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La Legionella que viene

La primavera acostumbra a ser la puerta de entrada de los primeros calores y, con ellos, de la puesta en marcha de los sistemas de aire acondicionado. En los últimos años, estos sistemas se han visto asociados cada vez con mayor frecuencia a brotes de legionelosis, una enfermedad que utiliza como vehículo el agua de las redes públicas de distribución.

Imagen: Wikipedia
El desarrollo económico, y el abaratamiento de las instalaciones de aire acondicionado, han propiciado la generalización del uso de las máquinas de aire frío para todo tipo de ambientes, desde el hogar hasta zonas de trabajo, áreas de ocio o de tránsito o incluso centros hospitalarios. De ellas se espera que contribuyan a mejorar la calidad de vida, ya que consiguen mantener una temperatura ambiental estable y confortable. No obstante, también implican algunos problemas que requieren solución.

Legionella en una superficie cuando la coloniza El más importante es el asociado a la higiene de su manipulación y a la periodificación de su mantenimiento. Una falta de atención suficiente con respecto a este tipo de instalaciones se ha visto que es el principal factor de riesgo para que, en un momento u otro, acaben actuando como verdaderas incubadoras de Legionella. A menudo, las condiciones que se crean son adecuadas en cuanto a la temperatura de crecimiento del microorganismo, hay una humedad suficiente y una cierta cantidad de nutrientes. Si además se considera la ausencia de luz solar directa, que afecta a la viabilidad del patógeno, será fácil entender la lógica de la diseminación del microorganismo.

Las bacterias del género Legionella se pueden encontrar en ambientes acuáticos naturales, así como en diversas instalaciones de edificios, siendo los sistemas de agua sanitaria y las torres de refrigeración los puntos que con mayor frecuencia se han identificado como fuentes de infección. Para prevenir este problema, ya desde el año 1997 las autoridades sanitarias se preocuparon de su abordaje. Así, la Comisión de Salud Pública del Sistema Nacional de Salud, en su reunión del 24 de abril de 1997, aprobó encargar a la Ponencia de Sanidad Ambiental la elaboración de unos criterios técnico-sanitarios que unificaran las actuaciones de las autoridades para la prevención y control de la legionelosis. En ese mismo año, la Ponencia de Sanidad Ambiental, en su reunión de 10 de diciembre, asumió esta tarea y organizó un Grupo de Trabajo, cuya misión ha sido la redacción de unas recomendaciones homogéneas y consensuadas para prevenir y controlar la transmisión de legionelosis a partir de instalaciones que generan aerosoles en su funcionamiento.

No obstante, por diversos motivos, estas recomendaciones no se han mostrado completamente eficaces, ya que los casos se van sucediendo de forma paulatina, hasta el punto de que cada vez que se dan las condiciones adecuadas se detectan brotes de gran importancia. El sucedido en Murcia en 2001 ha sido hasta la fecha el más importante detectado en el mundo. La aparición de brotes posteriores en diversas localidades españolas han evidenciado la dificultad de su control y su paso a la categoría de problema de salud pública.

La enfermedad

La legionelosis es una enfermedad bacteriana de origen ambiental que presenta dos formas clínicas perfectamente diferenciadas: la infección pulmonar o enfermedad del Legionario, caracterizada por neumonía con fiebre alta, y la forma no neumónica conocida como fiebre de Pontiac, que se manifiesta como un síndrome febril agudo que desaparece por sí solo.

Cuando se instaura la enfermedad, es clínicamente indistinguible de otras neumonías atípicas y con frecuencia los pacientes requieren hospitalización. El periodo de incubación es normalmente de 2 a 10 días, siendo más frecuente en personas de edad comprendida entre 40 y 70 años, y de dos a tres veces más frecuente en hombres que en mujeres. Curiosamente, esta enfermedad es muy poco habitual en niños.

El riesgo de contraer la enfermedad depende del tipo e intensidad de la exposición y del estado de salud del sujeto susceptible, aumentando en enfermos inmunocomprometidos, en diabéticos y en pacientes con enfermedad pulmonar crónica, así como en fumadores o alcohólicos. La tasa de ataque (nº de enfermos/nº de personas expuestas) en brotes es de 0,1 a 5% en población general. La letalidad, en la comunidad, supone menos del 5%, pero puede llegar a ser del 15% o 20% si no se instaura un tratamiento antibiótico adecuado. El tratamiento antibiótico de elección es eritromicina. En el caso de Fiebre de Pontiac el tratamiento es sintomático.

Desarrollo del microorganismo

Las condiciones que permiten el crecimiento del microorganismo parecen claras. La primera condición es que Legionella llegue a las superficies, para posteriormente poder multiplicarse gracias a las características propicias que encuentra en las torres de refrigeración.

El fundamento de la refrigeración consiste en producir frío en el interior de un edificio, mientras que el calor captado ha de ser eliminado expulsándolo al exterior. Este sistema es muy eficaz cuando funciona en continuo, ya que el único secreto consiste en idear un mecanismo que permita enfriar de nuevo el sistema refrigerante. Para ello se necesita presión, y algo que pueda acelerar el proceso de enfriamiento. Lo más sencillo y barato es utilizar agua, ya que al hacerla contactar con las placas de enfriamiento o con el aire caliente se consigue una mejor y mayor eficacia, puesto que se disminuye el consumo de energía. La temperatura puede ser de 30-37ºC, lo que define unas condiciones ideales para la proliferación del microorganismo.

