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Alergia a los ácaros

En los países desarrollados la higiene contribuye a que el sistema inmunológico se haga perezoso y a producir anticuerpos que propician la alergia

Deterioro de la calidad de vida

En un niño menor de cinco años, más de tres catarros seguidos con pitidos en el pecho debe inducir a la sospecha. Lo mismo ocurre en adultos que presentan cuadros de asma más de una vez a la semana. Tanto el asma como las molestias que se producen en la nariz pueden ocasionar serios trastornos en la vida del paciente.

Ya hay, dice el doctor Subiza, cuestionarios especializados en determinar cómo estas afecciones (asma y rinitis por alergia a los ácaros) afectan la calidad de vida, pudiendo ser incluso más molestos que una úlcera de estómago. La rinitis persistente, por ejemplo, influye en el descanso nocturno y ello repercute considerablemente en la escuela en el caso de los niños, y en el trabajo en el de los adultos.

Hasta en las relaciones sociales se producen trastornos. Cuando el paciente es un adolescente, el moquillo, la nariz obstruida y la voz gangosa se convierten en elementos que dificultan la interrelación. “Es un problema más serio de lo que parece”, asegura el médico Subiza. Cuando se trata de niños, se dan ocasiones en que los padres no reconocen la presencia de la rinitis o los pequeños no dicen nada aunque su descanso se vea interrumpido. “Y el niño puede llegar a acostumbrarse a ese tipo de vida”, señala Subiza.

Reproducciones en primavera y otoño

Los ácaros son arácnidos microscópicos de tamaño inferior a 1 milímetro. Existen, según la doctora Pilar Barranco Sanz, facultativa especialista de área del servicio de alergología del Hospital de La Paz de Madrid, 30.000 especies distintas de ácaros, aunque se calcula que podrían sobrepasar el millón. Los ácaros huyen de la luz y se alojan de forma natural en el polvo de las casas -especialmente en colchones, almohadas, tapices y alfombras-, y en lugares donde se guardan granos, heno, pienso y harinas.

El mapa acarológico de España, dice la doctora Barranco, señala que en este país la especie más importante es el dermatophagoides teronissinus, el que con mayor frecuencia se halla en los hogares españoles. Los ácaros se concentran, sobre todo, en zonas de mucha humedad y con temperaturas cálidas. La mayor incidencia de ácaros se da en las áreas del Mediterráneo, el Cantábrico y el Atlántico. No es frecuente encontrar esta patología en las zonas internas de la península. Las épocas propicias para la reproducción de estos arácnidos son la primavera y el otoño.

Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, (SEAIC) uno de cada cinco habitantes -unas 8 millones de personas- padece algún tipo de alergia. Otro estudio que llevó a cabo esta organización en 1992 detectó que entre el 10% y el 30% de la población española alérgica era hipersensible a los ácaros. Estos porcentajes variaron así por comunidades: 69,5% en Canarias, 56% en Galicia y Asturias, 34% en Cataluña y Baleares, 37% en Valencia, 28% en la región sur y 27% en el cantábrico.

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