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Vigorexia

La obsesión por un cuerpo musculoso

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 27 noviembre de 2002

La insatisfacción por el propio físico conduce a la obsesión de muchos hombres por el músculo, lo que se conoce con el nombre de vigorexia. “Estar cachas” en el menor tiempo posible pasa de ser un objetivo a convertirse en un desorden emocional. El ansia por adquirir a toda costa una apariencia atlética puede llevar al consumo de sustancias perjudiciales para el organismo. Las consecuencias de este trastorno tienen su reflejo en la dieta, la salud y la conducta social de quienes lo padecen.

Medicamentos y dopaje

Impulsados por el deseo de estar bellos en el menor tiempo posible, quienes padecen vigorexia pueden caer en la tentación de doparse, a través de anabolizantes y esteroides, con el consiguiente riesgo para su cuerpo. “Existe una obsesión creciente, casi patológica, en dedicar una gran parte del tiempo libre a cultivar el cuerpo en los gimnasios. Si a ello unimos unas dietas inadecuadas y algunos medicamentos peligrosos, se producen graves efectos sobre la salud”, advierte Lartigau.

Se trata de sustancias que pueden provocar problemas de impotencia, crecimiento desproporcionado de las glándulas mamarias, acné, caída del pelo… y en los casos más extremos, problemas en el corazón y en el hígado. “Pero sólo si se toman en grandes dosis pueden producir efectos secundarios”, coinciden en afirmar Fran y Jon Ander, monitores en dos gimnasios de Bilbao. Ambos aseguran de forma rotunda que el dopaje es un campo exclusivo del deporte de alta competición y que un usuario normal tiene un total desconocimiento del asunto. “No saben diferenciar entre una proteína o un anabolizante”, concluyen.

Sin embargo, un informe de la Comisión Europea, publicado este mismo año, revela que un 6% de las personas que acuden a un gimnasio se dopan. Más de 20.000 centros en el viejo continente tienen inscritos más de 15 millones de clientes.

Muchos hombres pretenden ponerse cachas en un tiempo récord. “El 70% de la gente que viene al gimnasio me pide eso”, comenta Jon Ander. Pero esa meta inmediata no se alcanza, simplemente, a base de una tabla de ejercicios y de una dieta; necesitan un complemento. “Progresivamente se van tomando hormonas del crecimiento y anabolizantes que resultan perjudiciales”, afirma. Algunas de estas sustancias “puede matar”, alerta la doctora.

“A pesar del mencionado riesgo, es muy difícil convencer a los muchachos del peligro que corren, porque creen a pies juntillas lo que se les dice en los gimnasios”, dice Lartigau. “Todo comienza con la práctica deportiva. Se empieza en los gimnasios con el ejercicio y poco a poco la gente se va obsesionando”, subraya.

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