciones. “Es preferible circular en marchas largas con el acelerador pisado, que en marchas cortas con el acelerador menos pisado. Además, en ciudad, siempre que sea posible, hay que utilizar la 4ª y 5ª marcha”, recomiendan desde el IDAE. Por ejemplo, un vehículo de pequeña cilindrada (1,2 litros) que circule a 60 kilómetros por hora consume 7,1 litros de gasolina cuando circula en tercera marcha, 6,3 litros (un 11% menos) en cuarta marcha y seis litros (un 15% menos) en quinta marcha.

En cuanto a la velocidad de circulación, debe ser, según Amparo López, “lo más uniforme posible, de manera que busque la fluidez evitando realizar frenazos y acelerones innecesarios que suponen un aumento de consumo y del estrés”, y moderada en la quinta marcha, “puesto que a mayor velocidad el consumo crece al cuadrado debido al factor de resistencia aerodinámico”. Por el contrario, en las deceleraciones se debe levantar el pie del acelerador y dejar rodar el vehículo por inercia con la marcha engranada en ese instante, frenar de forma suave con el pedal de freno y reducir de marcha lo más tarde posible y por debajo de unas 1.500 revoluciones. “Circular a más de 20 kilómetros por hora con una marcha engranada y sin pisar el pedal acelerador supone un consumo de carburante nulo”, explica López.

Por último, siempre que sea posible hay que detener el coche sin reducir previamente de marcha, apagar el motor en las paradas prolongadas (superiores a 60 segundos) y tener una ‘actitud anticipativa’, que implica:

  • Levantar el pie del pedal acelerador y dejar rodar por inercia con marcha engranada ante cualquier obstáculo en la circulación.
  • Prever el comportamiento del vehículo y de los conductores circundantes.
  • Mantener una holgada distancia de seguridad.
  • Conservar un amplio campo de visión (tres coches por delante).
  • Buscar carriles adecuados para mantener la fluidez en la circulación.

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