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La distimia

Un 4% de la población sufre este tipo de depresión leve que se confunde fácilmente con el "mal carácter"

¿No soporta que lo más mínimo le contrarié? ¿Se enfada por todo? ¿Unas veces está abatido y otras no, de forma que sus reacciones son totalmente imprevisibles? ¿Se da cuenta de que su comportamiento está haciendo la vida muy difícil a quienes le rodean? Quizás lleve tanto tiempo así que ya muchas personas, e incluso usted mismo, crean que es “su forma de ser”. Pero tal vez padezca distimia, un trastorno psicológico muy frecuente para el que hay tratamientos eficaces. Y cuanto antes se ataje, mejores son los resultados. Por ello, los especialistas aconsejan a cualquier persona que se encuentre irritable y con altibajos en su estado de ánimo durante más de tres semanas consecutivas, tanto si conoce los motivos como si no, que acuda a un profesional de la salud o a un psicólogo.

Distimia y depresión

En sus inicios, depresión y distimia tienen mucho en común, pero es muy diferente su intensidad y su grado de incapacitación. Las personas con distimia siguen trabajando, “aunque vayan arrastrándose y cada tarea les parezca un mundo”, afirma el profesor de la UNED. “Por contra, una persona con depresión, a veces, no puede ni salir a la calle porque se echa a llorar”, remarca.

Otra de las diferencias, de acuerdo con Andrés López de la Llave, es que -según él- podría decirse que existen “circunstancias de la vida”, aunque no sean identificadas por el propio paciente, que desencadenan esta “depresión leve”.

Lo normal es que tras una desgracia familiar, un problema laboral etc. el ánimo se encuentre deprimido y se manifiesten ciertas emociones. Pero, tal y como expresa López de la Llave, “la diferencia entre las respuestas patológicas y las normales radica en su intensidad y en su duración”.

En cuanto a las causas de la distimia, este psiquiatra considera que “ninguna depresión es realmente endógena (orgánica, sin aparentes factores desencadenantes) ni reactiva (como respuesta a un incidente)”. Es decir, puede fundamentarse en razones objetivas o no, al igual que puede acontecer una predisposición genética, que se considera presente en un 30% de la población que tolera mal la frustración.

Esta frustración – explica el psiquiatra de la Clínica Quirón- no tiene por qué deberse a grandes traumas, puede corresponder a la acumulación de “pequeñas espinas” que irritan y molestan al paciente. Respecto a la importancia de esta depresión menor como enfermedad, Romeu considera que hay que evaluar el malestar que ocasiona en el paciente (insomnio, inseguridad…), en su rendimiento en el trabajo y en su convivencia. Además, las personas con distimia pueden padecer de episodios depresivos severos en algún momento de su vida, por ello algunos autores la consideran una “predepresión”.

El origen de la distimia es multifactorial; en ella entran en juego factores genéticos, bioquímicos y psicosociales que, además, interactúan entre ellos. Así lo entiende el doctor Carlos Martín Pérez, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria del Centro de Salud Marquesado de Granada, autor de un estudio epidemiológico sobre esta enfermedad.

Algunos autores apuntan que el número de mujeres que sufren de depresión grave y distimia es el doble que el de los hombres. El estudio del doctor Martín Pérez no halló una diferencia estadísticamente significativa entre hombres y mujeres. La única asociación independiente detectada en su investigación fue la “presencia de un apoyo social bajo, el haber sufrido un acontecimiento vital estresante grave y tener una autopercepción mala de la propia salud”.

A pesar de su capacidad perturbadora, la distimia no presenta normalmente síntomas psicomotores. Deriva de una situación de estrés continuado y se da en personas extremadamente autoexigentes, para las cuales cualquier situación se convierte en estresante, o en individuos sometidos a tensiones constantes.

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