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Nuevas claves para entender la hipertensión

La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, pero falta consenso sobre la eficacia de los tratamientos y de las estrategias para garantizar su cumplimiento

El control de la hipertensión arterial continúa siendo uno de los grandes campos de batalla en la lucha por reducir riesgos cardiovasculares. Pero aunque la opinión más extendida sigue siendo que un control adecuado de la presión sanguínea ha contribuido en los últimos años a un más que notable descenso de infartos cardíacos y de ictus cerebrales, no todo está dicho ni mucho menos todos los especialistas están de acuerdo con los beneficios que se están extrayendo de los últimos tratamientos. Así se ha visto en la Reunión Científica Anual de la Sociedad Americana de Hipertensión (ASH) que CONSUMER EROSKI ha seguido en directo desde Nueva York.

El efecto de la religión en los hipertensos

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El estudio de mayor tamaño jamás realizado sobre población afroamericana ha puesto de relieve que los individuos que practican liturgias religiosas y siguen preceptos espirituales tienen una presión sanguínea significativamente inferior a la de afroamericanos más agnósticos o materialistas.

Las conclusiones emergen del Jackson Heart Study, un estudio epidemiológico que, con 5.302 pacientes reclutados, supone el mayor esfuerzo de investigación de salud en la población afroamericana de EEUU. El estudio, presentado en la reunión de la ASH, ha dejado boquiabiertos a propios y extraños. Aunque el peso de la religión y la espiritualidad siempre se ha considerado desde el punto de vista emocional, y por consiguiente como un factor protector en determinadas circunstancias, jamás se había visto traducido en un resultado fisiológico. De acuerdo con los resultados que se han presentado en Nueva York, religión y espiritualidad también ejercen una influencia positiva sobre la hipertensión arterial.

Sharon Wyatt, investigadora de la Universidad de Mississippi y coordinadora del proyecto, ha explicado que el Jackson Heart Study quiso indagar en por qué hay tantas disparidades entre los afroamericanos en cuanto a salud cardiovascular. «Una de las [diferencias] más abismales tiene que ver con el hecho de que individuos con un índice de masa corporal semejante registran valores de hipertensión muy distintos», señala. «Ahora creemos haber dado con una respuesta».

Las prácticas religiosas podrían jugar un efecto paliativo sobre el estrés, según un estudio presentado en la reunión de hipertensión de Nueva York

Según las estadísticas, los participantes del estudio que seguían ritos religiosos y acudían periódicamente a misa registraban valores de presión arterial significativamente por debajo de los de quienes no incluían dicha rutina en sus quehaceres.

La explicación «más sensata» a este fenómeno, interpreta Wyatt, podría ser «el efecto paliativo sobre el estrés» que las liturgias ejercen sobre esta población. Un efecto «beneficioso y apaciguador» del que los individuos que no profesan ninguna creencia o espiritualidad quedarían privados.

La ponente subrayó ante los expertos congregados en esta cumbre de hipertensión arterial que el poder estadístico de los datos recogidos aporta escaso margen a la duda y que, paradójicamente, los individuos más religiosos ostentan también características físicas que harían pensar en una mayor hipertensión: tienen más años y son más obesos. Sin embargo, su presión arterial «es menor».

Entre las variables consideradas en el estudio destacan aquellas que tienen mayor peso en la vida diaria. En la población afroamericana de Estados Unidos, esto implica valorar aspectos como la asistencia regular a la iglesia, ver programas de televisión religiosos, la práctica individual de plegarias o técnicas de meditación espirituales o la integración de las creencias en la toma de decisiones diarias. A este paquete se unió el examen de los antecedentes de hipertensión familiares o los de cada participante reclutado, además de valores fisiológicos asociados a los niveles de estrés, demográficos, sociológicos e incluso psicológicos.

La conclusión, en forma de chascarrillo, que circula entre los asistentes al congreso de hipertensión de Nueva York, parece obvia. A partir de ahora, además de recomendar una dieta sana y equilibrada y algo de ejercicio físico, a muchos médicos no les quedará más remedio que proponer a sus pacientes que recen un poco.

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