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Deformación del cráneo o craneosinostosis

Se soluciona fácilmente con una detección temprana y cirugía durante el primer año de vida

Uno de cada 2.500 niños nacidos en el mundo sufre de craneosinostosis o deformación del cráneo. En España, son 100.000 niños con esta patología, que en los peores casos puede llegar a provocar vómitos, crisis convulsivas, aumento de la circunferencia de la cabeza y retraso en el desarrollo. Los especialistas, ante la extrema preocupación de los padres, aconsejan no alarmarse y que el niño se someta a una sencilla operación durante su primer año de
vida, porque si no se corrige este mal las consecuencias pueden agravarse: aparición de deformaciones severas y permanentes que pueden afectar al ojo o al oído de la zona dañada, dar lugar a un aumento de la presión intracraneal que provoque convulsiones, e incluso ceguera.

La importancia del diagnóstico

¿Cómo se reconoce esta enfermedad? No siempre es fácil dado que sus síntomas pueden parecerse a los de otros muchos problemas de salud. Tampoco en todas las ocasiones es posible detectar las anomalías antes del nacimiento del niño, porque aunque “se puede valorar en las ecografías del tercer trimestre”, como señala el doctor Bravo, el diagnóstico prenatal no siempre posibilita la detección de malformaciones en la cabeza del bebé. Por ello, es necesario que si el neonatólogo aprecia una asimetría craneal importante en los bebés, éstos sean remitidos a un equipo de expertos en neurocirugía pediátrica y, ante todo, evitar el error de esperar una mejoría espontánea. “Un diagnóstico tardío aumenta la deformación y complica seriamente el tratamiento corrector”, señala Álvarez Garijo, quien recalca la importancia de acudir al especialista siempre que se observen cambios anormales en la forma de la cabeza y la cara del niño.

A pesar de la relativa dificultad para reconocer esta enfermedad, existen una serie de síntomas que pueden aparecer asociados a la craneosinostosis:

  • Ausencia de la sensación normal de un punto blando (denominado fontanela) en el cráneo del bebé o desaparición temprana del mismo.
  • Somnolencia
  • Irritabilidad y llanto fuerte
  • Vómitos explosivos y dificultades para alimentarles
  • Aumento de la circunferencia de la cabeza
  • Crisis convulsivas
  • Ojos prominentes
  • Retraso en el desarrollo
  • Poco o ningún aumento del tamaño de la cabeza a medida que el bebé crece.

Pero no sólo es necesario tener en cuenta la aparición de estos síntomas a medida que el bebé crece, sino acudir con el niño a chequeos regulares, donde el pediatra podrá notar cualquier anomalía que presente la cabeza del bebé. En estas revisiones, el médico mide habitualmente la circunferencia de la cabeza y palpa el cráneo del niño, según indica el doctor Bravo. Además de este examen, si se observa algo extraño, el pediatra debe realizar una radiografía del cráneo y remitir al niño a un genetista o un neurocirujano. Los expertos estudian cada caso de manera específica y, tras su evaluación, deciden la solución idónea para cada tipo de craneosinostosis, que “en el 90% de los casos pasa por la intervención quirúrgica”, según señala el doctor Ramos. También es importante -como señala el genetista- realizar un estudio genético de los padres cuyos hijos padecen esta enfermedad, ya que dicho análisis permitirá conocer qué tipo de craneosinostosis sufre y facilitará su posterior tratamiento.

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