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Dioxinas en alimentos: el control del riesgo

Dioxinas en alimentos: el control del riesgo

La dioxina como sustancia química tóxica apareció de forma pública, contundente y nefasta en 1976, en el conocido accidente de Seveso (Italia). La liberación de importantes cantidades de dioxinas por parte de una empresa farmacéutica afectó gravemente a decenas de miles de personas.

La cuestión de las dioxinas y su posible presencia en la alimentación animal se torna de gran interés si tenemos en cuenta que esta producción ocupa un lugar muy importante en la agricultura de la Comunidad, y que la salud de los consumidores, la situación económica de los ganaderos, el bienestar de los animales y el medio ambiente dependen en gran medida de la utilización de piensos adecuados, seguros y de buena calidad. La regulación de la alimentación animal es, por tanto, un factor esencial para garantizar la productividad de la agricultura y la sostenibilidad, así como para poder garantizar la salud del consumidor y el bienestar de los animales.

El legislador europeo reconoce que las materias primas destinadas a la alimentación animal pueden contener sustancias o productos indeseables, como por ejemplo las dioxinas, capaces de perjudicar a la salud animal o a la salud humana dada su presencia en los productos de origen animal. Las autoridades alimentarias y de sanidad son conscientes de que la presencia de estas sustancias y productos no es posible excluirla totalmente. Por ello, resulta imprescindible reducir su contenido en aquellas materias primas destinadas a la alimentación animal. Esta reducción deberá tener en cuenta el grado de toxicidad de la sustancia, su bioacumulabilidad y su biodegradabilidad, y de esta forma impedir la aparición de efectos indeseables y nocivos para la salud humana. La normativa, que regula el control y la presencia de estas sustancias en alimentación y los valores límites admitidos, debe ser modificada en relación a los avances y conocimientos técnico-científicos.

El control y la vigilancia de la alimentación animal, de los aditivos alimentarios y de la emisión de sustancias nocivas al medio ambiente son imprescindibles para garantizar la seguridad y la salubridad de los alimentos. Los hechos acontecidos en el último decenio en Europa nos han demostrado que la utilización de sustancias indeseables para la alimentación animal puede ser causa directa de perjuicio para la salud de los consumidores. En la crisis de las “dioxinas belgas”, que afectó a numerosos productos alimenticios, se determinó como causa probable los aceites industriales procedentes de transformadores eléctricos -en cuya composición figuran los PCB (policlorobifenilos), incorporados a las grasas de los piensos de alimentación animal.

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