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Nuevos controles en la producción ecológica

Las autoridades sanitarias británicas fortalecen el control en la comercialización de productos ecológicos

La comercialización de alimentos ecológicos está sujeta a condiciones específicas que establecen las leyes europeas sobre este tipo de producción. En este contexto, las premisas para que un alimento pueda ser certificado como tal incluyen aspectos como evitar el uso de fertilizantes químicos o seguir prácticas sostenibles con el medio ambiente. En el Reino Unido, la Agencia de Alimentos (FDA, en sus siglas inglesas) acaba de poner en marcha nuevas pruebas para comprobar que un producto es verdaderamente ecológico.

Hacer más transparente el comercio de productos ecológicos en el Reino Unido es uno de los objetivos de las nuevas pruebas que acaban de poner en marcha las autoridades del país, especialmente en productos como frutas y verduras y carne porcina y avícola. Con ellas se pretenden garantizar «los principios que rigen la práctica ecológica» y evitar el uso fraudulento de la denominación «ecológica» en productos que en realidad no lo son. En este sentido, el fortalecimiento de los controles de comercialización ecológica es la respuesta a sucesivos episodios en los que se han detectado anomalías en este ámbito, y sobre los que se están aplicando investigaciones para determinar el grado de engaño.

Las nuevas pruebas son capaces de detectar no sólo la presencia de antibióticos en huesos de pollos y de cerdo sino también el número de tratamientos farmacológicos que ha recibido el animal. En la producción ecológica británica, el uso de antibióticos sólo está permitido una vez al año en casos puntuales, por ejemplo cuando aparece alguna infección. Los recientes controles permiten conocer también si se han utilizado antibióticos de forma sistemática, e ilegal, para promover el crecimiento de los animales. En la mayoría de los casos, el fraude suele detectarse en el etiquetado de los alimentos, que es el que indica que un producto se ha obtenido a través de prácticas ecológicas cuando en realidad se ha basado más en prácticas convencionales.

Rastro ecológico

La comercialización de alimentos ecológicos está sujeta a la aprobación de cuerpos de certificación Para que un alimento pueda comercializarse como orgánico, y en el caso británico en concreto, es necesario contar con la aprobación de los cuerpos de certificación que autoriza el Departamento de Asuntos Rurales, Alimentación y Medio Ambiente británico (DEFRA). En cualquier otro país europeo, la aprobación la dicta un organismo similar. Éstos, a su vez, designan a los inspectores, encargados de visitar las granjas y de comprobar que no se han utilizado ni fertilizantes ni pesticidas químicos, prohibidos en la práctica ecológica. En agricultura, los inspectores comprueban además que las tierras han «descansado» dos años entre cultivo y cultivo antes de que un alimento pueda ser comercializado como «ecológico».

Las etiquetas deben indicar el organismo de certificación que ha autorizado la «comercialización ecológica» e incluir un número de código que denote el cuerpo de inspección aprobado. A pesar de todos estos controles, una de las dificultades reside en identificar cada uno de los ingredientes de los que está compuesto un alimento. Así, está permitido utilizar ingredientes no-ecológicos específicos siempre y cuando la presencia de ingredientes ecológicos constituya el 95% del alimento. Si el producto contiene entre un 70% y un 95% de los ingredientes ecológicos, se deberá especificarse en la etiqueta.

Mercado ecológico

En 2002 se iniciaban en el Reino Unido nuevos criterios de compra, que sustituyeron la importancia que los consumidores daban al precio, al sabor y a la fecha de caducidad por sistemas de producción respetuosos con el medio ambiente. En 2006 se confirma esta tendencia, y las ventas de alimentos y bebidas ecológicas se duplican, especialmente de frutas, vegetales y productos cárnicos. Los expertos pronostican, para los próximos cinco años, un aumento del 72% en el consumo de este tipo de productos.

Según un estudio publicado en Speciality Food Magazine, entre el año 2000 y 2005 crecieron un 94% las ventas de alimentos ecológicos en el Reino Unido. En 2003, un 37% de los consumidores británicos aseguraba no comprar productos ecológicos; actualmente, esta cifra se ha reducido hasta el 29%. A pesar de que estos productos no suponen más del 1% del mercadote productos alimenticios en el Reino Unido, los responsables del análisis aseguran que «se está convirtiendo en un sector protagonista». En los últimos 12 meses, el 54% de los consumidores británicos asegura haber comprado fruta o verdura ecológica alguna vez, lo que aumenta hasta dos tercios de la población entre 55 y 64 años, que son los más propensos a consumir estos productos. A frutas y verduras les siguen la carne, el segundo producto más comercializado (un 26% afirma haberla comprado en el último año).

FRUTAS Y VERDURAS ECOLÓGICAS


Para muchos agricultores el cambio de una agricultura convencional a una ecológica no es nada fácil. Sin embargo, en EEUU, un estudio desarrollado por expertos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS, en sus siglas inglesas) ha abierto la puerta a la producción ecológica de verduras. La base de esta investigación es unificar los criterios de producción ecológica y mejorar los resultados, especialmente en el campo de las verduras. Uno de los aspectos más importantes es establecer sistemas de control de plagas sostenibles, es decir, obtener sustancias alternativas al uso de plaguicidas químicos.

La investigación desarrollada por expertos estadounidenses y publicada en Agricultura Research ha analizado de forma metódica el control ecológico de las malas hierbas. Uno de los agentes potencialmente activo en la eliminación de malas hierbas es, aseguran los expertos, el vinagre, alimento que los expertos califican como «herbicida orgánico» gracias a su contenido en ácido acético. Las investigaciones, que aún se encuentran en fase preliminar, han determinado hasta ahora que las propiedades del vinagre son eficaces para controlar la aparición de malas hierbas en los cultivos.

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