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Cuatro de cada diez mujeres españolas tienen osteoporosis, que suele aparece con una fractura

A partir de los 35-40 años empieza a perderse hueso a un ritmo anual de un 2 a 4 por ciento.

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 19 octubre de 2002

Pérdida acelerada

«Durante la juventud se hace acopio de masa ósea hasta los 30-35 años. Luego se pierde hueso a una velocidad de un 2 a un 4 por ciento. En las mujeres, al llegar a la menopausia la pérdida de masa ósea se duplica o triplica durante unos cuatro a seis años, pasados los cuales se vuelve al patrón anterior de pérdida», explica el doctor José Manuel Quesada, actual presidente de la Sociedad Española de Investigación Ósea y Metabolismo Mineral (Seiomm) y responsable de la Unidad de Metabolismo Mineral del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Reina Sofía, de Córdoba. Esa «aceleración» en la pérdida se debe a que el organismo femenino deja de producir estrógenos, hormonas que ejercen un papel protector sobre el hueso. Además, con el envejecimiento baja la disponibilidad de vitamina D, que ayuda a la absorción intestinal de calcio. A falta de este proveedor, el organismo lo toma de su mayor reserva de calcio, el hueso, debilitándolo.

Aunque en menor medida, la población masculina también resulta afectada. La repercusión en el varón no es tan significativa porque tiene más masa ósea y la pérdida de andrógenos, hormonas masculinas, no se produce tan bruscamente.

Para entender mejor esta enfermedad es necesario conocer un poco la naturaleza del hueso. La parte exterior, la corteza, cubre una estructura esponjosa. La primera adelgaza cuando se ve afectada, mientras que en la segunda se van abriendo huecos de forma progresiva, se va haciendo más poroso (de ahí el nombre de la enfermedad).

Además, nuestros huesos viven un continuo proceso de formación y destrucción. Existen dos tipos de células fundamentales: las que destruyen hueso (osteoclasto) y las que lo forman (osteoblasto). Sobre ellas actúan hormonas, calcio, vitamina D..., además de las hormonas que producen las propias células. De estas «conversaciones bioquímicas» resulta el balance final formación-destrucción. Por eso, controlar el comportamiento de estas células constituye una de las líneas más novedosas de investigación.

Tratamientos: presente y futuro

Actualmente, existe una gran variedad de tratamientos farmacológicos, la mayoría de ellos para evitar la pérdida de hueso, aunque en un futuro se esperan fármacos que estimulen su formación, anuncia el doctor Antonio Torrijos, reumatólogo, vicepresidente de la Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades Metabólicas Óseas.

Más futurible es la aplicación de células madre. En opinión del presidente de la Seiomm, «la pérdida de masa ósea en ancianos es debida en parte a la disminución de formación a partir de células madre multipotenciales. Por tanto, la inducción de células madre adultas de la médula ósea para que deriven a osteoblastos constituye una interesante y apasionante diana terapéutica que ocupará las líneas de investigación de los próximos años».

«Las repercusiones más importantes de la osteoporosis son las fracturas, que dan lugar a incapacidades y pérdida de calidad de vida -comenta el doctor Torrijos-. Además, no hay que olvidar que las fracturas de cadera ocasionan una mortalidad inmediata del 10 por ciento, y que la mitad de los pacientes que superan esa fase no recuperan la calidad de vida que tenían y quedan con alguna incapacidad». Hospitalizaciones prolongadas, incapacidad permanente, aislamiento social y problemas psicológicos suelen jalonar el «después» de la fractura.

La de vértebra merece una mención aparte porque muchas veces pasa inadvertida: la pérdida de altura (se dice que los mayores «encogen») indica una posible microfractura vertebral por osteoporosis. «Las vértebras tienen una parte muy importante de un tipo de hueso llamado trabecular, que es metabólicamente más activo y, por tanto, se pierde más fácilmente», indica el doctor Torrijos.

Detección con densitometría

Conseguir un buen «pico» de masa ósea antes de que comience la pérdida en la cuarta década de la vida parece determinante para que no se produzca la fractura osteoporótica. Los especialistas mencionan cuatro estrategias: dieta y régimen de vida que aporten las cantidades adecuadas de calcio y vitamina D; ejercicio físico adecuado; evitar tabaco y alcohol en cantidades excesivas, y efectuar mediciones de la densidad ósea para establecer el tratamiento médico cuando esté indicado.

La densitometría ósea es, en este último aspecto, una prueba con la que empieza a familiarizarse la mayoría de las mujeres españolas en edad o circunstancias de riesgo. Aunque está especialmente indicada en casos muy determinados (anomalías radiológicas vertebrales que sugieran desmineralización, dos o más factores de riesgo de osteoporosis, tratamientos prolongados con corticoides, trastorno nutricional grave...), en opinión del doctor Quesada «lo deseable sería la realización de la densitometría a todas las mujeres mayores de 65 años, de acuerdo con los criterios de la National Osteoporosis Foundation (NOF) de Estados Unidos, o en menores de 65 cuando tengan más de dos factores de riesgo».

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