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La distimia

Un 4% de la población sufre este tipo de depresión leve que se confunde fácilmente con el "mal carácter"

¿No soporta que lo más mínimo le contrarié? ¿Se enfada por todo? ¿Unas veces está abatido y otras no, de forma que sus reacciones son totalmente imprevisibles? ¿Se da cuenta de que su comportamiento está haciendo la vida muy difícil a quienes le rodean? Quizás lleve tanto tiempo así que ya muchas personas, e incluso usted mismo, crean que es “su forma de ser”. Pero tal vez padezca distimia, un trastorno psicológico muy frecuente para el que hay tratamientos eficaces. Y cuanto antes se ataje, mejores son los resultados. Por ello, los especialistas aconsejan a cualquier persona que se encuentre irritable y con altibajos en su estado de ánimo durante más de tres semanas consecutivas, tanto si conoce los motivos como si no, que acuda a un profesional de la salud o a un psicólogo.

Abordar el problema

El doctor Martín Pérez ha llevado a cabo recientemente un estudio de prevalencia de trastornos mentales en la comarca del Marquesado (Granada) en el que se concluye que un 4% de la población sufre distimia, lo que representa el 10% de todas las patologías mentales detectadas y la mitad de los trastornos afectivos. Los datos apuntan que éste es el trastorno mental aislado más frecuente.

La distimia se engloba dentro de las depresiones y éstas tienen una prevalencia estimada del 30% de las consultas de Atención Primaria, aunque su detección y tratamiento sólo alcance el 15% de ellas.”El médico de familia es la puerta de entrada al sistema sanitario, al menos en Andalucía”, confirma desde su experiencia Martín Pérez. Informes de la OMS llegan más lejos: sólo el 10% de estos pacientes llega a las consultas psiquiátricas especializadas, es decir, que el 90% son tratados por médicos generales.

Quienes padecen distimia no consideran su estado de ánimo como algo patológico; culpan a circunstancias desfavorables, al trabajo o a sus relaciones de pareja de su irritabilidad y, por ello no acostumbran a consultar su problema. Esta es la explicación, según el doctor Romeu, de que algunos pacientes sean “unos amargados” toda su vida y la causa de que desde su clasificación la distimia se haya asociado a problemas de personalidad. Pero otros distímicos sí llegan a las consultas.

Para el médico de familia, tal y como describe el doctor Martín Pérez, el seguimiento del paciente distímico no está exento de dificultades, debido fundamentalmente a su cronicidad y a la presencia en muchas ocasiones de rasgos de personalidad y factores psicosociales alterados. “Los pacientes se muestran muchas veces malhumorados, pesimistas en relación a la evolución de la enfermedad, y con una autoestima baja”. Cuando estos rasgos se asocian a malos resultados terapéuticos (generalmente apreciados subjetivamente por parte del enfermo y como parte de las cavilaciones y sentimientos de desesperanza que le acosan) pueden generar en el médico cansancio y rechazo. El médico de familia debe ser consciente de ello y evitar la inhibición en el tratamiento de estos enfermos, añade.

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