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La pérdida de un hijo aumenta el riesgo de mortalidad de los padres, según un estudio

Este fenómeno tiene una mayor incidencia entre las madres

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 2 febrero de 2003

Para corroborar esta suposición, científicos de dicha universidad emplearon datos del registro civil danés correspondientes al período 1980-1996 para evaluar a más de 20.000 padres que habían sufrido la muerte de un hijo menor de 18 años. Posteriormente, se compararon con los de otras 293.000 familias de control cuyos descendientes seguían aún vivos. El tiempo trascurrido desde la pérdida resultó fundamental. Así, las madres que habían perdido a sus hijos tenían un 40% más de posibilidades de morir en los 18 años posteriores a la muerte que el resto de mujeres. El riesgo se multiplicaba significativamente cuando la muerte no se había debido a causas naturales, en estos casos la posibilidad de que la madre falleciese al cabo de tan sólo tres años se multiplicaba por cuatro.

En opinión de los autores, esto podría indicar que las mujeres son mucho menos capaces de afrontar la muerte de un hijo, por lo que suelen sufrir más problemas de salud de consideración. En cualquier caso, añaden, las diferencias individuales a la hora de afrontar situaciones estresantes son fundamentales. De hecho, el estrés parece jugar un papel fundamental en la explicación de esta relación.

La muerte de un vástago genera una carga psicológica que repercute negativamente en todo el sistema nervioso, inmunológico y neuroendocrino y podría afectar a los progenitores de varias maneras. La reacción más intensa se apreció en los meses posteriores al fallecimiento, en la que los accidentes y los suicidios se multiplicó.

Asimismo, este tipo de acontecimientos provoca una serie de cambios patopsicológicos que pueden incrementar la susceptibilidad del ser humano a determinadas enfermedades infecciosas e incrementar el riesgo de padecer cáncer o problemas cardiovasculares. También se pueden producir cambios en el estilo de vida, aumentando el consumo de alcohol y tabaco y reduciendo los niveles de actividad física.

En cuanto a los motivos que provocaban la muerte de los padres, los expertos suecos observaron que en el caso de las madres la muerte al poco tiempo del fallecimiento del hijo se debía mayoritariamente a causas no naturales (accidentes o suicidios), mientras que con el paso del tiempo (más de diez años) las causas eran predominantemente naturales (cáncer principalmente). De todos modos, el estudio aclara que el riesgo de muerte por enfermedad no está relacionado con factores genéticos, porque en la mayoría de los casos la causa de la muerte del hijo difería de la de los padres.

Por último, los investigadores señalan que las muertes inesperadas o violentas resultan mucho más difíciles de asumir, de manera que repercuten en una mayor tasa de mortalidad materna. Otros factores que influyen son la edad de los padres (los más jóvenes eran más capaces de recuperarse) y el hecho de tener más hijos, los padres que habían perdido a su único hijo se veían mucho más afectados que quienes aún tenían uno o más hijos vivos, circunstancia que parece ayudar a su recuperación.

Etiquetas:

hijo mortalidad pérdida

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