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Pesticidas en la UE

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria acaba de completar la segunda etapa de revisión de las sustancias activas utilizadas en los fitosanitarios

En 1993, la Comisión Europea empezó a revisar el uso de cientos de productos químicos destinados a proteger las plantas tras considerar que algunos de ellos podrían tener cierto riesgo. La dimensión y dificultad a las que iba aparejada esta tarea obligó a dividirla en cuatro etapas. La primera de ellas cubrió 90 sustancias, cuyas conclusiones está previsto que se conozcan a finales de este año. En 2003 la EFSA inició el proceso de revisión de la segunda etapa, que incluye 50 sustancias, entre las que se incluyen metribucín o carbosulfán. Tras la revisión de las sustancias activas, los Estados miembros podrán autorizar su uso siempre y cuando se hayan incluido en la «lista positiva».

El uso de productos fitosanitarios constituye uno de los principales métodos para proteger las plantas de la presencia de organismos nocivos (especialmente en la lucha contra plagas). Su uso, sin embargo, requiere estrategias adecuadas que aseguren la eliminación de residuos en cultivos, animales alimentados con estas plantas y también en la miel que producen abejas expuestas a estas sustancias. El objetivo de cualquier medida de vigilancia pasa pues por asegurar que los alimentos que llegan al consumidor están exentos de cantidades elevadas de estas sustancias.

Dentro de estos controles, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria acaba de evaluar 50 sustancias activas utilizadas como fitosanitarias a partir de gravámenes científicos, que son los que permiten concluir si una sustancia es segura para la salud humana, el medio ambiente y la seguridad alimentaria. Según un informe sobre los programas de control realizados por los países de la UE en 2001, la mayor parte de los productos que se consumen (fruta, verdura, cereales y alimentos de origen vegetal y animal) que se han tratado con pesticidas no contienen niveles perjudiciales de residuos. Entonces, una evaluación realizada por la Oficina Alimentaria y Veterinaria de la UE indicaba que el 96% de las muestras examinadas no presentaba residuos detectables o si estaban presentes era en cantidades tan reducidas que no representaban ningún riesgo.

Ahora le ha tocado el turno a sustancias como metribucín, aplicado en cultivos de patatas, soja y trigo. Según la evaluación realizada ahora, se ha detectado el residuo en el 60% de los cultivos de patatas analizados. Los expertos han calificado la sustancia como R22, que corresponde a la categoría de sustancias «con riesgo si se ingieren». A pesar de todo, no está considerada como una sustancia con poder genotóxico o carcinogénico. El contenido máximo de metribucín se ha establecido en 0,013 mg/kg, muy similar al contenido máximo de residuos de plaguicidas en los alimentos, que se sitúa en 0,01 mg/kg, límite general aplicable «por defecto», es decir, en todos los casos en que no se haya fijado un LMR de forma específica.

Otra de las sustancias revisadas es el diacinón, un insecticida cuya evaluación se ha realizado en cultivos de manzanas y peras de Europa meridional. Para las manzanas se establece una dosis máxima total de 2,7 kilos de diacinón por hectárea. Durante el proceso de revisión, esta sustancia fue retirada para el tratamiento de manzanas y peras.

Proceso de revisión

La evaluación de riesgos estima científicamente el riesgo potencial de las sustancias químicas en los alimentos para la salud humana Para que un producto fitosanitario pueda ser comercializado, las sustancias activas que contiene deben someterse a una evaluación que permita determinar el umbral límite por encima del cual su concentración en los productos alimenticios puede tener un riesgo para las personas o los animales. Esta evaluación, como ha quedado demostrado, corre a cargo de la EFSA, que debe pronunciarse para cada nuevo límite máximo de residuo y cada modificación o supresión previstas. La tarea de la Autoridad es sobre todo emitir un dictamen que incluye de forma específica el límite previsto para la combinación plaguicida/producto, y una evaluación de los riesgos en caso de que se supere la dosis diaria admisible. A partir de aquí, la Comisión elabora un reglamento que establece un nuevo LMR o que modifica o suprime uno ya existente.

En este sentido, el Reglamento CE 396/2005 del Parlamento Europeo y del Consejo, fija las cantidades máximas de residuos de plaguicidas que pueden encontrarse en los productos de origen animal o vegetal destinados al consumo humano o animal. Estos límites abordan dos aspectos diferentes. Por un lado, LMR específicos para ciertos alimentos y, por otro, uno general aplicable cuando no se ha fijado ningún LMR. Frutas, hortalizas, cereales, productos de origen animal y la miel son algunos de los productos que abarca este reglamento. Sólo se permite la autorización de sustancias en niveles superiores a los aconsejados en el caso de que los productos no estén destinados al consumo inmediato, se apliquen controles para evitar que se pongan a disposición del consumidor y se informe a todos los Estados miembros.

Actualización fitosanitaria

La Directiva europea sobre el uso de pesticidas es el marco jurídico bajo el cual las sustancias activas no pueden utilizarse como tales en el ámbito comunitario a menos que estén incluidas en la lista positiva de la UE. En 1993 se lanzó un programa de evaluación para crear esta lista, cuando la Comisión de las Comunidades Europeas empezó un proceso de revisión para todas las sustancias activas utilizadas como pesticidas, y que está previsto que termine antes de 2008. La labor la realizan desde distintos ámbitos de actuación. Uno de ellos es la Unidad de Revisión del Riesgo de Pesticidas (PRAPeR, en sus siglas inglesas).

La autorización al mercado de las sustancias activas usadas como pesticidas es responsabilidad de los Estados miembros, que toman las decisiones considerando las conclusiones que aporta la EFSA. En concreto, PRAPeR se encarga de evaluar las nuevas sustancias activas y las ya existentes (éstas corresponden a las que se usan desde julio de 1993, con la entrada en vigor la Directiva 91/414/EEC). Las sustancias notificadas después de su entrada en vigor se consideran «nuevas». En julio de 2006, la Comisión presentaba la necesidad de simplificar los procedimientos que sigue la autorización de los fitosanitarios.

UNIFICAR CRITERIOS


¿Por qué todas estas medidas? Antes de que la normativa empezara a pronunciarse sobre la necesidad de limitar el contenido de algunas sustancias químicas en alimentos, cada país de la UE aplicaba sus propios límites máximos de contenido, con el consiguiente riesgo para la salud humana ya que no existía una garantía de seguridad armonizada. Con las nuevas medidas aprobadas se creaba un límite común a escala europea para todos los tipos de plaguicidas. Desde que se aprobó el reglamento, se han eliminado un total de 400 sustancias activas.

Estos controles se complementan con acciones nacionales anuales con el fin de verificar el cumplimiento de los LMR. Las acciones se materializan en la toma de muestras, realización de análisis e identificación de plaguicidas presentes y sus niveles de residuos. Mediante programa plurianuales comunitarios y nacionales actualizados cada año, los Estados miembros realizan controles de los residuos de plaguicidas para verificar el cumplimiento de los LMR. Dichos controles consisten, en particular, en la toma de muestras, en la realización de análisis y en la identificación de los plaguicidas presentes, así como sus niveles de residuos respectivos.

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