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La guerra de las etiquetas toma cuerpo en Europa

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El consumidor espera de una etiqueta que le informe correctamente sobre los ingredientes que contiene el alimento que acaba de adquirir. Pero la realidad, a menudo, es bien distinta. A veces, no constan todos y si están, nada se dice del procentaje. Una encuesta entre consumidores británicos da cuenta, de nuevo, de una práctica considerada “deshonesta” y que corre el riesgo de acrecentarse con la futura entrada de alimentos transgénicos en el mercado.

La encuesta, dirigida por la Asociación de Consumidores (CA) del Reino Unido, revela que buena parte del público se siente engañado por "la inadecuada información" que consta en las etiquetas de productos envasados, incluidos entre ellos muchas bebidas. A unos datos a menudo poco comprensibles para el consumidor, el "desengaño" del que da fe la encuesta suma una publicidad "poco honesta" en la que se obvian partes esenciales de la composición de un producto o bien se realza un ingrediente principal sin que éste sea el más importante ni, por supuesto, el más abundante.

La encuesta, enmarcada en la campaña de "Etiquetado Honesto" impulsada por la organización consumerista británica, considera en sus conclusiones que la industria productora trata de confundir a "un público vulnerable" a través de unas prácticas publicitarias que se traducen en etiquetas "intencionadamente confusas" que se corresponden poco con la realidad del producto. La industria, por su parte, niega esta intencionalidad y atribuye las confusiones que se puedan dar a los déficits de información del consumidor.

Entre los productos evaluados por CA se encuentran salchichas, mermeladas y zumos de frutas. Los consumidores encuestados señalan, en un alto porcentaje, que la publicidad y el etiquetado tienden a presentar estos productos con altos porcentajes de su ingrediente principal cuando existe el convencimiento generalizado de que la situación es más bien la inversa.

El análisis de los productos parece dar la razón a la percepción de los consumidores. En el caso de algunos zumos de frutas, mientras la publicidad se empeña en presentar las bebidas con un alto contenido de fruta exprimida, o en el mejor de los casos da a entender que esta es la realidad, un simple análisis posterior demuestra porcentajes mínimos. La etiqueta, en cualquier caso, no aclara la composición para buena parte de los productos analizados.

En opinión de CA, esta mala praxis, corroborada por la percepción del consumidor, tien un solo objetivo: confundir al comprador desinformado. La industria replica que no es más que una estrategia publicitaria que "en absoluto" pretende desinformar sino, simplemente, destacar la presencia del ingrediente principal.

Según la encuesta, lo mismo ocurre con las mermeladas, en las que la fruta que, al menos en teoría, debería darle sabor y color, cobra en la publicidad un papel protagonista que no responde a la composición del producto y que la etiqueta, en la mayoría de los casos, tampoco aclara.

El ejemplo contrario lo representan, curiosamente, las salchichas envasadas, en especial las elaboradas con carne de cerdo. Mientras que los consumidores encuestados entienden que el volumen de carne empleado es el mínimo imprescindible, los análisis del producto, así como una parte sustancial de las etiquetas, demuestran que en general éste no sólo es el ingrediente principal sino que se encuentra en proporciones mucho más altas de lo esperado.

En cualquier caso, la encuesta pone de manifiesto, según sus promotores, que la industria tiende a moverse por "terrenos resbaladizos" cuando aborda el etiquetado de sus productos y que ésta es una "mala práctica que viene de antiguo". CA, que participa también de iniciativas similares en el marco de la Unión Europea, reclama leyes más estrictas para que el consumidor pueda defenderse de una información que no duda en calificar como fraudulenta.

"El fraude no es sólo informativo", señala CA en una nota hecha pública esta semana. En su opinión, una etiqueta en la que falten ingredientes o en la que se oculten los porcentajes de los mismos, puede acarrear importantes problemas sanitarios. En especial, a colectivos de enfermos con intolerancia manifiesta a determinados productos o, de manera más general, a personas susceptibles de alergias. Por ello, reclama que se cumpla el "ocho completo" sobre nutrientes en toda etiqueta, algo así como una guía de mínimos en la que conste obligatoriamente la energía calorífica del producto y su composición en proteínas, carbohidratos, azúcares, grasas, sal, fibra y aceites saturados. Asimismo, plantea el establecimiento de criterios estándar a nivel europeo en lo relativo a símbolos y eslóganes alimentarios como medidas preventivas que vinculen alimentación y salud.

NUEVAS REGLAS PARA NUEVOS ALIMENTOS

La inminente entrada masiva de productos alimentarios con un alto contenido tecnológico, debería obligar, a juicio de expertos consultados, a extremar las precauciones respecto del contenido de las etiquetas. No se trata sólo de dar a conocer la lista entera de ingredientes y sus porcentajes, opinan, sino también de destacar aquellos elementos reconocibles como potenciales alérgenos o de dar a conocer “información sensible” para el consumidor.

Entre los productos llamados tecnológicos destacan dos grandes grupos. Por una parte, están los nutracéuticos, alimentos que combinan un valor nutritivo notable con la presencia de compuestos destinados a reforzar alguna función fisiológica del organismo o, incluso, a prevenir enfermedades. La información, en este caso, es esencial para limitar la aparición de posibles efectos secundarios.

El segundo gran grupo lo constituyen los alimentos modificados genéticamente y, en general, los elaborados a partir de principios biotecnológicos. La Unión Europea ha dado a conocer recientemente nuevas reglas en este sentido. El objetivo es garantizar al consumidor la posibilidad de escoger libremente entre un “producto transgénico” (elaborado a partir de ingredientes modificados genéticamente) de uno que no lo sea. La nueva directiva europea sobre transgénicos obliga no sólo a advertir la presencia de estos ingredientes. También obliga a informar adecuadamente a todos los operadores de la cadena alimentaria para asegurar una correcta información sobre la trazabilidad del producto.

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