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Tricotilomanía o arrancarse el pelo

El estrés y la ansiedad favorecen la obsesión por arrancarse el cabello

La tricotilomanía o el trastorno de arrancarse el pelo afecta a casi cuatro de cada cien personas y, aunque no es una enfermedad muy común, sus consecuencias pueden derivar en trastornos psicológicos importantes que deben controlarse a tiempo. Los más perjudicados son siempre las mujeres y los niños, bien sea por presentar cuadros de estrés asociados con cambios hormonales o como respuesta a la presión de padres y profesores. Si la ingesta del cabello se convierte en una costumbre, las consecuencias se complican, con riesgos para el aparato digestivo.

Síntomas y consecuencias

Por lo general, las personas enfermas se comportan casi siempre de la misma manera. Momentos antes de arrancarse el pelo experimentan una tensión cada vez mayor, a la que sigue una sensación de “bienestar y gratificación” originada por la molestia que provoca el tirón capilar.

Posteriormente, existen varias alternativas. Así, mientras algunos juegan con el pelo haciendo bolitas, otros lo rompen en trocitos, hacen montones o, directamente, se llevan el cabello a la boca. “La sintomatología es la misma en niños y en adultos. Lo que hay que conseguir con ambos es transformar el control de los impulsos”, precisa María Jesús Mardomingo, jefe de la sección de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón.

Respecto a la edad, se trata de un trastorno que aparece con más frecuencia entre los tres y los siete años y que se detecta gracias a las zonas de calvicie que aparecen después de arrancarse el pelo. En el caso de los niños, estas áreas se concentran generalmente en la cabeza, ya que sienten menos vergüenza de que la gente les descubra, mientras que los mayores, con la intención de ocultar su problema, recurren a zonas menos visibles.

Se dan casos en los que el problema empieza arrancando el pelo a otras personas o animales y cabe la posibilidad de que el paciente presente otras manías como morderse las uñas o arrancarse las pieles de los dedos.

Consecuencias

Pese a que el enfermo puede empezar a arrancarse el pelo de manera casual y dar lugar a un trastorno pasajero, lo más habitual es que esta necesidad se vaya acrecentando con el paso del tiempo, de manera que el cabello, como consecuencia de los tirones, acabe presentando una imagen distinta, con apariencia de haber sido comido por polillas. “El problema estético que se crea es importante”, manifiesta Jerónimo Sáiz.

En el plano personal, las consecuencias también son visibles. “Los pacientes no se controlan en los tirones, así que acaban teniendo una deficiente imagen personal, unida a una baja autoestima. Se sienten avergonzados por esa manía de arrancarse el pelo y huyen de la gente para ocultarlo”, describe María Jesús Mardomingo. “Tiene mucha repercusión en el entorno social”, añade.

Ante esta situación, los enfermos suelen negar categóricamente su problema y tratan de esconder las calvas mediante la acción del maquillaje o la ayuda de un estilista, que les recomendará la mejor peluca.

A todo esto hay que sumar, además, la posibilidad de complicaciones digestivas derivadas de la ingesta de cabello. Un trastorno que se conoce como tricofagia y que afecta, sobre todo, a los más pequeños, caracterizado por la presencia de náuseas y vómitos, así como por la pérdida de peso.

La tricofagia está originada por la ingesta de todo el pelo o parte de él, de manera que si se consumen cantidades importantes es muy posible que se acaben desarrollando bolas de cabello que quedan atrapadas o retenidas en el estómago o los intestinos.

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