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Rascado compulsivo

El paciente no puede evitar manipular la piel hasta producirse hemorragias y dolor para liberar su ansiedad

Mecanismo de liberación

El episodio de rascado compulsivo se puede desencadenar ante la manipulación de pequeñas irregularidades de la superficie cutánea (picaduras de insectos, granitos, una herida, acné…), o sobre piel normal. Lo primero que observa el dermatólogo es la lesión que se ha practicado el propio paciente, la herida, descamación, pigmentación o rugosidad en la zona. “Si no hay presencia de ninguno de estos síntomas es que no se rasca demasiado” comenta la responsable del servicio de Dermatología del Hospital Doce de Octubre de Madrid, Aurora Guerra Tapia.

Rodríguez Pichardo, jefe clínico del Servicio de Dermatología del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla, afirma que los dermatólogos reconocen un caso de rascado compulsivo con el nombre de “Excoriaciones neuróticas”. No obstante, el doctor matiza la utilización de este vocablo aclarando que “estos pacientes no son neuróticos en el sentido que tiene actualmente esta palabra”.

El psiquiatra Gabriel Rubio, jefe de Servicio de Psiquiatría Centro de Salud Mental Retiro de Madrid y la doctora Aurora Guerra, jefe de Sección del Hospital Universitario 12 de Octubre, coinciden en que el rascado compulsivo presenta algunas características similares con el cuadro de la tricotilomanía (el trastorno de arrancarse el pelo). La mayoría de estos pacientes, según Rodríguez Pichardo, sufre Trastorno Obsesivo-Compulsivo (T.O.C.), o bien son depresivos. A continuación presentamos, con la ayuda de estos tres expertos, algunas de las claves de este desorden:

  • La manipulación de la piel o el pelo se convierte en un mecanismo de liberación de la ansiedad.
  • Estos cuadros son mas frecuentes en mujeres que en hombres.
  • Se asocian a épocas de conflicto y frustración, como la adolescencia y la juventud, o los exámenes. También a etapas como la ancianidad.
  • Afecta más a quienes poseen algunas características de la personalidad como cierto carácter obsesivo, un alto nivel de autoexigencia o un carácter muy meticuloso y poco flexible.
  • La gravedad de este tipo de trastornos, que empeoran con la llegada de situaciones de tensión, se manifiesta en las lesiones que se produce el propio paciente.
  • Los dermatólogos normalmente son capaces de reconducir los casos más leves. Cuando hay heridas graves el especialista de la piel, por lo general, deriva a los pacientes hacia las áreas de salud mental. El psiquiatra emprenderá un tratamiento que puede durar unos seis meses hasta que el paciente aprenda a controlar sus deseos de rascarse.
  • La aparición de estrés psicosocial (muerte de un ser querido, conflicto conyugal, cambios en el trabajo…) precede a la exacerbación de las excoriaciones en un porcentaje de casos que varía entre el 30% y el 90%, según Rodríguez Pichardo.
  • Es difícil evitar las recaídas. “Quien sufre un trastorno compulsivo es como un adicto, que aunque esté curado se encuentra siempre en remisión”, explica la doctora Guerra. El paciente debe estar atento, procurar llevar una vida sana, eliminar el estrés en lo posible y ponerse en contacto con su médico en cuanto detecte que comienza el brote, porque será más fácil atajarlo.
  • La familia no debe reprender ni prohibir a quien padece este trastorno, sino intentar ayudarle y comprenderle.

Quien se rasca de forma compulsiva y se siente incapaz de renunciar a este hábito suele elegir una zona de su cuerpo hasta hacerse sangre. Normalmente es un hombro, una mejilla o el cuello. La duración puede ser de horas, puede ritualizarse tanto en el tiempo como en el lugar, por ejemplo en la habitación a la hora de acostarse. Tanto psiquiatras como dermatólogos aseguran haber visto cuadros alarmantes, “auténticas barbaridades”, y recuerdan casos de pacientes con verdaderas perforaciones en alguna de las zonas mencionadas o en piernas y brazos.

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