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Síndrome de Alienación Parental

Un tercio de las separaciones contenciosas provoca graves consecuencias para los hijos durante toda su vida

Más de 90.000 parejas se separan al año en España y en la mayoría de los casos los conflictos son la norma. Éste es el caldo de cultivo del Síndrome de Alienación Parental, un proceso que se caracteriza porque uno de los progenitores manipula a los hijos para que odien al otro. La venganza se encuentra detrás de esta conducta que afecta a una de cada tres parejas que afrontan una separación contenciosa y causa graves trastornos a los hijos durante toda su vida. Por otro lado, uno de los dos progenitores sufre las consecuencias de esta actitud dominante y engañosa por parte de la antigua pareja, hasta el punto de llegar a realizar denuncias falsas de abusos sexuales contra los hijos en común.

Denuncias falsas

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Una denuncia por abuso sexual a un hijo conlleva automáticamente la suspensión cautelar del régimen de visitas para el padre o la madre durante un periodo que oscila entre los seis meses y un año, además de suponer que al acusado no se le pueda conceder la custodia compartida. “Este hecho se da con mucha frecuencia en los casos de SAP e incluso es uno de los factores que lo avivan porque los niños ya no pueden comprobar que el otro progenitor no es tan malo como le cuentan, que se porta bien”, explica María Asunción Tejedor, psicóloga y autora del libro Síndrome de Alienación Parental.

“Los psicólogos deben realizar análisis de credibilidad para saber si el niño dice la verdad o ha sido inducido”

Urra relata cómo comienza esta situación: “Se dice que la ex pareja abusa sexualmente del niño o de la niña en el régimen de visitas, que hay tocamientos, siempre ligeros y sin penetración y, que por lo tanto, no pueden comprobarse. Muchas veces son puras exageraciones: dicen que se han dado tocamientos, pero la realidad es que el menor tiene cuatro años y el padre, en quien recae la mayor parte de las denuncias, la estaba bañando, por lo que se sacan las cosas de contexto. Esta situación hunde al otro miembro de la pareja y puede dañar mucho al niño, que puede no saber al final cuál es la verdad”.

En el proceso judicial los psicólogos forenses y los jueces se encuentran en el brete de tener que decidir en un caso tan polémico, en que se contraponen dos versiones. Los psicólogos realizan análisis de credibilidad para saber si el niño dice la verdad o ha sido inducido, y en denuncias puntuales se llega a aplicar el detector de mentiras a los adultos. “Está muy acreditado en los países anglosajones y cuando se aplica con las debidas garantías tiene un gran grado de fiabilidad y validez”, asegura Bronchal. Este experto denuncia que los jueces tienden a “seguir la inercia de sostener la custodia de quien ya la tiene con lo cual acaban siendo cómplices involuntarios de todo este proceso y son manejados a su antojo por el progenitor alienador”.

Como estas denuncias suelen ser falsas, no se condena a nadie, pero todo el tiempo de alejamiento transcurrido permite al progenitor alienador seguir inculcando en el niño el odio hacia su ex pareja. Por esta razón, cuando se produce el reencuentro, el niño se siente aterrorizado y no quiere ver al padre o a la madre que han sido acusados. En este punto, vuelven a intervenir los equipos psicosociales, cuya labor recibe durísimas críticas por parte del especialista Bronchal. “En la mayoría de los casos son un factor cómplice en la estrategia del alienador porque no están preparados y se aferran a un dogma: nunca hay que utilizar una terapia coactiva, es decir, que nunca se fuerce la voluntad del menor, cuando la experiencia cotidiana dice que si un hijo no quiere comer fruta o verdura, los padres le hacen comer o que si no le apetece ir al colegio, acaba en las clases”. Pero en este caso, “si el menor no quiere ver a su padre o a su madre, hay psicólogos que caen en la ingenuidad pueril de respetar ese deseo del niño”.

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