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El secreto de la longevidad

Para envejecer más lentamente es imprescindible seguir unos buenos hábitos de vida

Un reciente estudio sugiere que, mientras que el ejercicio físico ayuda a prevenir enfermedades que pueden acortar la vida como la diabetes y las afecciones cardiovasculares, reducir las calorías consumidas podría desacelerar el proceso de envejecimiento.

Combinación de hábitos y genes

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El envejecimiento es un proceso natural que viene determinado en cada especie. La base genética es indiscutible y se han identificado variantes genéticas asociadas a la longevidad. Existen, también, procesos genéticos que lo aceleran, como es el caso de una enfermedad conocida como progeria o síndrome del envejecimiento prematuro. La progeria es un cuadro caracterizado por una aceleración en el proceso natural de envejecimiento que se produce entre cinco y diez veces más rápido de lo habitual. Son niños que envejecen muy rápido, con una esperanza de vida que no supera los 30 años.

Es probable que la dieta mediterránea, el clima, la ausencia de estrés y a la actividad física regular tengan un papel determinante en la longevidad

Este síndrome está causado por la mutación de un gen que hace que se acumule una proteína llamada “progerina” que desencadena en el organismo un envejecimiento celular excesivamente rápido. Un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo ha comunicado que una combinación de fármacos prolonga en un 80% la vida de ratones con este trastorno. El tratamiento se basa en una combinación estatinas y aminofosfonatos, fármacos que se utilizan habitualmente en el tratamiento del colesterol y la osteoporosis.

Los resultados del estudio, que se acaba de publicar en “Nature Medicine”, no sólo aportan la posibilidad de tratamiento para los pacientes afectados de esta rara enfermedad, sino que abren una puerta para la investigación del proceso normal de envejecimiento. Por otra parte, otras investigaciones apuntan que en el secreto de la longevidad, además de los genes, juegan un papel muy importante los hábitos de vida. Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona estudiaron los huesos y efectuaron el análisis genético de un hombre que murió a los 113 años, junto con cuatro miembros de su familia: un hermano de 101 años, dos hijas de 81 y 77 años y un sobrino de 85, todos ellos nacidos y residentes en un pequeño pueblo de Menorca.

Se constató que sus huesos tenían una salud excelente y, desde el punto de vista genético, los científicos buscaron, sin encontrarlo, mutaciones en un gen, el “KLOTHO”, cuya presencia se relaciona con una buena salud en los huesos, y también el gen “LRP5”, mutaciones asociadas con la longevidad. A pesar de que no puede afirmarse que la clave de la longevidad de esta familia no radique en la genética, los investigadores opinan que, en este caso, es probable que la dieta mediterránea, el clima, la ausencia de estrés y a la actividad física regular (el fallecido había ido hasta los 102 años a diario a cuidar su huerto en bicicleta) hayan tenido un papel determinante.

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