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Obsesión por la pareja

Lo más característico de este tipo de enamoramiento es el temor patológico a romper con la pareja y a vivir en soledad

Nerviosismo, sudor, un nudo en el estómago… Son algunos de los síntomas clásicos del enamoramiento, un sentimiento que la mayoría de las personas experimenta alguna vez a lo largo de su vida. Entre los más comunes destaca el de querer pasar con la persona querida el mayor tiempo posible. Ahora bien, en ocasiones ese deseo se convierte en una obsesión incontrolada. Los expertos dicen que este amor dependiente y patológico se debe a un terrible miedo por perder a la pareja. Un temor que afecta al 10,8% de las mujeres y al 8,7% de los varones, que afirman ser dependientes emocionales. ¿Dónde está el límite entre el amor ‘controlado’ y la ‘obsesión desmedida’ por la pareja?

Miedo a la soledad

Las personas muy dependientes viven para el amor. Según Carlos Sirvent, “viven por y para una obsesión fijativa”, porque asegura que no es una obsesión en la que el otro tenga protagonismo, ya que una persona obsesionada por el amor no quiere al otro o la otra sino a una imagen, a una sublimación de la imagen del otro. “Es una pseudoidealización, es obsesiva, intolerante, acompañada de sentimiento de estar atrapado y atado en la relación y, al mismo tiempo, atrapan ellos al otro. Es lo que se conoce como apego patológico o atadura patológica”, precisa.

Según afirman los expertos aquí consultados, esta adicción se da principalmente en las mujeres, quienes tienen una dependencia emocional más fuerteEsta adicción se da principalmente en las mujeres, quienes tienen una dependencia emocional más fuerte “El adicto o adicta al amor -indica el psiquiatra- se enamora de una y otra persona, pero no cierra las relaciones. Está enamorado o enamorada de todas las parejas. Va de flor en flor y la persona se queda prendada y fracasada en todas las relaciones. Es un fracasado relacional y esto hace que repita con sucesivas parejas comportamientos similares sin llegar a conocer a la otra persona. Proyectan en la otra persona lo que buscan, pero en el fondo desconocen a la persona de la que creen estar enamorados”.

Lo más característico de este tipo de enamorados o enamoradas es su miedo a estar solos y el profundo dolor que les produce la ruptura con su pareja, hasta el punto de quedar, según Sirvent, “marcado a fuego el dolor por la pérdida”. “El miedo a la pérdida, a la soledad, es algo que no soportan. Viven tan sometidos a la proyección de esa imagen que para no perderla son capaces de humillarse, de entregarse a la otra persona, de coger el teléfono móvil y llamar constantemente”, detalla.

El psicólogo Jorge Castelló también confirma el “gran terror” que las personas dependientes sienten, a la par que una baja autoestima y una necesidad afectiva muy fuerte, que es lo que les obliga a buscar una pareja que satisfaga esta necesidad. Confirma que se trata de personas muy sumisas, que buscan continuamente agradar a sus parejas y siempre tienen la sensación de que la relación se puede romper. “Son muy inseguras en cuanto al mantenimiento de la misma, porque la necesidad afectiva de la otra persona es muy grande. Además, cuando no tienen una relación la obsesión se concentra en la pareja anterior, a la que pueden continuar bombardeando con mensajes, llamadas o incluso encuentros sexuales, o bien se obsesionan por otra persona que entienden podría ser un buen candidato”, explica Castelló para referirse a una situación en la que la persona dependiente suele tener preferencia por las parejas egoístas, distintas, muy seguras de sí mismas e incluso hostiles. “En definitiva, personas a las que encumbran por ser consideradas muy distintas al resto y que precisamente son lo contrario de lo que son ellos mismos”, afirma.

Para este experto la felicidad sólo existe en las primeras fases de la relación, cuando se da un proceso de mucha euforia y la pareja muestra lo mejor de sí misma. Sin embargo, recalca que esta situación “dura muy poco” y que el desequilibrio entre el dependiente y su compañero genera un gran deterioro. “No obstante, lo que más teme el dependiente no es dicho deterioro sino la ruptura, por nefasta que sea la relación”, insiste.

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