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El síndrome de las piernas inquietas afecta a más de cuatro millones de personas en España

Este trastorno aparece más a menudo durante la noche, lo que afecta a las horas de sueño y a la calidad del mismo

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 1 febrero de 2010
Más de cuatro millones de personas padecen en España el síndrome de las piernas inquietas, un trastorno de tipo neurológico caracterizado por una sensación extraña y desagradable en las extremidades inferiores cuando están sentados o tumbados. "No es dolor, ni calambres, ni tampoco mala circulación", afirma el profesor Eduard Estivill, director de la Clínica del Sueño del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona.

Cuando estos pacientes no están en movimiento "sienten la necesidad imperiosa de mover las piernas de forma continua", para lo que el único remedio es "levantarse y andar un poco para soliviantar esta inquietud", explica. Aunque este trastorno tiene diferentes grados de gravedad, estos problemas se suelen dar más a menudo durante la noche, lo que afecta a las horas de sueño y a la calidad del mismo. Cuando consiguen dormirse suele ser ya demasiado tarde, entre las tres y cuatro de la madrugada, por lo que el sueño es "superficial y entrecortado", señala Estivill.

Ello lleva a que los pacientes que padecen el síndrome de piernas inquietas tengan un deterioro físico y psicológico progresivo, por lo que son más propensos a una bajada de defensas, enfermedades cardiovasculares, digestivas e inmunitarias, indica el doctor. Además, tienen un 40% más de riesgo de depresión, irritabilidad e, incluso, pérdida de memoria. Todo ello afecta a su rendimiento laboral y a sus relaciones sociales y sexuales, debido a un descenso importante de la líbido, apunta el profesor.

Los estudios realizados hasta el momento reflejan una mayor incidencia en mujeres (60% del total de casos) y, aunque el diagnóstico se produce en edad adulta, hay estudios que apuntan a que el síndrome puede darse también en niños, en "aquellos que se quejan de molestias en las piernas y se pensaba que eran dolores de crecimiento", advierte. Aunque todavía se desconoce el origen exacto de esta dolencia, las investigaciones realizadas han determinado la presencia de un componente genético que altera la transmisión del hierro que llega al cerebro.

El tratamiento recomendado para la mayoría de casos son unos fármacos orales, ropinirol o pramipexol, que consiguen eliminar esta sensación "aunque no curarla", señala Estivill, que cifra en un 70% su efectividad y destaca que carecen de efectos adversos. "El problema es que requieren un cumplimiento exhaustivo porque si dejan de tomar el fármaco vuelven a recaer", concluye.

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