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Cambio de sexo en moluscos gallegos

En las costas gallegas abunda un molusco, el caracolillo multicolor, sobre el que en los últimos años viene apreciándose un fenómeno inesperado. Sus hembras desarrollan organos sexuales masculinos y pierden su capacidad de reproducción. El cambio forzado de sexo, que se ha evidenciado en otros moluscos, algunos de ellos comestibles, es fruto de una contaminación crónica debida al uso de biocidas en el casco de embarcaciones. De algún modo, supone el contrapunto a la contaminación aguda causada por una marea negra como la que está padeciendo Galicia.

Alteraciones del sistema endocrino

El imposex representa un caso paradigmático de la acción de un contaminante (el TBT) sobre la homeostasis y funcionamiento del sistema endocrino de un organismo (los gasterópodos). En los últimos años la comunidad científica internacional ha concentrado su esfuerzo en desentrañar los mecanismos de acción de los contaminantes que interfieren con el sistema hormonal. Su presencia supone un destacado y creciente problema ambiental puesto que a partir de la Segunda Guerra Mundial se ha liberado al medio un gran número y cantidad de ellos. En este contexto, el binomio TBT-imposex ha dejado de ser un fenómeno aislado para integrarse en una línea de investigación que persigue caracterizar los compuestos químicos que alteran el sistema endocrino de los organismos y descubrir su modo de funcionamiento. Esta línea de investigación se conoce como estudio de la alteración endocrina y más comúnmente, de la disrupción endocrina.

El término “disruptor endocrino” fue definido durante el European Workshop on Endocrine Disruptors que tuvo lugar en el Reino Unido (EPA Office of Research and Development 1997) como “sustancia exógena que causa efectos adversos sobre la salud de un organismo intacto o su progenie como consecuencia de cambios en la función endocrina mediante interferencia con la síntesis, secreción, transporte, unión o eliminación de hormonas naturales en el cuerpo responsables del mantenimiento de la homeostasis, reproducción, desarrollo y/o comportamiento”. Las consecuencias de la exposición fetal a estos compuestos pueden ser no reconocibles hasta la juventud del individuo, momento en el que se ponen de manifiesto las anomalías relativas al funcionamiento del sistema reproductor.

Un disruptor endocrino es una sustancia ajena al organismo que altera el sistema hormonal provocando desde cambios en la morfología hasta alteraciones en la descendencia o daño genético

El catálogo de disruptores endocrinos está experimentando un incremento constante y comprende desde productos químicos de síntesis hasta sustancias naturales, pero para que un compuesto sea considerado como tal debe causar una respuesta realmente adversa que exceda el rango normal de la homeostasis hormonal. En este contexto es preciso matizar el concepto de disruptor endocrino. Así, los compuestos químicos que son activos in vitro sin haberse probado aún si lo son in vivo, deben considerarse disruptores endocrinos potenciales. Análogamente, los moduladores endocrinos son compuestos que alteran el sistema hormonal produciendo cambios más subletales y menos dramáticos que los disruptores.

Aunque los efectos varían de una especie a otra y son específicas de cada sustancia química, pueden formularse cuatro enunciados generales: (a) los efectos de los contaminantes pueden ser distintos sobre el embrión, el feto, el organismo perinatal o el adulto; (b) los efectos se manifiestan con mayor frecuencia en la progenie que en el progenitor expuesto; (c) el momento de la exposición en el organismo en desarrollo es decisivo para determinar el carácter, la gravedad y su evolución; (d) aunque la exposición crítica tenga lugar durante el desarrollo embrionario, las manifestaciones pueden no ser evidentes hasta la madurez del individuo.

Numerosos estudios han asociado diversas patologías observadas en distintas especies animales con la exposición a disruptores endocrinos. Como ejemplo cabe destacar: alteraciones de la función tiroidea en aves y peces; disminución de la fertilidad en aves, peces, moluscos y mamíferos; disminución de la eficacia en el proceso de incubación en peces, aves y tortugas; desmasculización y feminización de peces machos, aves y mamíferos; desfeminización y masculización de hembras de peces, gasterópodos y aves; alteraciones del sistema inmune en aves y mamíferos y alteraciones en el comportamiento reproductor. De todos ellos, el TBT es el único compuesto que de verdad tiene un probado efecto de disrupción endocrina que afecta a las poblaciones y se conoce desde mucho antes que cualquier otro xenobiótico.

Efectos en humanos


Uno de los principales motivos que justifican la creciente atención que se ha prestado desde todos los ámbitos de la sociedad a los disruptores endocrinos es el efecto que éstos podrían estar provocando en la especie humana. De hecho, en los últimos años, los estudios médicos han detectado un deterioro de la salud reproductora humana en los países más industrializados. Los síntomas incluyen una caída importante en el recuento espermático así como una inferior calidad del esperma en países como Dinamarca, Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Holanda y Cánada (si bien las diferencias interregionales parecen ser muy importantes).

Por otra parte, se ha producido un incremento de la incidencia de alteraciones en el desarrollo del aparato genitourinario donde enfermedades como la criptorquidia (no-descenso testicular) e hipospadia (malformaciones del pene) son cada vez más frecuentes. Otros síntomas atribuidos a los disruptores endocrinos son las alteraciones funcionales del desarrollo sexual como menarquia precoz (presentación menstrual en edades tempranas), el aumento en la incidencia de ovarios policísticos en mujeres y de enfermedades hasta ahora poco conocidas como la endometriosis, el incremento en la incidencia de cáncer en órganos hormono-dependientes (mama, próstata, testículo y ovario) y alteraciones en el desarrollo físico y mental de los niños. Se ha sugerido que existe una componente medio ambiental en la génesis de estas enfermedades. Además, el hecho de que tengan una causa hormonal y coincidan con los datos referidos en especies animales fortalece la hipótesis de su posible asociación con los disruptores endocrinos.

Si bien todo parece apuntar hacia los disruptores endocrinos como principales causantes de todas estas anomalías, las pruebas que vinculan de manera inequívoca causa y efecto son escasas en muchas situaciones, sobre todo en la especie humana. Lo novedoso de este campo de la ciencia conlleva que existan muchos aspectos por descubrir por lo que es preciso un gran esfuerzo en investigación. Por todo ello, cuando la evidencia científica es insuficiente, el Principio de Precaución se ha convertido en un instrumento de decisión. Los datos medio ambientales y epidemiológicos obligan a considerar con cautela la hipótesis de los disruptores endrocrinos y a tomar medidas preventivas en cuanto a exposición.

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