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Vacas locas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 17 noviembre de 2005

La enfermedad de las vacas locas, una encefalopatía espongiforme de carácter transmisible capaz de superar la barrera de las especies, ha provocado una de las mayores crisis alimentarias de los últimos tiempos. En noviembre de 2000 aparecía el primer caso de «vacas loca» en España creándose una gran alarma social. Una década después, la crisis ha atenuado, lo que ha permitido relajar las medidas adoptadas en su inicio. Sin embargo, y gracias a las disposiciones tanto de vigilancia y control como de prevención de esta enfermedad y, en general, de todas las Encefalopatías Espongiformes Trasmisibles (EET) en la UE, se puede garantizar la más elevada protección del consumidor.

Infección en humanos

LA MAYOR PARTE DE LOS CASOS HUMANOS DETECTADOS CORRESPONDEN A GRUPOS DE POBLACIÓN RELATIVAMENTE JÓVENES


La EEB se transmite a las personas a través del consumo de tejidos contaminados procedentes de animales enfermos. Las principales formas de la proteína priónica (PrPSc) con capacidad infecciosa son cuatro, descritas en el tejido cerebral de personas con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob: una es la enfermedad clásica (CJD), en la que las personas poseen los tipos 1 a 3 de PrPSc, y la otra es la nueva variante (vCJD), en la que las personas poseen el tipo 4 de la proteína PrPSc.


Estas formas están codificadas genéticamente, lo que implica que el tipo de enfermedad o variante fenotípica pueden ser diferentes, según las personas afectadas. También influye la sensibilidad genética, que hace a una persona sensible o resistente a la infección priónica. Estudios epidemiológicos y clínico-patológicos, junto con los análisis de la proteína priónica patológica (PrPsc), indican que la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob (vCJD) está íntimamente relacionada con la responsable de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB).

La aparición de una nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (en 1996 en el Reino Unido), que afecta a los humanos, indica la posibilidad de una transmisión al ser humano por vía oral, por el consumo de productos animales, especialmente de los denominados Materiales Específicos de Riesgo (MER).

La enfermedad suele provocar en las personas cuadros variables de tipo neurológico

En este caso, se trata de un proceso que se inicia con depresión y cuadros variables de tipo neurológico. A diferencia de la enfermedad clásica, suele afectar a personas relativamente jóvenes. Los síntomas se manifiestan tras un período de incubación comprendido entre 5 y 10 años y se resuelve con la muerte del individuo afectado tras una evolución clínica normalmente inferior a un año.

Otro grupo de riesgo es el personal de laboratorio que manipula tejidos procedentes de animales presuntamente afectados por la EEB. Para reducir el riesgo de contaminación de la enfermedad, estos trabajadores deben usar ropa de protección adaptada y respetar estrictamente un código de buenas prácticas para evitar cualquier exposición al agente patógeno, altamente resistente a los tratamientos físicos y a muchos tratamientos químicos.

La aparición de una nueva variante de la enfermedad de Creutzfeld-Jakob indica que el agente patógeno puede ser infeccioso para el ser humano. La enfermedad no es contagiosa, por lo que en las operaciones de laboratorio se deben evitar principalmente las exposiciones iatrogénicas, es decir, producidas por el propio sanitario, oculares u oronasales accidentales.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha confirmado hace poco que existen riesgos de contagio para humanos por el consumo de leche procedentes de ovejas o cabras con Encefalopatías Espongiformes Transmisibles (EETs).

MER

Las disposiciones relativas a los materiales especificados de riesgo constituyen la principal medida de protección de la salud pública. La lista inicial de MER se estableció a partir de los conocimientos científicos anteriores a 1995 y ateniéndose al principio de precaución. La situación general ha mejorado desde entonces, y se dispone de nuevos datos científicos que han originado una modificación de la lista de MER, así, por ejemplo, la columna vertebral ha pasado a considerase MER en los animales mayores de 30 meses cuando inicialmente la edad se estableció en 12.

Las restricciones sobre el uso de los MER incluyen la prohibición de utilizarlos para la elaboración de productos derivados destinados a la alimentación humana y animal, como el sebo, la gelatina, el colágeno y el fosfato dicálcico. En España se adoptaron medidas de retirada de MER antes de que se armonizara en la Unión Europea. Estas medidas afectaban a los animales procedentes de países con casos de encefalopatía espongiforme bovina.

  • Medidas relativas a la carne separada mecánicamente (para evitar contaminación cruzada al retirar MER): Actualmente esta prohibida la obtención de carne separada mecánicamente de vacuno, ovino y caprino.
  • Medidas sobre las técnicas de sacrificio para evitar la difusión de MER: Se establece que, tras el aturdimiento de los bovinos, ovinos y caprinos cuya carne esté destinada al consumo humano, no se aplicará la laceración del tejido nervioso central .
    Se establecen requisitos específicos para el aprovechamiento de la carne de cabeza de bovinos de manera que se evite toda posible contaminación con MER.

En España, además, se exige como medida previa a la apertura del canal vertebral, la extracción de la médula espinal de los animales bovinos mayores de 12 meses de edad.

  • Medidas respecto a la importación de animales bovinos, ovinos y caprinos vivos y productos derivados de estas especies, similares a las medidas comunitarias.
  • Medidas de erradicación de las encefalopatías espongiformes transmisibles que incluyen el sacrificio y destrucción de los animales, embriones y óvulos identificados mediante las investigaciones efectuadas, retirándolos de la cadena de alimentación humana y animal y procediendo a su destrucción según el Reglamento (CE) nº 1774/2002.

Todas estas medidas se complementan en nuestro país con la obligación de acompañar a los animales con destino a mataderos de un certificado veterinario que afirma que el animal no presenta síntomas compatibles con la EEB.

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