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Del estrés al sosiego

Pequeños trucos pueden ayudar a afrontar la sensación de vivir con estrés, una característica típica ya de la sociedad moderna

  • Autor: Por

  • Fecha de publicación: jueves 5 febrero de 2009
Img cansancio Imagen: Grant Lindsay

Vivir de manera sosegada es comprar boletos para preservar nuestro bienestar físico y psíquico, la cara opuesta del temido estrés, cada vez más común en nuestra sociedad y que puede derivar en problemas de salud tanto físicos como psíquicos. ¿Qué es el sosiego y cómo alcanzarlo? Lograrlo es difícil, pero no imposible. Una psicóloga y un filósofo exponen las claves de cómo afrontar el estrés y, en la medida de lo posible, aprender a vivir con una actitud sosegada.

Vivir con la tensión justa

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Un caso de mala salud psíquica y, en consecuencia física, es lo que Torralba menciona en su libro como “la dictadura del cuerpo anoréxico”, un ejemplo perfecto, por desgracia, del grado de tensión y esclavitud desmesuradas que alcanzan algunas personas preadolescentes, adolescentes, jóvenes e, incluso, adultas en busca de unas medidas corporales reñidas con la salud. Al margen del ejemplo extremo de la anorexia, Torralba explica que “cierta tensión es básica para el cuerpo y la vida mental y emocional”.

Es bueno prepararse para algún fin. “La tensión es el impulso, el vector que nos lleva hacia algo que no tenemos: el objetivo de hablar inglés, hacer un doctorado o mejorar en nuestro empleo. Una vida que no tuviera ningún propósito o fin no sería una vida humana y, para ello, requerimos cierta tensión”, explica. Ahora bien, si la tensión es excesiva, una persona puede “romperse”.

Para comprenderlo, Torralba invita a imaginar un arco y una flecha. El arco se debe tensar hasta cierto punto para lanzar la flecha hacia el lugar deseado, pero si se tensa demasiado, éste puede romperse y la flecha caer a nuestros pies. Ésta sería la consecuencia de sufrir demasiada tensión en la vida, la de la persona que se pone horizontes excesivos y pretende imitar a un modelo, figura o icono social. Si sus metas exceden a sus capacidades, ese ser humano se “rompe”, se frustra y cae en la decepción.

Descubrir el propio ritmo

El estrés es la sensación de estar desbordado, de que no puedes con una determinada situación

Cada persona tiene su propia capacidad para llevar cierto ritmo en su vida. “Depende de cada uno, de sus capacidades y recursos. Hay personas con agendas infernales que tienen una gran capacidad para llevarlas, recursos, tesón, entereza, fuerza moral y fuste y otras que no”, declara Torralba. Estas personas son capaces de llevar una actividad muy intensa, porque han hecho un gran trabajo interior y tienen recursos para afrontar esta situación con aplomo. Por el contrario, otras se diría que se ahogan en un vaso de agua sólo con dos actividades al día que tampoco son capaces de realizarlas de forma satisfactoria.

Armas tiene la misma opinión que Torralba. Según esta psicóloga “vivimos muy rápido. Pero hay gente que tienen muchas actividades al día y no está estresada. El estrés no es tener mucha prisa y hacer muchas cosas. Es la sensación de estar desbordado, de que no puedes con una determinada situación. Depende de cómo lo vive cada uno. Lo importante no es lo que te pase, sino cómo lo vivas”.

Para llevar una vida sana, cada uno debe descubrir cuál es su propio ritmo: evitar someter al cuerpo a un ritmo acelerado, si es superior a nuestras capacidades, pero tampoco adoptar un ritmo excesivamente lento, ya que se corre el riesgo de caer en el aburrimiento, indica Torralba.

Vivir el ahora

“El pasado es pétreo. El presente, líquido. Y el futuro gaseoso”. De esta forma, Torralba sintetiza lo que una persona puede y no puede cambiar durante su tiempo vital. El ahora se puede vivir combatiendo dos tendencias. La primera es combatir el pasado, un mal en el que suele caer el nostálgico. Sentir nostalgia o melancolía es caer en una especie de enfermedad que se caracteriza por creer que lo que ocurrió en el pasado fue muy bello. O bien fue tan doloroso que intoxica y contamina el presente. Por lo tanto, la nostalgia y la melancolía son una forma de pensamiento que se debe combatir. “Se debe evitar la tendencia de vivir atrapado en el pasado”, sentencia Torralba.

La otra tendencia que se ha de combatir es justo la contraria, la de pensar sólo en el futuro, algo en lo que suelen caer más los jóvenes. “Es evidente que se debe planificar y proyectar, pero no se debe dejar que, de esta forma, el tiempo se escape entre los dedos, puesto que no se sabe si tenemos futuro personal. La muerte es cierta, pero la hora es incierta. Lo que sí es cierto es que tenemos pasado. El futuro es imprevisible y no lo conocemos. Y así es mejor, porque sería muy angustioso conocer la hora y el día en que vamos a morir o que van a morir nuestros seres queridos. Por eso, hay que gozar de cada instante y de cada momento”, recuerda el filósofo.

Para ello, aconseja actividades tan sencillas como pasear y pensar, y practicar la buena lectura, es decir, “la lectura que engrandece el alma”, las relaciones de calidad y realizar buenas acciones, entre otras ideas.

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