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Hablar a solas

Aunque puede tener relación con algún trastorno mental, la mayoría de las veces es una forma de expresar en voz alta lo que pensamos

Quién no ha hablado alguna vez a solas en el metro, en el autobús o mientras daba un paseo. Este hábito inconsciente es tan frecuente que los psiquiatras aseguran que todas las personas lo hacemos en determinados contextos -para recordar un número de teléfono o enumerar las tareas que debemos realizar en el día- y descartan la necesidad de acudir al especialista por esta conducta si no hay otros síntomas de trastorno mental. Comportamientos extraños, incoherentes o mecimiento del cuerpo, son algunas de las pistas para pensar que el soliloquio puede tener relación con otra patología. No obstante, lo habitual es que hablemos solos como una forma de pensar en voz alta, sin esperar respuesta, o como mecanismo de defensa para hacer frente a la soledad. En los niños, es muy frecuente que creen amigos imaginarios cuando no tienen cerca compañeros de juego.

Soliloquio infantil

Una vez que el niño comienza a hablar, repite todo lo que oye. Le gusta aprender nuevas palabras y es habitual que balbucee. Por ello, esta conducta no debe extrañar tampoco a medida que el niño crece. Investigadores del Laboratorio de Neurolingüística del Massachussets General Hospital aseguran que entre un 20% y un 60% de los comentarios que los menores de 10 años hacen en voz alta no van dirigidos a nadie. En este sentido, según la psicóloga infantil y profesora de esta disciplina en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Victoria del Barrio, “cuando los niños hablan a solas, sólo están pensando en voz alta”.

“La gente se alarma mucho porque los soliloquios son uno de los síntomas de psicosis u otros trastornos mentales, de ahí que cuando ven a un niño hablar solo piensan que hay ideaciones imaginarias o alucinaciones y se asustan mucho, pero en los niños todas las conductas humanas tienen una fase que es perfectamente normal”, explica la psicóloga. “A partir de los dos años -continúa-, cuando el niño empieza su introducción en el lenguaje, habla elementalmente, pero expresa sus deseos, sus emociones y, en línea general, sus necesidades”. Es entonces cuando el pequeño encuentra en ese lenguaje elemental una gran satisfacción al poder comunicar a un nivel superior todo aquello que ha comunicado antes gestualmente. Y, aunque creamos que habla solo, lo que hace es jugar con el lenguaje y describir las acciones que realiza. “Es una forma de jugar que ni siquiera es comunicativa, sino descriptiva”, describe Victoria del Barrio.

El pensamiento en voz alta no es más que una estrategia de fijación. Todos los niños describen siempre lo que hacen. El pensamiento en voz
alta no es más que una estrategia de fijación
Por ejemplo, cuando juegan narran constantemente lo que hacen, la acción que realizan, y pueden continuar así hasta que dan el salto intelectual, sobre los cinco años, y comienzan a razonar sin necesidad de hablar en voz alta.

Otra situación que puede darse entre los infantes es que cuando hablen se dirijan a un interlocutor, pese a que estén solos. En este caso, los menores recurren al lenguaje como un mecanismo para afrontar su soledad. Inventan los compañeros de juego (amigos imaginarios) que no tienen e idean personajes a los que casi siempre ganan en cualquier competición o, incluso, formulan obligaciones. Esa manera de jugar es más sorprendente para quien contempla la escena, porque el niño no tiene un compañero al lado y se sabe con precisión que está hablando solo. Para Del Barrio, esto puede alarmar aún más porque tiene más parecido con perturbaciones mentales graves, pero en el 99% de los casos es una solución imaginativa a la soledad y no hay que darle más solución que la compañía. “Es algo pasajero y tiene una solución inmediata: relacionarse con otros niños. Cuando uno es dueño absolutamente del juego manda a los demás, aunque los amigos sean imaginarios, porque mandar le gusta a todo el mundo. Pero eso no tiene más problema que el hecho de que es un niño muy imaginativo, que está solo y que necesita socializarse con otros niños”, asevera la psicóloga, quien advierte, no obstante, de la importancia de acudir al especialista si esos comentarios privados van acompañados de movimientos de mecimiento, agresividad u otro tipo de conductas “extrañas”. “Entonces, es necesario acudir al especialista y que éste haga un diagnóstico”, aconseja.

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