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Mal uso de los antibióticos

La mala utilización de estos medicamentos activa mecanismos defensivos en las bacterias que perjudican nuestra salud y la de quienes nos rodean

El consumo inadecuado de antibióticos está directamente relacionado con la aparición de resistencias bacterianas. La resistencia a estos antimicrobianos es un mecanismo natural de defensa que adquieren las bacterias, agentes de muchas enfermedades infecciosas, que las hace inmunes a las sustancias empleadas contra ellas. La automedicación con antibióticos, el incumplimiento de las dosis, del horario de las tomas o la duración del tratamiento, así como un elevado porcentaje de abuso en la prescripción facultativa de estos medicamentos son responsables, en gran medida, de este problema de salud pública que se puede evitar y que se manifiesta con complicaciones en las patologías tratadas, aumento de las hospitalizaciones, contagios y recaídas.

Desterrar malos hábitos

Los expertos coinciden en que la utilización excesiva e inadecuada de antimicrobianos y la aparición de resistencias bacterianas están relacionadas directamente. Veamos dónde radica este abuso y mal uso de los antibióticos:

  • Automedicación. Usar los antibióticos sin haber sido prescritos por el médico. El enfermo puede tener en su botiquín restos de tratamientos anteriores para problemas de salud que él considera similares. Además, en España, a pesar de que la legislación obliga a dispensar los antibióticos sólo con receta, su adquisición sin receta en las farmacias es frecuente. Las cifras de ventas sin receta pueden rondar en torno al 30% de la dispensación de estos compuestos, aunque según quien elabore el estudio los datos varían.
  • El grado de cumplimiento de los tratamientos. El enfermo desconoce que un paciente insuficientemente tratado puede tener recaídas y acabar tomando medicación en mayor medida. Para que sea eficaz, el tratamiento debe ser respetado en todos los aspectos prescritos. A saber:
    • Las dosis han de ser las correctas.
    • Han de respetarse los intervalos de tiempo entre las tomas.
    • Hay que seguir las indicaciones en cuanto a la duración y condiciones de las tomas. Si el tratamiento es de 7 días hay que seguirlo hasta el final, sin interrumpirlo al cesar los síntomas, y si hay que mantener el preparado a baja temperatura habrá que guardarlo en la nevera, por ejemplo.
  • Las prescripciones inapropiadas de antibióticos. El 36,5% de las recetas de antimicrobianos en Atención Primaria no son apropiadas y, cuando lo son, se recetan sin interrogar al paciente sobre sus antecedentes personales; en el 18,8% no se dan instrucciones al paciente sobre su uso; en un 30% el facultativo no indica la dosis o ésta es incorrecta, y en más del 70% de los casos la duración del tratamiento es errónea. Otro dato revelador apunta que el 70% de las visitas a Atención Primaria España no precisan antibióticos pero que se prescribe sin necesidad en el 40% de ellas.
  • La utilización de un 40% del consumo total de antibióticos para favorecer el engorde del ganado y prevenir enfermedades agrícolas. Así los microorganismos resistentes se diseminan entre la población humana y el resto de la naturaleza. Puede comprobarse clínicamente, según el doctor Palop, al hacer los mapas de resistencias o antibiogramas (análisis de orina, sangre o esputos que se efectúan en los hospitales a las personas enfermas) en los que aparecen resistencias, por ejemplo, a las quinolonas, antibióticos que casi ningún paciente ha tomado conscientemente pero que se administran en pequeñísimas dosis al ganado vacuno.
  • El uso de antisépticos y desinfectantes domésticos. Aunque no hay estudios sobre ello, los expertos consideran que los productos de limpieza “antibacterias” también pueden provocar que desarrollemos una resistencia común frente a algunos antibióticos.

Conocidas las causas de las infecciones por bacterias resistentes, es evidente que podemos evitar en gran medida su aparición si seguimos los siguientes consejos a la hora de consumir antibióticos:

  • No recurrir nunca a la automedicación, aunque se considere que se trata del mismo proceso infeccioso que ya se produjo en otro tiempo. Ésta es una máxima para todos pero es especialmente importante para los ancianos, niños y personas polimedicadas o con enfermedades crónicas.
  • Sólo se solicitarán en la farmacia sin receta las especialidades farmacéuticas publicitarias (EFPs). El mejor profesional de farmacia es aquel que, en contra de sus intereses económicos, se niega a dispensar las medicinas que precisan receta sin ella.
  • Pedir una exploración médica y, si el facultativo considera necesario prescribir antibiótico, respetar el tratamiento en todos sus aspectos: dosis, intervalos de tiempo, duración y condiciones de las tomas, aunque hayan desaparecido los síntomas.
  • Llevar a la farmacia para su destrucción el antibiótico que nos quede al terminar un tratamiento, en lugar de guardarlo en el botiquín. Los profesionales sanitarios sensibilizados con las resistencias bacterianas reivindican de los laboratorios una adecuación de los envases de estas medicinas a los distintos tratamientos, para que el paciente sólo tenga que adquirir la cantidad estrictamente necesaria.

Si se tiene en cuenta esta información se puede evitar agravar un problema de salud pública que se manifiesta día a día con el incremento de enfermedades infecciosas, una mayor mortalidad y demanda sanitaria, y un aumento del coste de los tratamientos, porque son precisos antibióticos de síntesis de última generación para combatir estas resistencias. Medicamentos por lo general muchísimo más caros y con mayor capacidad de generar a su vez resistencias bacterianas.

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