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La fiebre aftosa no ha alterado las previsiones turísticas en España

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 11 abril de 2001
En un año sin problemas, entre los meses de marzo y abril, en estos centros pernoctan unas 350.000 personas y se sirven cerca de medio millón de cenas. Pero en este curso, incluso los establecimientos que no se encuentran en la zona más afectada sufren una importante cancelación de reservas, pese a que algunos de ellos en su página en Internet dejen bien claro que su zona no se encuentran afectada por la fiebre aftosa.

Pese a los problemas derivados de las crisis en la cabaña ganadera, el turismo rural a nivel internacional continúa su lento pero progresivo incremento. España no es una excepción. Según diversas estimaciones, esta fórmula turística movió el pasado año en nuestro país más de 35.000 millones de pesetas, una cifra que debe desglosarse tanto en concepto de gasto directo como indirecto: además de pagar el alojamiento, los turistas rurales compran el pan, comen en restaurantes de la zona, acuden a centros de ocio o cargan el depósito de gasolina.


Sin efectos

Las reservas de alojamientos en centros de turismo rural españoles no han experimentado merma alguna en los últimos meses. Ni la fiebre aftosa ni la alarma social creada por los casos de vacas locas parecen haber hecho mella en lugares que, como en el Reino Unido, dependen en buena medida de una oferta basada en productos naturales o en contacto cercano con explotaciones ganaderas de tamaño pequeño o mediano. Tanto es así que muchas de las casas rurales españolas tienen ya colgado el cartel de completo para el mes de agosto, aunque todavía hay posibilidades de encontrar algún hueco en función del punto de destino.

Para algunos que practican este tipo de turismo se trata de una vuelta a las raíces, para otros huir de las aglomeraciones típicas de las vacaciones de verano y para otro tanto es encontrarse en plena naturaleza, respirar aire puro y conocer algo más sobre las diferentes zonas de la Península. Suele ser un turismo con bastantes grupos, en parte porque es más económico y donde la información sobre los lugares se pasa a los amigos y conocidos para que repitan la experiencia. En cualquier caso, es un turismo más familiar por partida doble: por un lado toda la familia se puede alojar en una misma casa incluida la mascota, aunque depende de la capacidad y modelo de la casa; y por otro, en gran parte de los casos uno acaba siendo como esa parte anexa o familia pegada de los propietarios de la casa interesándose, sin ánimo de cotilleo, en cómo lo hemos pasado, a dónde vamos a ir o qué otros sitios podríamos visitar. Incluso aficionados a este tipo de turismo a veces se encuentran de buena mañana con sorpresas especiales a su puerta: una lechuga, un tomate que acaba de viajar de la tierra a nuestra mesa.

Pero si esta es la parte bonita, también existe la otra, la que no lo es tanto. Ramón Orpinell, presidente de la Asociación para la Calidad del Turismo Rural, aunque mantiene su visión optimista con respecto al futuro de este tipo de turismo también reconoce que no siempre todo son rosas. "Al igual que a la Asociación cada año se suman nuevas casas también hay otras que cierran", advierte. En un estudio reciente se refleja que por término medio en cada casa se invierten entre 8 y 12 millones de pesetas, y que cada una de ellas ha contado con una subvención media de 3 millones de pesetas.


Del sector primario al terciario

La caída de la agricultura y la emigración a las ciudades en busca de un trabajo más estable fueron algunas de las claves del despoblamiento de la zona rural. La densidad de habitantes por kilómetro cuadrado alcanzó en algunos puntos límites impensables, como en algunas zonas de los Pirineos donde se llegó a tan sólo dos personas por km2. Era una situación que requería de una búsqueda creativa de soluciones para evitar el despoblamiento y permitir que la gente que vivía del campo pudiese obtener un complemento a sus ingresos. El programa LEADER, bajo el amparo de la Comunidad Europea, fue la herramienta útil para iniciar esta transformación y continuará sus iniciativas hasta 2006 bajo el nombre Leader +. Sus bases son políticas de desarrollo e innovación en el mundo rural, pero respetando el medio ambiente y guardando el equilibrio económico y cultural de las zonas rurales concretas.

El objetivo representa una tarea complicada, puesto que se trataba de un salto del sector primario, agricultura o ganadería, al terciario o de servicios. "Muchas personas desconocían este mundo y el salto requería de unos conocimientos previos", dice Orpinell. Por ello quizás el primer impulso a este turismo se instaló en Comunidades Autónomas que ya contaban con una tradición turística, entre ellas Andalucía, Cataluña o la zona Norte. Pero con el paso de los años se ha conseguido extender a todas, como en Castilla y León, Castilla-La Mancha o Extremadura. En sus inicios las ayudas procedentes de la Administración de las Comunidades Autónomas permitió un importante impulso en Galicia y Navarra.

El interés por este turismo se refleja cada año en la feria Agrotur, que cada año se celebra en la localidad catalana de Cornellá y cuya última edición registró más de 23.000 personas en busca de información. Desde su nacimiento en 1994, se ha incrementado en un 60% el número de casas que ofertan sus posibilidades al visitante. Las distintas crisis en las cabañas ganaderas registradas en España no parece que vaya a alterar este ritmo.


El perfil del urbanita verde

La búsqueda de unos días de descanso en plena naturaleza, los paseos, las visitas de interés cultural y el compartir charlas con los lugareños o con el pequeño grupo de personas que conviven en el alojamiento, se ha convertido en un placer sobre todo para los habitantes de las grandes ciudades. A este turismo los urbanitas dedican los fines de semana, las vacaciones de verano y las fiestas de guardar. E incluso algunos de ellos ya tienen su reserva confirmada para pasar la última noche de 2001.

Pero ¿cómo es el turista rural? Según las estadísticas se trata de una persona joven que habita en grandes ciudades; según algunos propietarios de casas rurales "son personas encantadoras dispuestas a pasar unos días agradables en plena naturaleza". Un estudio sobre "la demanda turística española en espacio rural" elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) definía el perfil del turista rural, en la mitad de los casos, como un viajero menor de 35 años y procedente de capitales con mas de un millón de habitantes. Apuntaba también que el impulso que motivaba su visita era conocer los recursos naturales de la zona y, en la mayoría de los casos, al margen del descanso, realizaba diferentes actividades relacionadas con el entorno: visitas a monumentos de interés artístico o práctica de alguna actividad deportiva. Por noche pernoctada el precio medio se establecía en 3.000 pesetas por persona. Si bien existen varias opciones desde alquiler de habitación, apartamento con varias habitaciones hasta la casa completa.

Según datos del citado estudio, los turistas rurales proceden de grandes ciudades de Cataluña (24%), Madrid (23%), Comunidad Valenciana (16,3%), Andalucía (9,6%) y País Vasco (10%). Sus destinos favoritos son las comunidades de Andalucía (20%), Cataluña (12,2%) y Aragón (9,7%), seguidas de Castilla y León, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Navarra y Asturias.

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