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Reparación valvular sin cirugía

La posibilidad de aplicar técnicas a través de la piel para la reparación de válvulas cardíacas ya es una realidad

La mayor esperanza de vida, con envejecimiento progresivo de la población, hace que las lesiones en válvulas cardiacas sean un problema cada vez más frecuente. La posibilidad de aplicar técnicas a través de la piel, de forma percutánea, en la reparación o substitución de válvulas cardíacas es ya un hecho. Tanto, que los expertos vaticinan una revolución de la cardiología intervencionista, incluso en el abordaje de las lesiones valvulares más complejas.

Cada vez más frecuente

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El progresivo envejecimiento de la población ha llevado a un incremento de prevalencia de las enfermedades degenerativas valvulares, que aparecen por desgaste y calcificación. La más frecuente es la estenosis aórtica calcificada del anciano, aunque la insuficiencia de la válvula mitral también es habitual. Hasta hace unos 30 años, las afecciones reumáticas eran la causa más importante de enfermedad valvular. La mejoría de las condiciones higiénico-sanitarias y la universalización del tratamiento antibiótico para las infecciones faringe-amigdalares producidas por estreptococo, ha hecho disminuir de forma excepcional este tipo de afecciones valvulares reumáticas.

La estenosis aórtica es un estrechamiento de la válvula aórtica del corazón, una estructura membranosa con tres valvas que controlan la dirección y el flujo de la sangre. Esta válvula está localizada a la salida del ventrículo izquierdo, justo antes del inicio de la aorta, arteria que transporta la sangre del corazón a todo el organismo. Las causas principales de la estenosis aórtica pueden ser por defecto de nacimiento en la válvula (con un menor número de valvas) o bien una calcificación progresiva producida por la edad.

Las causas principales de la estenosis aórtica pueden ser por defecto de nacimiento en la válvula o por calcificación progresiva producida por la edad

El estrechamiento de la estructura provoca una progresiva obstrucción del flujo sanguíneo a través del orificio valvular. La estenosis aórtica no siempre produce síntomas y la calcificación puede irse produciendo de forma progresiva a lo largo de los años. Cuando el orificio valvular se afecta de forma importante aparecen los primeros síntomas: dificultad respiratoria al esfuerzo, desmayos con el ejercicio y dolor en el pecho. Uno de los datos más relevantes que sugieren la posibilidad de una lesión valvular es la auscultación de un soplo cardiaco; cuando la lesión tiene cierto protagonismo, el soplo es intenso y fácilmente identificable.

La ecocardiografía es la herramienta más útil para confirmar la sospecha de lesión valvular y aporta una valiosa información sobre el grado de severidad. Cuando la lesión es importante y condiciona la aparición de síntomas puede ser necesario el reemplazo de la válvula y la técnica de elección suele ser la cirugía convencional. La válvula deteriorada se substituye por una nueva que puede ser mecánica o biológica. Las prótesis mecánicas son las más durables y pueden tener una vida útil de entre 20 y 40 años. Sin embargo, requieren tratamiento anticoagulante para evitar la formación de trombos en la prótesis.

Las válvulas biológicas provienen de tejidos animales (una de las más utilizadas es la de pericardio bovino). Este tipo de válvula no requiere tratamiento anticoagulante a largo plazo, aunque tienen la desventaja de que su deterioro es más rápido y necesitan ser reemplazadas en un periodo limitado de tiempo. La estenosis aórtica no puede ser prevenida, aunque el mantener cifras correctas de tensión arterial y de colesterol puede retrasar su aparición y su progresión.

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