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La nueva medicina de ARN

La molécula del ARN, mucho más importante de lo que se creía, está en el punto de mira de la investigación farmacológica

El mecanismo por el que el ácido ribonucleico de interferencia (ARNi) logra evitar la expresión genética, logra silenciar genes, fue recibido con sorpresa por la comunidad biomédica en 1998, y también con admiración porque explicaba varios fenómenos curiosos pero incomprensibles hasta entonces. Cuando se descubrió fue como la última pieza que, al encajar, completa y aclara todo el rompecabezas. Hoy se interpreta como una prueba crucial a favor de la tesis de que el ARN es mucho más importante de lo que se creía, y se investiga ya el posible uso farmacológico de esta molécula. En una reciente intervención en Lindau (Alemania), Craig Mello, co-descubridor del ARNi y premio Nobel 2006, trazó un mapa de dónde se está ahora y adónde se podría llegar gracias al conocimiento detallado del mecanismo de silenciamiento de genes.

Mecanismos de expresión

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Varios experimentos a principios de los noventa, con plantas, hongos y virus, sugirieron la existencia de un mecanismo que inhibía la expresión de los genes. Es famoso el trabajo con petunias, en el que los investigadores, para obtener flores con más color, introdujeron copias extra del gen que codificaba una enzima implicada en la pigmentación, y el resultado fue exactamente el opuesto al esperado: flores con áreas blancas. En cualquier caso, estos experimentos no se relacionaron entre sí y no se dio una explicación al fenómeno hasta el trabajo de Mello y Fire (por el que obtuvieron el Nobel en 2006).

Mello resumió en Lindau que el ARN de interferencia, en esencia, provoca la destrucción del gen diana. El ARN es una molécula en forma de hélice de una sola hebra, en lugar de dos hebras helicoidales paralelas como el ADN. Sin embargo, el ARN de interferencia es peculiar porque tiene doble hebra. Cuando un ARNi entra en la célula, unas proteínas específicas separan ambas hebras como si abrieran una cremallera; luego eliminan una de ellas y la otra la utilizan de guía para buscar otra molécula de ARN con la que emparejarse.

El ARN de interferencia, en esencia, provoca la destrucción del gen diana
Cuando la encuentran, y se produce el acople, la enzima destruye la molécula doble resultante, como había hecho con la primera hebra separada. Dado que el ARN destruido contenía las instrucciones para traducir algún gen a proteína, ese gen queda en la práctica silenciado: su mensaje ya no llegará a ninguna parte. No en vano este mecanismo se ha convertido desde su descubrimiento en una de las técnicas de laboratorio más habituales para silenciar genes.

La pregunta obvia es: ¿servirá también para bloquear genes con un papel en enfermedades, como cáncer? «Aún no lo sabemos», respondió Mello. «No sabemos cómo funcionan realmente los microARNs ni cómo se regulan… Tardaremos aún años en resolver todas las preguntas». Reconoció que es un mecanismo muy poderoso, pero que aún se está lejos de una revolución médica atribuible al ARN.

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