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Testamento vital

El paciente expresa su deseo de no ser mantenido con vida por medios artificiales, ante una enfermedad incurable, dolorosa y mortal

Cualquier persona en estado inconsciente o incapacitada para expresarse puede manifestar su voluntad de aceptar o rechazar un tratamiento médico en caso de una enfermedad irreversible. Este es el principio que rige el testamento vital. Su fin primordial es evitar mantener con vida a un enfermo cuando, previamente, éste ha expresado su voluntad de morir. Sin embargo surgen ciertas preguntas: ¿Cuándo un tratamiento pasa de prolongar la vida y salvar al enfermo a alargar su agonía y hacerle sufrir? ¿Qué profesional está más capacitado para decidir, el facultativo o el juez? Estas y otras cuestiones han reabierto el debate sobre la eutanasia, una práctica ilegal en España.

Al amparo de la ley

Con el objetivo de respetar el deseo y la decisión de quien redacta este tipo de documentos, se encuentra la legislación. En este contexto, la Ley de Autonomía del Paciente de 14 de noviembre de 2002, que recoge el testamento vital, establece en España, por un lado, el derecho de éste a ser informado sobre su salud y a disponer de su historial clínico; y, por otro, a negarse a recibir tratamiento médico.

Hasta hace muy poco las competencias de Sanidad las asumían las comunidades autónomas, pero en la actualidad ya ha entrado en vigor una nueva ley, que rige sobre el conjunto del Estado. Cataluña fue la primera comunidad autónoma que aprobó una ley (Ley 21/2000 de 29 de diciembre) sobre el testamento vital, pero Galicia, Extremadura, País Vasco, Madrid, Aragón y, finalmente, Navarra, se incorporaron más tarde al marco legal que regula estos documentos.

Dichas manifestaciones de voluntad tienen su origen y mayor desarrollo en Estados Unidos. Fue en 1967 cuando un abogado de Chicago, Luis Kutner, concibió un documento en el que cualquier ciudadano podría indicar su deseo de que no se le aplicara un tratamiento en caso de enfermedad terminal. Nueve años más tarde, la Ley de Muerte Natural (Natural Death Act), en California, legalizó por primera vez lo que hoy se conoce con el término de testamento vital o documento de voluntades anticipadas. Asimismo, en 1991, otra normal legal autorizaba que cada paciente pudiera expresar su deseo o no de recibir asistencia médica.

Por su parte, el Convenio del Consejo de Europa sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina, de 5 de abril de 1997, abrió las puertas a este tipo de directivas en el viejo continente.

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