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Sexualidad y problemas cardiovasculares

Los pacientes con antecedentes de infarto o angina de pecho se sienten limitados en sus actividades sexuales, aún cuando la tasa de fallecimientos no aumenta significativamente

Una de cada tres muertes que se registra en España está directamente relacionada con las enfermedades cardiovasculares. Unas dolencias ligadas estrechamente a los modos de vida modernos y que tienen en su paciente tipo a un hombre de 40 a 60 años. Quienes las padecen sufren limitaciones físicas para realizar algunas actividades. Esta cuestión, unida a la extensión de falsos mitos y a la influencia de algunos fármacos, conlleva a que se tengan ciertos miedos a la hora de mantener relaciones sexuales. Sin embargo, el miedo que sienten muchos pacientes a los encuentros íntimos no siempre está justificado.

Cuándo retomar las relaciones sexuales

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Hoy en día se entiende que es el propio proceso de recuperación el que indicará al paciente cuándo puede volver a hacer una vida normal y, por tanto, a recuperar también la actividad sexual. Para ello, «el equipo vascular es el que debe llevar la batuta, aunque más tarde puede resultar conveniente acudir al sexólogo en pareja para reestructurar la intimidad e ir adaptando la vida erótica y la conducta amatoria», señala la sexóloga Abenoza.

Aunque el citado proceso de recuperación dependerá de la fuerza del infarto y de cómo haya quedado de lesionado el corazón, lo habitual es que el paciente pueda retomar la actividad sexual «a las dos o tres semanas del ataque», explica el responsable de la unidad de coronarios del hospital vizcaíno de Cruces, Juan Mari Irigoyen. El cardiólogo señala que una vez que el enfermo (la mayoría hombres de 40 a 60 años) supera la prueba de esfuerzo físico, está capacitado para mantener encuentros sexuales, ya que «ésta prueba se hace sobre niveles de esfuerzo máximos, superiores a los que son necesarios para practicar sexo». Irigoyen aclara que el infarto «no deja secuelas físicas a nivel sexual, sino que éstas son básicamente psícológicas».

Lo que sí puede provocar problemas de impotencia son ciertos medicamentos empleados en el tratamiento de las dolencias cardiovasculares. «Los nitritos y los hipotensores producen un descenso de la tensión arterial, y todo lo que baja la tensión arterial provoca también un descenso de la tensión sexual», especifica el experto, quien afirma que ésta es una cuestión «que preocupa mucho a los pacientes y por la que sí suelen preguntar cada vez con más valentía».

Dependiendo de la fuerza y extensión del infarto, habitualmente se puede retomar la actividad sexual a las dos o tres semanas

Para superar esta situación, Irigoyen apunta que es posible «reducir esa medicación» que afecta negativamente a la erección, y para ello recomienda a los pacientes «que hagan más sacrificio en todo lo que son las medidas generales, como reducir el consumo de sal o hacer ejercicio, lo que puede permitir reducir la medicación incluso hasta una cuarta parte, con lo que el enfermo mejorará no sólo su capacidad sexual, sino su nivel de vida en general». No obstante, para aquellos casos en que este tipo de medidas no sean suficientes, Irigoyen considera que aquellos medicamentos o pastillas para mejorar la erección, como Viagra®, pueden ser una solución válida, pero advierte de que deben adoptarse «siempre bajo prescripción médica, porque están totalmente contraindicados en el caso de pacientes que estén tomando otros medicamentos como los derivados de la nitroglicerina».

En cualquier caso, el cardiólogo apuesta decididamente por los programas de rehabilitación cardiaca para este tipo de pacientes. «En España aún no son muy apreciados, pero en otros países están mucho más instaurados». Estos programas, que ya existen en algunos lugares de nuestro país, como es el caso de Vizcaya, consisten en la realización de diversos ejercicios en un gimnasio especialmente acondicionado para este tipo de personas y bajo supervisión de médicos y psicólogos. «Son dos meses muy productivos en los que con la ayuda de especialistas los pacientes aprenden cómo tienen que hacer el ejercicio físico y se logra no sólo reducir la impotencia y el consumo de tabaco, sino que también aumenta la autoestima e incluso la reincorporación laboral de los pacientes», señala Irigoyen.

El responsable de coronarios del hospital de Cruces apunta que una vez que el paciente está capacitado para retomar su vida normal, «desde un punto de vista meramente cardiológico no es necesario que inicie otro tipo de terapias o tratamientos, aunque psicológicamente sí puede venirle bien el asesoramiento de profesionales de la sexología».

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