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Manía por el orden

Cuando la obsesión por el orden adquiere dimensiones patológicas altera la vida cotidiana del afectado y de su entorno familiar y genera actitudes improductivas

La manía por el orden y el afán de perfección y pulcritud que sienten algunas personas puede ser un rasgo muy ventajoso en algunas situaciones, pero también puede ser indicativo de una patología y revelar la existencia de un trastorno de la personalidad que requiere atención médica. Aproximadamente una de cada cincuenta personas en España padece un tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), entre los que se encuentra la manía patológica por el orden. Los expertos aseguran que en la población general es el cuarto trastorno mental más frecuente, sólo superado por las fobias, el abuso de alcohol y la depresión.

Una perfección inalcanzable

Cuando se trata de una simple manía por el orden, este rasgo particular de la personalidad puede llegar a ser ventajoso cuando el afán por el método, la perfección, la pulcritud, la proporción y la simetría se aplica a campos como la ciencia y la matemática, o a cualquier otra actividad que requiera un alto grado de rigurosidad, precisión y exactitud. Sin embargo, cuando estos rasgos son patológicos se convierten en un claro inconveniente, ya que en exceso entorpecen el rendimiento normal. «El paciente quiere un grado de perfección tal que nunca completa la tarea a realizar», advierte María Luisa Catalina Zamora, médica adjunta del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Móstoles.

Este segundo tipo de comportamiento revela la existencia de un trastorno de la personalidad que requiere de atención médica especializada, a pesar de que en la actualidad el sistema de salud pública en España aún no cubre el tratamiento profesional que necesitan estos pacientes, como sí lo hace con los que sufren otros desórdenes tales como la anorexia y la bulimia (a pesar de que la Organización Mundial de la Salud también clasifica a los primeros como enfermedades). En casos extremos, el cumplimiento de rígidas y excéntricas rutinas puede hacer perder tanto tiempo a estas personas y afecta de tal manera a quienes les rodean que se convierten en seres «totalmente improductivos y socialmente disfuncionales».

Los especialistas deben saber diferenciar entre las personas que son ‘simplemente ordenadas’ de las que sufren la compulsión obsesiva por el orden

El paciente con un TOC se diferencia mucho del sujeto normal muy amante del orden por el gran malestar y sufrimiento con que el primero vive su obsesión, la pérdida de tiempo que le producen sus síntomas y la interferencia con sus actividades, que llegan a ser totalmente improductivas en los casos graves. García-Camba afirma que estas circunstancias les convierten en individuos «poco rentables».

Cuando se habla de obsesión por el orden los especialistas se refieren a los pacientes que pueden sentir una angustiosa necesidad de ordenar los objetos de su lugar de trabajo, de su vivienda de acuerdo con una rígida disposición milimétrica, por colores y tamaño, o según un patrón totalmente arbitrario. Y el simple hecho de que les cambien de sitio una lámpara, una silla, o cualquier otro objeto, puede provocar que se angustien en extremo; incluso pueden adquirir el hábito de vestirse o asearse siempre en un determinado orden, volviendo a empezar desde el principio si se salta algún paso. Estas conductas se denominan compulsiones. Generalmente, están precedidas por pensamientos obsesivos de tipo mágico. Por ejemplo, «si no me visto en este orden ocurrirá una desgracia». Estos pensamientos generan una gran ansiedad, que se reduce con la conducta compulsiva de orden.

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