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Dolor de pies

La herencia juega un papel muy importante en las deformidades podológicas

Etapas

Los huesos de los pies son los que más tardan en adquirir consistencia u osificarse. De hecho, el escafoides no se forma hasta los cuatro o cinco años de edad, mientras que el calcáneo lo hace entre los ocho y los doce. Es necesario, por lo tanto, tener especial cuidado en los primeros años de vida del niño, ya que existe mucho tiempo para que adquiera vicios en el pie y algunos podrían incluso modificar su correcta formación ósea y provocar una patología posterior.

De 0 a 6 meses

Coincidiendo con el crecimiento y maduración del bebé, los pies comienzan también a adoptar su forma, por lo que no se debe descuidar a los pequeños en esta etapa porque de ello dependerá el futuro desarrollo de sus extremidades. Vigilar la posición y las formas tanto de las piernas como de los pies es indispensable. “no es conveniente poner ropa pesada sobre el recién nacido o ajustarle demasiado las sábanas al dormir, pues no sólo limita los movimientos en los pies, sino que también puede provocar alteraciones torsionales posteriores”, aconseja Mónica Rebullida, diplomada en Podología y perteneciente al Colegio de Podólogos de la Comunidad de Madrid.

De 6 a 12 meses

Cuando el bebé comienza a desarrollar su independencia y su movilidad, es necesario que los progenitores eviten malas costumbres como intentar sentarle, forzarle a caminar o calzarle. Así, el hecho de que cuente con una fase previa de gateo le ayuda a controlar sus reflejos primitivos y desarrollar el equilibrio posterior, que le permitirá permanecer erguido.

“El gateo ayuda a madurar y fortalecer sus músculos tanto en miembros superiores, tronco y extremidades, como en miembros inferiores. Si ponemos un bebé que no sabe caminar en un andador, éste no puede sostener su propio peso, porque tanto las articulaciones del pie como del resto del cuerpo no están todavía preparadas para soportar tanto peso y se obliga a la columna a verticalizarse sin tener resistencia ni fuerza extensora”, advierte Rebullida.

Es por ello que los andadores
no están recomendados en estos casos, puesto que lo único que se conseguirá con ellos es que el pequeño se caiga en repetidas ocasiones.

De los 12 meses a la edad escolar

Cualquier alteración que se detecte en los pies debe ser tratada cuando el niño cuente con tres o cuatro años como máximo, antes de que la osificación concluya. Por ello, no se le debe calzar antes de que camine, siempre es preferible vestirle con calcetines de fibras que permitan respirar al pie e impidan el contacto de hongos o papilomas. Asimismo, los primeros zapatos deben ser de piel, preferiblemente de cabra, o de un material de alta flexibilidad, sin tacón ni entresuela y con abrochamiento alto, mientras que el corte de las uñas debe ser recto, con tijera recta, y concluir con el paso de una lima suave por el contorno.

Por último, hay que vigilar que la alineación de las rodillas y los glúteos sea simétrica, a la misma altura, así como la alineación de los dedos del pie y del talón, que podría estar hacia dentro o hacia fuera.

Adultos

El dolor de pies, junto con el de cabeza, es uno de los más frecuentes en los adultos. Se estima que el 90% de las personas lo ha padecido en algún momento de su vida y, sin embargo, es una de las afecciones a las que menos atención se presta. En este sentido, el presidente de la Asociación Española de Cirugía Podológica, Julio López Morales, asegura que cualquier calzado que no respete la fisiología y anatomía del pie resulta perjudicial para los miembros, sobre todo si presenta excesivo tacón y punta estrecha, “esto provoca la formación de callos y durezas como mal menor, y contribuye a la aparición de juanetes o dedos en garra”.

Por sexos, las deformidades son más frecuentes en las mujeres, en proporción de dos a uno, de manera que la patología en el pie afecta al 70% de las mujeres frente al 30% de los hombres.

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