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Aragón coordina una investigación para buscar alternativas al uso del polietileno en la agricultura

Este material, que se utiliza para cubrir el suelo, es contaminante y su degradación tarda cientos de años

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 17 febrero de 2010
Un proyecto de investigación coordinado por el Departamento de Ciencia, Tecnología y Universidad del Gobierno de Aragón, a través del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA), tiene como finalidad ofrecer alternativas eficaces y rentables al uso de plásticos con polietileno en la agricultura. El polietileno, usado para cubrir el suelo del campo con objeto de evitar la aparición de las malas hierbas y reducir así la cantidad de agua de riego necesaria, es un material contaminante y su degradación tarda cientos de años.

Se trata de encontrar un material opaco que evite la entrada de luz al suelo, que se mantenga sin degradar el tiempo que el cultivo necesite y después se degrade y desaparezca. Además debe tener unas buenas propiedades físicas para ser colocado en el suelo sin sufrir roturas. El CITA de Aragón coordina esta línea de investigación en toda España con equipos de científicos de cuatro las comunidades autónomas de La Rioja, Navarra, Castilla-La Mancha y Cataluña.

Desde el año 2005 se han ensayado diferentes materiales biodegradables (pajas de maíz, arroz, cebada); diferentes plásticos biodegradables; diferentes papeles, y un fieltro de fibras textiles recicladas del yute utilizado para asientos de coche. Los resultados muestran que los distintos tipos de papel son los únicos capaces de evitar el crecimiento de una temida mala hierba, la juncia, que atraviesa todos los demás materiales, aunque son más difíciles de instalar en campo debido a las roturas. Los plásticos biodegradables tienen la principal ventaja de ser fáciles de instalar, pero la juncia los atraviesa y todavía no son competitivos desde el punto de vista económico.

El uso de polietileno es la técnica más extendida en la actualidad en España para la producción de tomate y otras hortalizas de industria. Su uso contamina el suelo ya que las cosechadoras se acercan mucho a la superficie y rompen el plástico en pequeños trozos. Ello dificulta el establecimiento de cultivos como espinacas o guisantes, que no toleran los restos que se mezclan con la cosecha y deprecian su valor. También llega a las vías de agua y, si se quema, a la atmósfera como gases tóxicos. Otros inconvenientes son el coste adicional de sacar el polietileno del suelo sin romperlo, unos 150 euros por hectárea, y la dificultad que presenta su reciclado, ya que suele estar mezclado con tierra y restos vegetales.

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