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Ejercicio para el tratamiento del asma

La actividad física es un buen aliado para el tratamiento del asma, la enfermedad crónica más prevalente entre los niños españoles

img_bicicleta paseo Imagen: Bradley Stemke

El asma es una enfermedad crónica que no tiene curación, pero sí tratamientos que permiten mantener la calidad de vida. Cuando está bajo control, los especialistas recomiendan llevar una vida cotidiana lo más normal posible e incluir, dentro de la rutina, la actividad física, por tradición “poco amiga” de esta patología. Según una nueva investigación, siempre y cuando se realice de manera moderada y constante, el ejercicio puede ser un muy buen aliado para el tratamiento. También se aconseja en niños asmáticos, puesto que están en un momento vital del desarrollo y el deporte puede ayudarles a la socialización.

La gravedad y la probabilidad de ataques de asma, y en particular los provocados por el ejercicio, podrían reducirse, precisamente, con actividad física aeróbica. La condición: que dicha actividad se realice de forma moderada, como correr o ir en bicicleta, según una nueva investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Cagliari, en Italia. Este nuevo hallazgo podría ayudar a los 300 millones de asmáticos en todo el mundo a controlar su dolencia con más eficacia y reducir la necesidad de fármacos.

Los investigadores estudiaron un equipo de fútbol profesional de Italia. En tres momentos determinados del campeonato anual valoraron en los jugadores la presencia de alergias mediante análisis de sangre para detectar signos de reacción inmunitaria. Los resultados mostraron que el equipo tuvo de media una menor respuesta alérgica, lo que indica que el ejercicio regular realizado por el equipo redujo su posibilidad de desarrollar alguna. Los responsables del estudio afirman que hay, de hecho, una gran cantidad de medallistas olímpicos asmáticos, por lo que la actividad física no debería ser un impedimento.

Asma, ejercicio y sistema inmunitario

¿Cómo puede el ejercicio leve reducir el riesgo de un ataque de asma? La respuesta parece que está en el efecto de la actividad física regular y moderada sobre el sistema inmunológico. Esta logra que se reduzca la cantidad de moléculas inmunológicas responsables de la inflamación bronquial y, por lo tanto, de la crisis asmática. Por otro lado, aumenta el número de moléculas que protegen de dicha inflamación. Otro factor relacionado es el sobrepeso, un factor de riesgo que aumenta las posibilidades de un ataque de asma; así, el ejercicio moderado tiene la ventaja adicional de ayudar a prevenir la obesidad.

El desencadenante de una crisis de asma durante el ejercicio es la respiración rápida provocada por el cansancio. Normalmente se requiere un período de tiempo de 5 a 8 minutos para provocar un episodio, de modo que es importante escoger una actividad física adecuada.

La práctica de deporte para las personas asmáticas puede dividirse en varias categorías según el riesgo que implique: alto, medio y bajo. Entre los de bajo riesgo se incluyen rutas de corta y media distancia o, curiosamente, la carrera rápida de 100 m (por durar menos de 5 minutos). Entre los deportes de riesgo medio se incluyen los que se practican en equipo, como el fútbol y el baloncesto, que abarcan períodos más largos pero intermitentes. Por último, las actividades de alto riesgo engloban los de resistencia, como el ciclismo de competición o correr una maratón.

Personas asmáticas: precauciones al practicar ejercicio

Si bien el ejercicio controlado parece ser beneficioso para esta enfermedad respiratoria, nunca debe realizarse si la enfermedad no está controlada. A pesar de la supuesta imprevisibilidad de una agudización, en la mayoría de los casos un tratamiento adecuado permite llevar una vida normal y evitarlos casi por completo. Para ello deben tomarse de forma diligente los fármacos recetados por el médico, incluso cuando el paciente se encuentre bien. Asimismo, y aun con el asma bajo control, es recomendable llevar siempre encima una medicación "de rescate" por si se da una crisis.

Antes de practicar deporte también es recomendable hablar con el especialista, por si sugiere algún método concreto de entrenamiento u otras precauciones a tener en cuenta, como evitar los entrenamientos al aire libre cuando los niveles de polen sean elevados, llevar bufanda o piezas de ropa de abrigo cuando se entrene al aire libre durante el invierno, respirar por la nariz en vez de la boca, o asegurarse de dedicar siempre unos minutos al calentamiento previo y a los estiramientos posteriores a la actividad. Es idóneo incluir todos estos consejos en el plan de tratamiento general de la patología, y darle la importancia que merece.

También es importante, si se lleva a cabo un deporte en equipo o con un entrenador, que todos los participantes sean conocedores de esta dolencia respiratoria, de modo que entiendan las necesidades del paciente o cómo reaccionar ante una agudización.

En la "Guía Española para el manejo del asma" para pacientes se recomienda también el deporte. Es más, lo ratifican como fundamental, siempre y cuando el asma esté bien controlada. Asimismo, aconsejan que si el paciente manifiesta síntomas un día determinado, se abstenga. A veces es aconsejable inhalar, unos 10 o 15 minutos antes de realizar la actividad, un broncodilatador de inicio rápido, ya que previene el ahogo durante el ejercicio.

TRATAMIENTO DEL ASMA INFANTIL

La combinación de fármacos y ejercicio en el tratamiento del asma de los más pequeños puede ser especialmente beneficiosa. Actividades como correr en un parque infantil puede desencadenar una crisis asmática, por lo que a estas edades muchos ven impedida la posibilidad de divertirse con los amigos por temor. No obstante, un buen control de la enfermedad no debería impedirlo. Los especialistas italianos afirman que esta idea es fundamental, puesto que está relacionada, de forma muy directa, con cuestiones psicológicas que forman parte del crecimiento, la socialización y la autoestima.

La práctica del ejercicio en estas edades mejora, por tanto, el desarrollo infantil, así como la condición física y la tolerancia al ejercicio. También reduce los ataques ocasionados por el esfuerzo o les resta intensidad, permite un mejor control de las agudizaciones y, por último, ayuda a reducir el nerviosismo que ocasionan.

Aunque cualquiera puede sentir cansancio y sensación de ahogo cuando practica esfuerzo físico, en niños asmáticos esta sensación es peor. Por este motivo, es esencial que la adaptación del pequeño a la actividad deportiva sea progresiva, de modo que aprenda a distinguir el ahogo por agotamiento del ahogo por una crisis de asma. Y evitar, a su vez, sobreproteger al niño e impedirle la práctica normal de actividad física.

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