Una sustancia presente en el veneno del escorpión podría ayudar a combatir el cáncer

Este componente ha sido usado para hacer llegar sustancias radiactivas a las células cancerosas
Por mediatrader 5 de octubre de 2008

Una sustancia presente en el veneno del escorpión «Leiurus quinquestriatur», conocido vulgarmente como escorpión gigante amarillo, originario de Oriente Próximo, podría servir para tratar el glioma (cáncer cerebral) y otros tumores asociados a su metástasis, según los experimentos de científicos de la Universidad de Chicago (Estados Unidos).

La sustancia utilizada es un péptido presente en el cóctel de neurotoxinas que forma el veneno de este escorpión: el TM601. Su versión sintética no resulta tóxica para el ser humano y se combina con un receptor propio de algunas células tumorales, por lo que es capaz de actuar sobre ellas, según un artículo publicado en la revista «New Scientist».

Las pruebas con dicho péptido llevadas a cabo en cultivos de laboratorio, ya que no se ha pasado a la fase de ensayos en pacientes, demuestran una invasión de las células tumorales presentes en tejidos de mama, piel, pulmón y cerebro, manteniendo intactas las células sanas en esos tejidos. El TM601 se utiliza como vector o vehículo a través del cual se hacen llegar a las células cancerosas sustancias radiactivas. Los investigadores añadieron isótopos de yodo radiactivo con el fin de comprobar si el péptido podía descargar dosis letales de radiactividad en las células tumorales.

Los trabajos con diferentes venenos de escorpión como armas para combatir el cáncer no son nuevos, ya que las primeras investigaciones en este sentido datan de 1944 y desde entonces se han publicado un centenar de estudios. Entre los estudios más recientes en este campo destaca el llevado a cabo por una compañía de Massachusetts (Estados Unidos) que inyectó el pasado año el mismo péptido, el TM601, en 59 pacientes aquejados de tumores cerebrales en estado terminal. Todos ellos murieron, pero quienes recibieron las dosis más altas sobrevivieron una media de tres meses más que el resto. El Instituto de Neurocirugía del Centro Médico Monte Sinaí, en Nueva York, trabaja actualmente con la misma sustancia.