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Manías y rarezas

La propia manera de actuar casi nunca es percibida por uno mismo como rara

¿Se lava continuamente las manos? ¿Tiene una preocupación excesiva por la suciedad? ¿Comprueba una y otra vez que ha cerrado el gas antes de salir de casa? Todas estas son actitudes que algunos profesionales califican de meras rarezas y manías, mientras que para otros alcanzan la categoría de patologías. ¿Dónde está el límite? Diferentes expertos aseguran que cuando una persona comienza a repetir acciones rutinarias de manera obsesiva, la manía puede transformase en una patología que debe ser tratada por un especialista. Aunque la lista es casi interminable, las manías más habituales están relacionadas con la limpieza, el orden y la propia seguridad.

Manías frecuentes

Este tipo de rituales, pequeñas obsesiones o manías que tenemos todos no suponen mayor problema, a no ser que se conviertan en una enfermedad. La profesora de Terapia de Conducta de la UNED, que cree que es difícil asociar las manías a un patrón de comportamiento, reconoce tener la costumbre de revisar siempre las llaves de la luz, el agua y el gas antes de salir de casa.

El ejemplo expuesto por la psicóloga nos sirve para entender cuándo una manía, entendida en su acepción popular, puede convertirse en un trastorno obsesivo compulsivo: “Es normal que una persona que tiene el hábito de comprobar que no se deja la llave del gas abierta o las luces encendidas al salir de casa lo ‘chequee’ una vez antes de cerrar la puerta de su casa, y que si no lo ha hecho, o no está segura, se vuelva y lo revise para quedarse tranquila. Sin embargo, cuando alguien necesita hacer esto mismo 5 ó 6 veces para salir de dudas y ya no le importa ni siquiera llegar tarde por repetir la rutina una y otra vez, la manía habrá comenzado a interferir en su vida y se habrá convertido en algo patológico”.

Este tipo de conductas rituales y repetitivas que llamamos manías no suelen tener una finalidad, sin embargo, el mero hecho de ponerlas en práctica aplaca la ansiedad de quien las ejecuta. Hay tantas manías como personas maniáticas, pero podemos ver cuáles son las manías más comunes y cómo la mayoría pueden clasificarse dentro de algunos de los apartados que se enumeran a continuación:

  • Manías referidas a la limpieza, la higiene y la escrupulosidad que se relacionan con la sensación de vulnerabilidad:
    • Aversión hacia las propias secreciones del cuerpo.
    • Aseo individual extremo con lavado repetitivo de las manos o los dientes.
    • Arreglo personal de modo ritual.
    • Preocupación excesiva por la suciedad y los microbios.
    • Desagrado exagerado hacia la contaminación ambiental con la puesta en práctica de rutinas para eliminar contaminantes.
    • Inquietud por la posibilidad de ponerse enfermo que lleva a tomar exageradas medidas para evitar el contagio.
    • Desasosiego por pensar continuamente que personas cercanas pueden contraer una enfermedad.
    • Obsesión por la higiene doméstica.
    • Necesidad de lavar y limpiar.
  • Manías que conciernen al orden:
    • Cada cosa en su sitio y un lugar para cada cosa. El orden se convierte en algo fundamental en la vida y el mero hecho de que alguien desordene, por ejemplo, unos CDs organizados alfabéticamente puede desencadenar un conflicto.
    • Colocación de objetos simétrica y milimétricamente.
    • Preocupación por contar o numerar todo.
  • Rituales repetitivos de comprobación que atañen a la seguridad:
    • Necesidad de confirmar que puertas, ventanas y cerraduras de casa o de los coches están cerradas. Lo mismo con las luces, los grifos, el gas etc.
    • Preocupación constante y necesidad de constatar que no pasa ni pasará nada malo.

Además de todas estas peculiares costumbres que se ejecutan de forma reiterada, existen otras muchas que se relacionan con el empeño de alcanzar el perfeccionismo en el trabajo. Según la psicoterapeuta Díaz García, este tipo de manías afecta sobre todo al sexo masculino ya que su origen se apoyaría en la necesidad de obtener éxito profesional. Y no es que existan manías masculinas y femeninas pero “la manía de limpieza es más frecuente en la mujer; el perfeccionismo, en el hombre, aunque la incorporación social y laboral de la mujer, en igualdad de condiciones que el hombre, está cambiando este patrón cultural”, opina Fabricio de Potestad.

En este mismo capítulo podrían entrar los caprichos y antojos arbitrarios; los miedos producidos por un peligro real, imaginario o, incluso, inconsciente, así como las supersticiones.

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