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La confianza y la seguridad en el consumo de alimentos

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  • Fecha de publicación: jueves 23 enero de 2003

El consumidor español se muestra razonablemente confiado en la seguridad de los alimentos. Así se constata en el Barómetro del Consumidor 2002, la macroencuesta de Fundación Grupo Eroski en la que, por segundo año consecutivo, se analizan las percepciones de los consumidores españoles en distintas áreas de consumo. En lo que a alimentos se refiere, la confianza es más alta cuanto más “natural” y menos manipulado sea el producto. Mejora la posición de la carne y el grado de seguridad general es satisfactorio pero con matices: en marcas es aceptable, aunque muy variable; en los comercios es buena y los restaurantes rozan el notable, pero los de comida rápida suspenden.

Las conclusiones del Barómetro


  • El grado de seguridad y confianza en los alimentos y en el comercio alcanza el notable, mientras que las marcas consiguen un aceptable y los restaurantes y similares, un escueto aprobado.

  • La confianza en los alimentos es notable, similar a la confianza del Barómetro de 2001, pero con un claro potencial de mejora.

  • La confianza en los diversos alimentos se divide en dos grandes grupos: los “más naturales” o que aparentemente incorporan menos tratamiento (frutas y verduras, leche, productos ecológicos y con D.O.), que alcanzan un nivel notable; y los más “manipulados” (transgénicos, comida pre-cocinada, comida lista para consumir ) junto con la “comida típica de hamburgueserías” que suspenden claramente en confianza. Entre ambos grupos, con un nivel aceptable, se sitúan los alimentos congelados y los enriquecidos.

  • Las carnes (más las sin marca que las que la poseen) han mejorado sensiblemente en su confianza respecto a 2001, superándose el efecto de la crisis de las vacas locas. También han mejorado los productos con D.O. En cambio, retrocede la confianza en los alimentos enriquecidos.

  • Las diferencias en la confianza según segmentos de consumidores no son muy acusadas: las Mujeres confían algo más que los Hombres y los Jóvenes algo más que los Mayores.

  • Por zonas geográficas, País Vasco y Navarra lideran el ranking de la confianza en los alimentos, que cierra Canarias.

  • En los alimentos más elaborados o “industrializados” se aprecia un considerable descenso en la confianza conforme avanza la edad.

  • La seguridad ante el consumo de alimentos discurre de forma paralela a la confianza, si bien tanto los mayores como los ciudadanos de inferior status muestran una seguridad netamente superior.

  • El año pasado se produjeron en España relativamente pocos problemas sanitarios (se identificaron como tales en el 7% de los hogares) relacionados con el consumo de alimentos. La incidencia es algo menor cuanto más joven o de superior status es el consumidor.

  • La confianza en las marcas en general, las de toda la vida y las de mayor prestigio alcanzan el notable, mientras que las marcas blancas y las más nuevas se quedan en un aprobado. Las marcas más baratas suspenden en confianza.

  • En los comercios la confianza llega al notable, con cierta ventaja de la distribución tradicional (mercados y tiendas) a la moderna (supermercados e hipermercados).

  • Los restaurantes en general rozan el notable, pero los especializados en comida rápida merecen, a pesar de su gran afluencia y de su éxito comercial, un rotundo suspenso en confianza: el consumidor desconfía de ellos.

  • Sólo en los restaurantes de comida rápida las diferencias, según el segmento de consumidor que opine, alcanzan una magnitud relevante: los jóvenes desconfían bastante menos que los demás segmentos.

  • Las expectativas en la evolución de la confianza que depara el consumo de alimentos pueden considerarse neutrales, apostando una gran mayoría de la población por la continuidad. El resto se divide a partes iguales entre los que creen que su confianza será mayor el próximo año y los que piensan que será menor.

  • Los indicadores de confianza alimentaria alcanzan un valor casi notable para el comercio (ICC) y los alimentos (ICA); algo menos para las marcas; y sensiblemente menos para la restauración, que oscila, según segmentos, entre el suficiente raspado y el suspenso.

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