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Obesidad infantil

Aumenta de forma alarmante en los países occidentales en los últimos 15 años

Consejos a los padres para evitar la obesidad infantil

Todos los médicos coinciden en que la mejor manera de evitar la obesidad es recuperar los hábitos de vida saludables y hacer ejercicio físico. Pero, ¿cómo conseguir que los niños adquieran buenos hábitos? Los niños aprenden de dos formas: con las normas y por observación. «Los hijos necesitan normas en la alimentación como en todo lo demás. No se trata de ser estrictos, pero sí de tener unos criterios claros y aplicarlos. Debe haber unas normas que digan cuánto, cuándo y qué hay que comer, porque es lógico que los niños no entiendan por qué no deben comerse un bollo antes de la hora de la comida. Por eso es una tarea fundamental de los padres enseñarles a comer», aconseja la psicóloga.

Por otro lado hay que tener en cuenta que los hijos aprenden de lo que ven en casa. Así, los padres se convierten en los principales modelos a seguir y deben comer bien para que los niños les imiten. Tampoco pueden pretender que hagan mucho ejercicio si ellos llevan una vida muy sedentaria. Los especialistas aportan una serie de consejos para controlar mejor la alimentación de los hijos y evitar la obesidad:

  • Reducir al máximo o prohibir las chucherías, la bollería industrial y la comida basura. Que sean la excepción y no la norma.
  • Aumentar y estimular la actividad física y hacer deporte al aire libre una hora al día, como mínimo.
  • Siempre que sea necesario, el niño deberá seguir una dieta controlada por los médicos.
  • Quitar horas de televisión y de juegos sedentarios.
  • No saltarse ninguna comida: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena.
  • No sustituir los clásicos almuerzos de bocadillo por bollería industrial.
  • No hacer cenas rápidas de hamburguesas o pizzas y optar por algo un poco más elaborado o ensaladas.
  • Masticar despacio los alimentos.
  • Enseñar al niño a no compensarse ni gratificarse con la golosinas o chucherías.
  • Tener siempre a mano frutas y verduras para que el niño tengo fácil acceso cuando tenga hambre.
  • No dejar que desarrolle otro tipo de actividades mientras come (ver televisión o jugar con los videojuegos…).
  • Llevar una dieta equilibrada que siga la pirámide de alimentación.
  • No obligarles a comer mucho porque hay edades en las que se necesita menor cantidad.
  • Predicar con el ejemplo en todos los aspectos.

En algunos casos, la obesidad puede deberse a dificultades para controlar la cantidad de alimentos que se ingiere, es decir, niños que comen mucho y tienen escaso autocontrol. Para ellos puede ser adecuado un tratamiento psicológico de apoyo, como programas de modificación de conducta, que tendrán que aplicar los padres. «Con los adolescentes y preadolescentes es imprescindible tener en cuenta su motivación, por esta razón en ocasiones es necesario realizar un trabajo psicológico previo. En los casos extremos, los niños obesos pueden desarrollar problemas emocionales secundarios de cierta gravedad, como trastornos ansiosos y depresivos, que a la vez dificultan la disminución de peso. En estos casos es necesario tratar primero estos problemas asociados», concluye la doctora en psicología Natalia Landa.

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