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Exceso de higiene

Una limpieza demasiado abundante debilita el sistema inmunológico y favorece la aparición de dermatitis, alergias o crisis asmáticas

Limpios a conciencia

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Los usos de la sociedad actual, lejos de la época en que no se conocía el baño diario, favorecen la irritación de la capa cutánea, así como la caída o excesiva sequedad del cabello. La práctica de ejercicio con asiduidad, y la consiguiente sudoración, provoca un aumento de lavados que terminan por deshidratar la piel de quienes se asean dos e incluso tres veces a diario. La solución de estos problemas no está reñida con la limpieza. Muy al contrario, es necesario aprender a asearse de manera racional, para lo que los expertos en el cuidado de la piel, recomiendan tener en cuenta:

  • Ducha diaria. Lavarse una vez al día es suficiente para estar limpio. Es mejor ducharse que bañarse para no resecar la piel. El aseo diario debe incluir el lavado a conciencia de las zonas que más olor y suciedad generan, en las que se debe usar jabón sin excederse. Para limpiar el resto del cuerpo, el agua es suficiente.
  • No abusar del jabón. Los efectos del agua y el jabón, que contiene pH alcalino, incrementan el riesgo de un deterioro aún mayor. El pH ácido de la piel (4,5-5,5), que forma un manto ácido que impide el crecimiento de bacterias nocivas, se ve alterado. El jabón y otros agentes limpiadores están compuestos, además, por elementos tensoactivos (naturales o sintéticos), que son los encargados de retirar la suciedad o residuos de la piel. Sin embargo, también retiran la capa de lípidos normal del cuerpo, disminuyendo la capacidad de la epidermis para actuar como barrera protectora. Se recomienda el uso de agua tibia y agentes limpiadores suaves para mantener el manto ácido. Los agentes limpiadores sin detergente (o con detergente sintético) son más suaves que el jabón detergente, porque contienen tensoactivos sintéticos (los no iónicos tienen una toxicidad menor) que disminuyen las complicaciones asociadas al jabón.
  • La humedad ablanda la piel y debilita su integridad, facilitando su deterioro. Un control eficaz de la humedad es esencial para evitar problemas cutáneos relacionados con la humedad, como la maceración. La humedad aumenta la permeabilidad de la piel ante agentes irritantes y se vuelve más susceptible a los microorganismos, reduce la resistencia de la piel y puede acarrear la denudación de la piel, maceración o incluso infección por hongos. Además, los microorganismos se reproducen en un ambiente húmedo y tibio. Por ello, las infecciones fúngicas son frecuentes alrededor del perineo y en zonas como la parte inferior de la mama y los pliegues inguinales, sobretodo en personas obesas. También el uso de antibióticos, que alteran la flora normal de la piel, puede predisponer al paciente a infecciones fúngicas.
  • Y por último, es importante prevenir la sequedad e hidratar la piel seca, para mantener su integridad. El establecimiento de una rutina de hidratación de la piel, especialmente en ancianos, se puede considerar una intervención de prevención muy importante. Las cremas hidratantes hay que aplicarlas procurando su total absorción. Disminuir el uso de algún tipo de alcohol en la piel, como son colonias, artesanales o no.

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