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Testamento vital

El paciente expresa su deseo de no ser mantenido con vida por medios artificiales, ante una enfermedad incurable, dolorosa y mortal

Cualquier persona en estado inconsciente o incapacitada para expresarse puede manifestar su voluntad de aceptar o rechazar un tratamiento médico en caso de una enfermedad irreversible. Este es el principio que rige el testamento vital. Su fin primordial es evitar mantener con vida a un enfermo cuando, previamente, éste ha expresado su voluntad de morir. Sin embargo surgen ciertas preguntas: ¿Cuándo un tratamiento pasa de prolongar la vida y salvar al enfermo a alargar su agonía y hacerle sufrir? ¿Qué profesional está más capacitado para decidir, el facultativo o el juez? Estas y otras cuestiones han reabierto el debate sobre la eutanasia, una práctica ilegal en España.

Conviene saber

  • El testamento vital debe realizarse por escrito ante testigos que, preferentemente, no tengan parentesco con quien lo firma. La ley catalana, la primera que comenzó a funcionar en España, indica que el documento puede firmarse ante notario o ante tres testigos, dos de los cuales no han de tener parentesco o relación patrimonial con el paciente.
  • Debe suscribirse libremente, sin coerción, persuasión o manipulación. En ocasiones, se encuentran posiciones encontradas entre los familiares del paciente y entre éstos y el médico que le atiende.

  • Cada persona puede redactar su propio documento de forma personalizada, aunque existen modelos como el de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, o el de la Conferencia Episcopal Española, o el que ofrece la página web del Colegio de Médicos de Barcelona.

  • El impreso debe ser entregado al centro sanitario, donde la persona deberá ser atendida, para incorporarlo a su historial clínico.
  • En un testamento vital se pueden rechazar determinados tratamientos de mantenimiento de vida, cómo estar conectado a una máquina, y también solicitar la adopción de medidas para aliviar el sufrimiento, que acortan el proceso de muerte y que son una práctica habitual en cuidados paliativos. En todo caso, se trata siempre de la aplicación de ciertos tratamientos. El paciente es quien decide qué quiere incluir en el impreso.
  • No hay que esperar a padecer una enfermedad grave para firmar un testamento vital. Cualquier persona puede expresar su voluntad en los supuestos de sufrir una enfermedad grave o severamente invalidante.
  • Un testamento vital recoge más situaciones que pueden derivarse de una enfermedad, que de enfermedades en sí mismas. No hace falta que se trate de patologías degenerativas, sino que pueden ser enfermedades que se terminen complicando, convirtiéndose en irreversibles o terminales.
  • Los centros hospitalarios cuentan con un servicio de información al paciente para resolver las posibles dudas que se puedan plantear. Por ello, antes de firmar, conviene informarse.

  • Conviene que el testamento vital sea conocido por un médico de confianza o el médico de cabecera de toda la vida, que conozca el historial clínico del paciente.

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