La combinación de factores como la temperatura y la humedad favorecen la capacidad de multiplicación del microorganismo en las torres de refrigeración. Sin embargo, queda por ver qué ocurre cuando las torres están paradas o no funcionan. Distintas teorías pretenden aclarar la persistencia del microorganismo en el medio.

Una de ellas se basa en la capacidad que tienen algunos protozoos (amebas fundamentalmente) para "comerse" a los organismos del género Legionella. En el interior de estos microorganismos de gran tamaño el patógeno sobrevive y podría incrementar su poder patógeno.

No obstante, y con la capacidad que tienen estos microorganismos para sobrevivir en el agua, es más que probable que soporte condiciones más extremas. Si esto fuera así, que quedaría a la espera de que mejoraran las condiciones medioambientales para reiniciar su ciclo vital y su proliferación.

Resistencia de los microorganismos

Legionella es un microorganismo que se adapta a las condiciones adversas, sobre todo cuando ha colonizado una superficie. Cuando ello ocurre se forma lo que se denomina un biofilm, una estructura que le confiere una elevada resistencia. En este sentido se ha verificado que el tratamiento, incluso con hipoclorito de sodio (lejía) puede no ser completamente eficaz. El hipoclorito se une a los restos del biofilm y a los microorganismos muertos, con lo que la eficacia puede verse disminuida en determinadas circunstancias.

Actualmente el tratamiento se basa en añadir lejía en el agua que se emplea en el sistema de refrigeración de la torre, con lo que se pretende que de una forma directa se produzca una desinfección. En la medida que el agua no tenga Legionella, no se producirá un vehículo del patógeno mediante la vía natural de resistencia en el medio. Sin embargo, si en el entorno existen legionelas en el medio, pueden llegar a la torre por el aire, no por el agua, con lo que también serían necesarios tratamientos directos sobre las superficies.

En la actualidad se ha establecido como obligatorio un tratamiento semestral, lo que a todas luces parece insuficiente, sobre todo si se tiene en cuenta que los microorganismos de este género son capaces de colonizar una torre en aproximadamente 120 horas. La laxitud en los sistemas de control puede permitir la proliferación del microorganismo y la formación de biofilms, con lo que la persistencia del patógeno en el medio se incrementa.

En estos momentos se calcula que, sólo en Cataluña, hay unas 5.000 instalaciones susceptibles de estar contaminadas con Legionella, mientras que casi el 50% pueden estar sin control. En este sentido será fundamental, especialmente ahora que aún parece que se esté a tiempo de prevenir brotes durante el periodo estival, que se controlen las intalaciones, que se den de alta en los censos que se confeccionan en las comunidades autónomas (declaraciones en los propios municipios) y que se inspeccionen rutinariamente.

Merece la pena destacar, en este sentido, que la mayor parte de los brotes tienen lugar en instalaciones no controladas, por lo que parece obvio que el control y la verificación periódica va a contribuir a reducir sensiblemente el peligro de infección.

LA LEGIONELLA COMO MODELO PARA LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

Imagen: ilya ginsburg

La aparición de brotes de legionelosis se define habitualmente como un problema de salud pública de origen mediambiental. Y es así en efecto, puesto que se trata de una bacteria que se halla frecuentemente entre la circuitería de los sistemas de refrigeración destinados a proveer aire acondicionado en verano.

A menudo se olvida, sin embargo, que muchas de las especies del genero Legionella sobreviven de forma natural en aguas encharcadas, embalses o incluso en lagos. Algunas de ellas se utilizan como puntos de captación para el abastecimiento de agua potable, con lo que la bacteria sale de su hábitat natural para pasar a formar parte de tuberías o sistemas de distribución a distinto nivel. De ahí que a menudo pueda detectarse su presencia en fuentes públicas, además de aguas de riego o incluso, si no se ha eliminado antes, en aguas de boca.

La ingestión del patógeno, por lo que se ha podido comprobar hasta la fecha, no causa alteración alguna. Para que la neumonía asociada a Legionella se desencadene, es preciso que la bactería entre en el organismo a través de las vías respiratorias. Ello sólo es posible si previamente se han formado aerosoles, algo así como una pulverización del agua. Los aerosoles pueden formarse con facilidad en sistemas de riego, fuentes públicas, duchas y, por supuesto, en sistemas de refrigeración.

Por otra parte, la formación de biofilms, una de las características de Legionella, se está revelando como de sumo interés para el estudio de esta estructura particular en otros patógenos que, esta vez sí, penetran en el organismo de la mano de alimentos. En la actualidad existen varios estudios en marcha cuyo objetivo es caracterizar la formación de biofilms y determinar sistemas capaces de destruirlos. Legionella actúa en este sentido como microorganismo modelo.

Bibliografía

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