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Aversión al sexo

La fobia a las relaciones sexuales puede ser tan fuerte que la persona permanezca virgen durante toda su vida

A veces el placer sexual puede convertirse en dolor. Las relaciones íntimas no siempre son deseadas por todos e, incluso, pueden resultar muy angustiosas para algunas personas. Es el caso de la aversión al sexo y a cualquier acto que tenga ver con él, desde la masturbación a la penetración. Este trastorno puede darse tanto en el hombre como en la mujer, que lo padecen desde siempre como consecuencia de un pensamiento irracional o a partir de un determinado momento de su vida en el que son sometidos a una situación de mayor estrés o tienen una mala experiencia íntima. El resultado de esta fobia al sexo conlleva que la persona afectada decida permanecer virgen para siempre, en lugar de intentar superarlo, o que una pareja no llegue a consumar su unión. Como media, una persona tarda tres años en reconocer lo que le ocurre y acudir a un especialista.

Consecuencias

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El comportamiento habitual en una persona que padece aversión al sexo es evitar cualquier contacto sexual, mientras que el resto de su vida cotidiana lo vive con normalidad porque, apunta Zubieta, «para muchos pacientes incluso el rechazo al sexo es normal, porque lo han sentido desde siempre». En sus relaciones de pareja, se inventan excusas o supuestos dolores para no mantener relaciones y son capaces de acostarse en la cama sólo una vez que han comprobado que el otro ya está dormido. Se trata de retrasar una situación que, en realidad, esperan que no se produzca nunca, para lo que provocan discusiones en el momento previo de irse a acostar o descuidan su higiene personal buscando ser rechazadas por su pareja. Xud Zubieta explica que estas reacciones pueden evolucionar y causar en mujeres y hombres determinados comportamientos. En mujeres, un miedo desmedido al coito, que provoca que la vagina se contraiga y la penetración sea prácticamente imposible. En hombres, fobia a la penetración, a tener o mantener el pene dentro de la vagina, lo que provoca en la mayoría de los pacientes disfunción eréctil.

Son personas que suelen evitar las parejas y las relaciones largas o que, cuando las tienen, no logran una compenetración sexual

«Algunas personas han sido educadas en un condicionamiento o ambiente de rechazo al sexo no reproductivo y extramarital. En términos generales, se les ha hecho sentirse culpables en torno a su sexualidad y distanciarse de lo que sería una buena salud sexual», explica Zubieta, quien asegura que la mayoría de estas personas «optan por permanecer vírgenes durante toda su vida». Incluso en los casos en los que llegan a casarse, es posible que el matrimonio no se consuma porque por parte de los dos miembros de la pareja se muestra repulsión al sexo y sólo se deciden a acudir a un especialista cuando se plantean el deseo de tener un hijo y necesitan el coito para procrear. «Esto no es algo extraordinario ni lo más común», matiza Zubieta, «pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las parejas con problemas no acuden a una consulta, por lo que desconocemos su problema, y, entre quienes sí acuden, ésta es una de las razones más habituales».

La aversión al sexo hace que quien la padece esté en un permanente estado de alerta y traduzca cada posibilidad sexual en un peligro. Por ello, se trata de personas que suelen evitar las parejas y las relaciones largas o que, cuando las tienen, no logran una compenetración sexual, hecho que les desanima. «Puede darse el caso de que cuando la mujer quiere mantener relaciones, el hombre no consiga la erección, o que cuando quiera el hombre, la mujer no consiga relajarse y los músculos de la vagina se contraigan e impidan la penetración. Existe un miedo importante a hacer o sufrir daño en los genitales», explica Zubieta, quien tampoco descarta que el rechazo al sexo pueda deberse al hecho de que uno de los dos miembros de la pareja sea homosexual y no lo haya reconocido, «aunque no suele ser lo habitual. Tampoco puede decirse que una persona sea feliz con su condición, es decir, sin practicar sexo, aunque su pareja lo acepte. Cada persona es un mundo y lo vive de una manera, pero siempre que hay un problema, hay una preocupación en mayor o menor grado», aclara.

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